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jueves, 27 de noviembre de 2014

LA DEVOCION MARIANA EN LA CONGREGACIÓN DE LA MISION Y LAS HIJAS DE LA CARIDAD EN EL SIGLO XVIII Y SU PAPEL EN LA RESTAURACIÓN EN FRANCIA.

LA DEVOCIÓN MARIANA EN LA CONGREGACIÓN DE LA MISIÓN Y LAS HIJAS DE LA CARIDAD EN EL SIGLO XVIII Y SU PAPEL EN LA RESTAURACIÓN EN FRANCIA.

Por: ANDRÉS FELIPE ROJAS SAAVEDRA



TABLA DE CONTENIDO.

1.              CONTEXTO SOCIAL
1.1. Antecedentes, devoción mariana en los fundadores.
1.2. Revolución francesa y dispersión de las dos comunidades.
1.3. La restauración y la reunificación de la Familia Vicentina.

2.              LA ESCOGIDA Y SU MENSAJE.
2.1. Santa Catalina Labouré, la sencilla campesina.
2.2. Experiencia Mística y las visiones en la Rue de Bac.
2.3. La Expansión de la “Medalla Milagrosa”

3.              CRECIMIENTO DE LA DEVOCIÓN
3.1. Consagraciones y devociones dentro de la Congregación y las Hijas de la Caridad.
3.2. Expansión de la Congregación en Europa.
3.3. Apogeo de la Sociedad de San Vicente de Paúl
3.4. Surgimiento de movimientos laicos Marianos.
3.5. Santos Vicentinos que propagaron la devoción a la Milagrosa.




INTRODUCCIÓN

¿Fueron las místicas revelaciones de María Santísima a una sencilla campesina Borgoñesa, las que dieron origen a una “milagrosa” expansión después de la revolución en la que todo estaba perdido?, o ¿fueron una serie de hechos que coincidieron para atribuir a la intercesión de María los grandes prodigios que acontecieron en Francia mientras el país se tornaba de un cielo gris por el conflicto?
Es imposible entender los designios de Dios sobre la humanidad, cuando esta se ve confusa y nublada, en momentos de guerra y muerte, pareciese que la mano de Dios estuviese lejos del hombro del mundo para consolarlo y ayudarlo, donde la desesperación no da lugar a la fe, donde las únicas voces que proclaman a Dios son silenciadas.

Las nefastas revoluciones que se desarrollaron a lo largo y ancho de la geografía en los últimos cuatrocientos años, fueron elementales para la construcción de estados soberanos, de independencias, de la caída de muchos reinos, etc. Todas estas dejaron un incalculable número de muertos, la mayoría inocentes, algunas gestas revolucionarias fueron contra las autoridades políticas, pero algunas como las de España en el año 1936, México en el año 1910 arremetieron contra la  fe, destruyendo Iglesias y asesinando sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos.

En Francia la prolongada revolución que inicio con la toma de la Bastilla en 1789 y los sucesos que la continuaron aniquilaron y destruyeron en gran parte las congregaciones religiosas existentes en Francia, entre ellas a la Congregación de la Misión y las Hijas de la Caridad, empero el espíritu de Jesucristo aún florecía en quien se habían salvado de la muerte;  las palabras del salvador son proféticas para esos momentos de angustia, “dichosos los que ahora lloran porque ellos serán saciados” (Mateo 5, 4) y en el año 1801 con el concordato la Iglesia tendría nuevamente una vínculo con el estado que no duraría si no tan sólo unos años.

Como un lirio que se siembra en medio del pantano y quienes son testigos la ven florecer y recuerdan la belleza de la creación en medio de los horrores de la guerra, así mismo surgió como una flor grande e imponente en medio de múltiples angustias, aquella de quien durante este trabajo de una forma no piadosa sino histórica vamos a hablar, Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa.

Mucho se ha relatado de los sucesos que dieron origen a esta devoción, poco se habla de los acontecimientos que dieron paso a un “explosión” milagrosa en todo el mundo católico. Cómo debido a ciertas circunstancias históricas las Hijas de la Caridad y la Congregación de la Misión, volvería a resurgir después de los fatídicos sucesos de la revolución francesa, y como se mantuvieron después de algunos altibajos políticos que repercutían gravemente en la familia de San Vicente.

En fin, sólo desde la mirada de fe, desde el acontecimiento de la “rue de Bac”, se puede decir que fue una intervención divina, pero desde la mirada histórica, de coincidencias históricas, pueden, como algunos lo hacen, decir: “María se ha aparecido en un buen momento”
Este trabajo no es una investigación científica ni detallada, es un acercamiento a los acontecimientos preliminares y posteriores que antecedieron y sucedieron a la aparición de la Santísima Virgen, en Francia, es por ello que no se tendrá en cuenta sucesos dogmáticos o religiosos que dieron veracidad ante la Santa Sede de la aparición.

1.1.  ANTECEDENTES, DEVOCIÓN MARIANA EN LOS FUNDADORES.


Ni San Vicente ni santa Luisa, fueron tratadistas de mariología, el Santo de la Caridad tampoco dedico conferencia alguna para tratar un tema totalmente dedicado a Santa María. Pero juntos fueron unos enamorados del misterio de la Encarnación, de la Santidad de María y de su prototipo de Madre e Iglesia perfecta.

Para el siglo XVII, la devoción mariana estaba en su apogeo. A partir de la reforma protestante y de su separación con las ideas de la Iglesia, los hijos de Lutero pronto se separarían también del culto a María, los crecientes argumentos en contra de la santidad y la pureza de María tendría un efecto contrario en los corazones católicos, el efecto sería un favorable crecimiento de la devoción.
San Vicente era un devoto silencioso de la Santísima Madre, a diferencia de sus contemporáneos, como san Juan Eudes, que impulso el culto a los sagrados corazones de Jesús y de María, Vicente casi siempre la citaba para dar ejemplo en las virtudes vicentinas, en el trabajo con los pobres, al final de una carta o para terminar una conferencia.

“No hay por qué esperar encontrar en Vicente una conferencia entera acerca de la Virgen y menos aún una enseñanza teológica sobre ella. No era ésa su finalidad. Vicente creía en María, en su humildad fecundante, en su discreción intercesora, en su amor bienhechor, en su presencia benévola. Así dirá que María ha estado presen­te en todas las etapas espirituales que él ha vivido.”[1]

San Vicente hablando de las virtudes teológicas y de las enseñanzas evangélicas que Jesucristo enseño a sus apóstoles, pedía esta gracia a la “santísima Virgen que, mejor que ningún otro, penetró en su sentido y las practicó”[2]

En Santa Luisa, la figura de la Virgen María es un modelo de madre perfecta a la cual sus Hijas de la Caridad, deben sentirse protegidas bajo su especial protección, pues es ella en definitiva “vuestra única Madre”. La Divina Providencia va acompañada siempre de la intercesión de la Bienaventurada Madre de Dios.

Vemos a una santa que se consagra a la Virgen María y consagra la pequeña comunidad naciente en el año 1644 en Chartres.

“Llegamos a Chartres el viernes 14 de octubre. La devoción del sábado estuvo dedicada a dar gracias a Dios, en la capilla de la Santísima Virgen, como se lo debía por varios favores recibidos de su bondad. La del domingo fue por las necesidades de mi hijo. El lunes, día de la Dedicación de la iglesia de Chartres, lo empleé en ofrecer a Dios los designios de su Providencia sobre la Compañía de las Hijas de la Caridad.”[3]

Es muy popular hoy, seguir encontrando la oración que se le atribuye a la señorita Le Gras que le compuso a la Madre, que reza de la siguiente manera “Santísima Virgen, creo y confieso vuestra Santa e Inmaculada Concepción, pura y sin mancha. ¡Purísima Virgen!, por tu pureza virginal, tu Inmaculada Concepción y tu gloriosa cualidad de Madre de Dios, alcánzame de tu amado Hijo: la humildad, la caridad, una gran pureza de corazón, cuerpo y espíritu, la perseverancia en mi vocación, el don de oración, una santa vida y una buena muerte”.[4]

Nada de extraño ahí que para la época la Inmaculada concepción, que aún no había sido proclamada como dogma, ya fuera algo natural en las Hijas de la Caridad ya que venía de labios de su propia fundadora:
“Que el conocimiento que Dios nos da de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen nos mueva a glorificarle eternamente por esa obra maestra de su omnipotencia en la naturaleza puramente humana y nos haga admirar la belleza de sus pensamientos tan puros que no se inclinaron nunca a lo inútil ni se ocuparon en el pecado”.[5]

Con este contexto se puede concluir que para nada era  novedoso que en las dos comunidades existiera un profundo amor y respeto a la figura de la Madre de Dios y a su inmaculada concepción, que es lo que en este trabajo más interesa, pues de aquí parte el sentido teológico puro de la Medalla Milagrosa.


1.2. REVOLUCIÓN FRANCESA Y DISPERSIÓN DE LAS DOS COMUNIDADES.


Llego el año de 1789, cuando el clima revolucionario, que se había venido gestando por muchos años con las nuevas filosofías de la ilustración, la “plebe y la muchedumbre” decidieron arremeter contra la corona y la cruz, y algunos piensan que la revolución no empezó con la toma de la Bastilla el 14 de julio, sino con la toma de San Lázaro, la casa madre de la Congregación de la Misión, el día anterior, cuya parcial destrucción y su total saqueada dejaría a los misioneros sobrevivientes al vaivén de la convulsión social de los siguientes años.  

Para la Congregación y las Hijas de la Caridad fue un golpe duro, llevaron a las dos comunidades a la dispersión, los hospitales, seminarios, casas, Iglesias, obras sociales, etc., quedaron sin la asistencias de los Padres y de las Hermanas, durante este periodo de persecución fueron martirizados muchos de ellos, la historia universal cuenta:

“La revolución se enfrentó duramente con la Iglesia católica que pasó a depender del Estado. En 1790 se eliminó la autoridad de la Iglesia de imponer impuestos sobre las cosechas, se eliminaron también los privilegios del clero y se confiscaron sus bienes. Bajo el Antiguo Régimen la Iglesia era el mayor terrateniente del país. Más tarde se promulgó una legislación que convirtió al clero en empleados del Estado. Estos fueron unos años de dura represión para el clero, siendo comunes la prisión y masacre de sacerdotes en toda Francia”[6]

Para la época de la revolución la Misión tenía en Francia 79 casas, 60 de ellas eran seminarios, las Hijas de la Caridad estaban por casi todo Francia doblaban y hasta triplicaban en número de obras y miembros.

El Padre José Herrera en su Libro sobre la Historia de la Congregación de la Misión, citaba a Voltaire en uno de sus escritos con respecto a las Cofradías de la caridad:

“Quizá en la tierra no haya nada que supere la grandeza al sacrificio que hacen unas delicadas doncellas de su belleza, de su juventud y, con frecuencia, de su noble cuna para consagrarse en los hospitales al alivio de ese conjunto de todas las miserias humanas”[7]

El P. Herrera hacía alusión a este texto para demostrar la buena fama que tenían las nobles Hijas de la Caridad en toda Francia, pero esto no las salvaría de la cruel persecución, fueron en primer lugar, dicen algunos, los pobres quienes arremetieron con la mano que les cuidaba en nombre de Dios, algunas mártires antes de morir echaban en cara esa paga de sangre por muchos años de caridad.


1.3. LA RESTAURACIÓN Y LA REUNIFICACIÓN DE LA FAMILIA VICENTINA.
Luego de los periodos turbios de la revolución, sobrevino una aparente calma en Francia, de modo que la Iglesia libremente podía volver a retomar sus obras, a las Hijas de la Caridad y a la Congregación de la Misión de alguna forma le devolvieron algunas propiedades o se las restituyeron por otras. Cabe destacar que durante las persecuciones por la revolución y luego con la persecución napoleónica, algunos de los misioneros dispersos fueron a fundar y a establecerse a otros países.

Es bueno también hacer notar que las primeras en ser restauradas fueron las Hijas de la Caridad, frente a la urgente necesidad del estado, de cubrir las vacantes en las instituciones benéficas que habían quedado en total abandono.
“En ellas (instituciones benéficas) se había instalado el bandidaje oficial, la administración sin conciencia, el sacrílego robo de los bienes de los pobres y las bárbaras codicias sin límites. Este estado de cosas se puso más de manifiesto cuando, al abrigo del edicto de libertad religiosa, algunos departamentos fueron llamando a las antiguas Hijas de la Caridad, supervivientes de la catástrofe, a dirigir sus respectivos establecimientos”[8]

Pero que pasaba mientras tantos con las hermanas, habían quedado dispersas, algunas habían huido a España, otras a Italia y otras se habían quedado refugiadas en sus hogares; el intento de reunificación no fue nada fácil, algunas ya habían formalizado su vida de otra manera, otras no deseaban volver a ser hermanas y otras como Santa Juana Antida Thouret, ya había fundado su comunidad.

El clima político después de la revolución francesa y el Imperio Napoleónico fue el siguiente: Luis XVIII, quien había vivido exiliado en otros países, toma el poder en el año 1814, cuando la monarquía fue restablecida, le sucede en el trono el Rey Carlos X.

Entre la restauración y la supresión la congregación de la Misión a diferencia de las Hijas de la Caridad tendría más dificultades en establecerse plenamente.

“En septiembre de 1809 Napoleón suprimió de nuevo a la C.M. y en 1810 suprimiría a todas las comunidades. La intención de Napoleón era sustraer a las Hijas de la Caridad de la autoridad del P. Hanon, entonces Vicario General, quien se opone y es apresado, encontrando la libertad al caer Napoleón. Deseaba Napoleón poner a las Hijas de la Caridad bajo la autoridad de los obispos. La C.M. estuvo gobernada en régimen de doble vicariato de 1804 a 1806. Hubo un solo Vicario de 1806 a 1816 y nuevamente dos Vicarios de 1817 a 1827.”[9]

Durante la década de 1820 la Comunidad es aprobada legítimamente por los Borbones y le entregan a la Congregación la actual casa Madre en la rue Sevres como superior general el P. Pedro José de Wailly, luego le sucederían en su oficio el Padre Juan Bautista Nozo, quien tuvo problemas financieros por involucrarse en negocios de su familia con dineros de la Comunidad; luego de ello llegaría el llamado “segundo Fundador”, cuya figura discutible pero de gran importancia para el resurgir de la Congregación en el mundo, el Padre Juan Bautista Etienne.

Los cambios sociales y políticos en Francia no acabaron aquí, luego se desataría otro conflicto en 1830
“Francia y el mundo están en plena época revolucionaria. La revolución francesa de 1789 ha sido derrotada política y militarmente, pero sus ideas perviven y socavan la restauración monárquica en que se empeñan Luis XVIII y su hermano Carlos X.
Carlos X es el rey que visita, en la Iglesia de San Lázaro, las reliquias de San Vicente de Paul, que acaban de ser trasladadas desde Notre Dame. La fecha del traslado es el 25 de abril de 1830. Seguramente nadie sospechaba, en aquel día 25., que al Antiguo Régimen (la monarquía) sólo le quedaban tres meses de vida. El gobierno de Carlos X, por excesivamente reaccionario, va a provocar las iras del pueblo y va a producirse la Revolución Julia de 1830”[10]


2.        LA ESCOGIDA Y SU MENSAJE.

La vena central de esta investigación no radica en este acercamiento a la Historia, tan conocida para muchos, de la rue de Bac, es por el contrario, un ala auxiliar que permitirá aterrizar o enlazar este pequeño trabajo a los sucesos de los cuales se harán mención a continuación.

El contexto social en que se ha ubicado este trabajo, permite encontrar una realidad política tensa, Francia propagaría las ideas de la ilustración en todo el mundo, los cristianos católicos tendrían que pagar las consecuencias de una revolución anticlerical y atea.



2.1. SANTA CATALINA LABOURÉ, LA SENCILLA CAMPESINA.

Dice San Pablo “Dios ha escogido lo necio del mundo para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo para avergonzar a lo que es fuerte.” (1 Cor 1:27). Pues bien la pseudo protagonista de esta historia, una humilde campesina, huérfana de madre a tierna edad, es el claro ejemplo de la inspiración paulina para aquellos que en el mundo no tienen valor y resultan siendo testimonio y luz para los pueblos.

El dos de mayo de 1806, en un pequeño pueblo llamado Fain-les-Moutiers, nace Catalina, que más adelante tendría por sobre nombre Zoé.

“Catalina era una muchacha campesina, no una pastora ni criada de una granja como ha dicho Huysmans, sino la hija de un labrador acomodado, Pedro Labouré. Pedro tenía 22 años en 1789. Iba a hacerse sacerdote… el 4 de junio de 1793, se casaba con Luisa Magdalena Gontard… tuvieron once hijos, Catalina la novena.”[11]

Catalina había recibido por madre a la Madre de Dios, cuando murió su mamá a los 9 años, para esa fecha su hermana mayor María Luisa, había entrado a las Hijas de la Caridad. Zoé y su hermana pequeña tuvieron que ocuparse de los oficios de la casa.

El deseo de la señorita Labouré, era el de ser vicentina como lo era su hermana, el conocido sueño del anciano que ella ve en misa y quien le dice: “tú huyes de mí ahora; un día volverás a mí. Dios tiene designios sobre ti, no lo olvides”; resulta ser el eslabón para que Catalina se sintiera llamada con más fuerza a ser Hija de la Caridad.

Después de algunas trabas que le puso su familia, entro al postulantado en Châtillon. Y el 21 de abril de 1830 bajaba frente a su nuevo hogar en la rue de Bac en París el 21 de abril de 1830.
Es importante subrayar, que existían preocupaciones naturales de la santa en estos momentos de la Historia, por un lado los cambios de gobierno, su padre era defensor de la monarquía y su hermano Humberto, era escolta real, este clima de preocupación dejan entrever las respuestas de la Virgen en la primera aparición.

2.2. EXPERIENCIA MÍSTICA Y LAS VISIONES EN LA RUE DE BAC.

“Me parecía que no estaba sobre la tierra por la felicidad que sentía”, decía santa Catalina, contando en breves líneas su experiencia de entrada al seminario. Muchos conocen la historia de la Medalla, por su difusión y por su sencillez, pero hubo otras “revelaciones” o “experiencias místicas” que en ocasiones parecen inapercibidas.

Una visión, como comúnmente se conoce, es algo inexplicable, que no tiene forma de probar su veracidad, que carece de un sustento lógico muchas veces, ya que sólo es testigo quien recibe la “revelación” no hay nadie más quien pueda dar fe de lo que esa persona ha recibido.

“hemos pasado de un mundo a otro, del cosmos visible al nuevo cosmos invisible. Hemos entrado en ese dominio inexplorable que sólo se abre a los espíritus privilegiados, a los que llamamos, en lenguaje técnico, “místicos”. Como un Boeing que rueda primero sobre el suelo y que de pronto se eleva en línea oblicua por el aire”[12]

Cierto o no, las realidades sociales y políticas de Labouré invadirían su corazón de preocupación como ella misma lo había dicho, aquellas  visiones que tuvo de Jesucristo y de San Vicente, serían las respuestas a su afanosa angustia. La situación de Iglesia la vio representada en la cruz que era arrojada, en el momento sublime de la Eucaristía:

“Y me pareció que la Cruz se caía a los pies de nuestro Señor, y me pareció que Nuestro Señor era despojado de todos sus ornamentos, todos caídos por tierra. Ahí fue cuando tuve los pensamientos más negros y más tristes, ahí fue cuando pensé que el rey de la tierra se vería perdido y despojado de sus vestiduras reales, todos los pensamientos que tuve no sabría explicarlos…”[13]

Esta visión denominada “Cristo Rey despojado de sus ornamentos”, se llevó a cabo el 6 de junio de 1830.
“Se puede comprobar que esta visión de Catalina se encuentran mezclados y como asimilados un acontecimiento histórico y una realidad espiritual, teologal. Parece que Catalina identifica al rey de la tierra y al rey del cielo, que el presentimiento de la revolución de Julio y de la caída de Carlos X (el último rey de la dinastía sagrada, los Capetos), se convierte para ella en el símbolo de uno de los aspectos de la redención.”[14]

La visión del corazón de san Vicente, corresponde en primer lugar al ardor popular que los franceses estaban sintiendo en ese momento, y en los que Catalina participó pocos días de su llegada al seminario; El 25 de abril de 1830, la gran procesión con las reliquias del santo de la caridad, desde la Notre Dame, hasta la iglesia de los Misioneros en la rue de Sevres, relata la santa, que ella misma comió un pedazo de la reliquia de san Vicente que correspondía a su roquete. En segundo lugar, el corazón del Padre de la Patria estaba custodiado celosamente en un relicario donde era venerado en la capilla de las apariciones, santa Catalina, dijo también en otra ocasión: “Tenía el dulce consuelo de verlo encima del relicario donde estaban expuestas algunas reliquias de San Vicente.”

Estas dos visiones quedaron aisladas de un engranaje mucho más grande, la del 18 y 19 de Julio y la del 27 de noviembre. Hay que tener en cuenta dos cosas importantes, la primera aparición de la Virgen fue durante la fiesta de San Vicente que antes de la reforma litúrgica se ubicaba en el 19 de Julio y la del 27 de noviembres dos meses después de la conmemoración de la muerte de san Vicente; se puede asociar a la petición de Catalina a San Vicente. “Como se nos había distribuido un trozo de tela de un roquete de San Vicente, corté la mitad, me la tragué y me dormí, pensando que San Vicente me obtendría la gracia de ver a la Santísima Virgen.”

Fue esa noche del 18 de Julio cuando se llevó a cabo la sublime reunión en esa capilla entre la Madre de Dios y santa Catalina, las palabras de María eran claras y concisas, pedía la observancia de la norma y la consolidación en la restauración de las dos comunidades. Luego pasados casi cinco meses sería favorecida con la visión que daría origen al culto de la Milagrosa, la del 27 de noviembre en la misma capilla.

Sólo es necesario resaltar dos aspectos, el primero fue durante la oración, fue un momento de éxtasis en la que ella vio el anverso de la Medalla Milagrosa, el anverso vendría más adelante:
Inquieta por saber lo que había que poner en el reverso de la Medalla, después de muchas oraciones, un día, en la meditación, me pareció oír una voz que me decía: «La M y los dos Corazones dicen bastante”[15].

En segundo lugar fue revelado el dogma de la Inmaculada concepción del que se había hecho mención al comienzo de este trabajo, y con la visión de la “Virgen del Globo” (primera fase de ese mismo día) se muestra la Santísima Virgen, sosteniendo en sus manos a cada persona en particular, como “medianera de gracias y favores” que derrama sobre sus hijos con los brazos extendidos (segunda fase)
            “Recordarán las dos fases de la aparición del 27 de noviembre: en la primera la Virgen sostenía en sus manos una bola rematada con una cruz de oro. La bola simboliza la esfera terrestre. María quería mostrar con ello, he dicho, cuan querida le es “la tierra”, que lleva a todos los habitantes en su corazón, ofreciéndoselos al Padre.”[16]


2.3. LA EXPANSIÓN DE LA “MEDALLA MILAGROSA”

“Qué se difunda la Medalla y por sus obras se conocerá”, fue lo que dijo el Arzobispo de Paris, si ni siquiera percatarse que estaba ante una explosión “milagrosa” en cadena, los milagros documentados, las curaciones y los eventos que pueden considerarse como místicos o sobrenaturales, como lo fue la conversión del Judío Ratisbona, dejan entre ver la gran apertura fehaciente que recibió la medalla.

Luego de las apariciones, Catalina se vería con la necesidad de transmitir el mensaje de la Virgen de “haz acuñar una medalla, según este modelo”, y contaría sus visiones al Padre Aladel, quien fue luego consejero general, el Padre dudaría en un comienzo de las “confesiones sobrenaturales” de la santa, pero luego de largas meditaciones y diálogos con el entonces superior, decidió acatar la insistente petición que le hacia santa Catalina, y al hablar con el Arzobispo de París Monseñor de Quélen, aprueban la fabricación y posterior distribución dos años después de los sucesos de 1830.

No tarda mucho en difundirse, salen las primeras medallas, pero la vidente se mantiene en el anonimato, todos sabían que era una Hija de la Caridad, pero nadie sabía quién era, ni siquiera el Arzobispo. Los años venideros después de su autorización fueron cruciales, pareciese que la Medalla por su propio poder se difundía por el mundo, María había dicho a Catalina: “la comunidad gozará de una gran paz, crecerá… la protección de Dios está siempre con vosotras de una manera muy especial”.

“Mientras que la medalla se extendía (10 millones en cuatro años se acuña en Francia y fuera de Francia: en Bélgica, en Suiza, en Italia e incluso en Londres), mientras que el pueblo le asignaba el nombre de “Milagrosa” por los prodigios que realizaba.”[17]

3.      CRECIMIENTO DE LA DEVOCIÓN

“Si esta idea o esta obra que ellos intentan hacer fuera cosa de hombres, fracasará, pero si es cosa de Dios, no podrán destruirlos y estarán luchando contra Dios”[18] con estas palabras que pronunció Gamaliel, inspirado por la sabiduría de Dios y con la que detuvo por un momento la furia de los judíos que querían arremeter contra los apóstoles, comienza este pequeño tercer capítulo.

Ilumina y cabe muy bien para la Historia de la Medalla Milagrosa y la restauración de las dos comunidades; a pesar de persecuciones, destrucción, muerte y demás la familia espiritual de San Vicente llega al presente, viva y actuante; al igual que la medalla, que después de casi 190 años sigue siendo un evangelio que llega tanto a pobres como a ricos, ignorantes como sabios, que sigue hablando a la realidad del pueblo perseguido, que sigue siendo llevada al pecho por hombres y mujeres que con fe, cumplen el mandato de la Madre.

Difundida hoy por todo el mundo, traducida su jaculatoria a todas las lenguas existentes y repetidas tantas veces como granos de arena hay en la playa.


3.1.  CONSAGRACIONES Y DEVOCIONES DENTRO DE LA CONGREGACIÓN Y LAS HIJAS DE LA CARIDAD.

Jean de Guitton, en su libro que “La superstición superada”, que en esta investigación se ha citado anteriormente. Claramente deja entrever en el mero título de lo que se va a tratar el libro en su mayoría o por lo menos en la séptima parte. En él se puede evidenciar claramente que la Medalla, no es un mero amuleto de buena suerte, o un talismán de energías positivas, no fue ni será un símbolo idolátrico; pero sí es un pequeño compendio de fe, que trasciende que va más allá, que sólo es posible entenderse desde el contexto cristiano de amor y redención, no es algo mágico es algo revelado.

“La fe nos adhiere a verdades que no son evidentes porque sobrepasan la inteligencia. Estas verdades son múltiples, distintas. Y sin embargo, no son más que los aspectos, las partes, los elementos, de una sola verdad, que es simple: lo que Dios es, lo que ha hecho, lo que nos ha dado a conocer de su ser y de sus obras”[19]

La devoción de la madre como protectora y guardiana, como “medianera”, calo muy bien en el pueblo, en los misioneros, en las hermanas, que atravesaban por un situación de conflicto muy difícil, alguno de ellos se sentían abandonados por la Providencia, y portar la medalla al cuello, daba un ligero sentimiento de confianza en quienes con fe la portaban.

La visita en el año AAAA al papa Pio IX de los padres lazaristas el padre Aladel, confesor de santa Catalina y quien conocía los relatos de primera mano y para el padre Etienne que para esa fecha aún no era superior general, sino asistente general, determinaba una nueva etapa, un nuevo siglo bajo el patrocinio de María; el Papa veía con buenos ojos este elemento de piedad, esto abría las fronteras de difusión, anchaba las brechas para que la medalla se repartiera en todo el mundo católico.

Rápidamente la devoción y las oraciones de la “milagrosa”  (nombre con el que fue conocida casi cuatro años más tarde y que se conserva hasta el presente), empezaron a cubrir el itinerario devocional de las dos comunidades, las Vicentinas, propagaban la jaculatoria, “Oh María sin pecado concebida, Rogad por nosotros que recurrimos a vos”, y posteriormente la Congregación de la Misión darían culto oficial a través de templos e iglesias bajo el patronazgo de “Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa”


3.2.  EXPANSIÓN DE LA CONGREGACIÓN EN EUROPA.

Ahora citando en este punto al padre José Herrera, vicentino español, en su libro, la Historia de la C.M., en el capítulo XX denominado la época Etiennica, deja ver el papel mariano en la actividad restauradora y de expansión llevada a cabo en el Generalato del Padre Etienne.

“La época etiénnica nace bajo el signo de la Virgen y de San Vicente… en 1843, en cuyo año la Asamblea General, reunida después de laboriosas gestiones en que intervinieron los PP. Aladel, Etienne, Cremisini, Durando, Monseñor Rosati, el Papa y el Gobierno francés, eligió al Padre Juan B. Etienne, que no era asambleísta y que jugó tan importante papel en su época. Dos grandes sucesos la habían abierto en 1830. De ellos arranca toda nuestra prosperidad contemporánea, de la que el P. Etienne fue uno de los principales artífices: la traslación de las reliquias de San Vicente, el 25 de abril de 1830, y las apariciones de la Milagrosa a Santa Catalina Labouré.”[20]

En Francia durante este tiempo muchos misioneros se dispersaron por las iras revolucionarias de 1830, y fueron a misionar fuera de Europa, algunos como los dos santos vicentinos, Perboyre y Clet, llegaron a China, aunque en periodos distintos y en condiciones diferentes.

La expansión grande de los lazaristas en el mundo, esta detallada claramente en los Catálogos, que empezaron a ser editados y publicados en 1853, durante el generalato Etiénnico, entre 1843 y 1874 se produjo un crecimiento demográfico en el mundo y también en la Congregación. Etienne recibe una comunidad con 900 misioneros, repartidos en 12 provincias (cuatro en Francia con catorce casas) y para su muerte la comunidad contaba con 1854 miembros, 31 provincias (9 en Francia con 69 casas) un crecimiento del 106% en sus miembros y 297% en sus casas.

“Así, después de 1843, Etienne no solamente reconstruye, sino que dinamiza profundamente la Congregación. Bajo su gobierno los misioneros abren numerosas casas y renuevan sus actividades misioneras con la idea de una aproximación a san Vicente”[21]


3.3.  APOGEO DE LA SOCIEDAD DE SAN VICENTE DE PAÚL.

Pareciese una serie de coincidencias, pero para la época aunque estaban agitados los ánimos y la filosofía racionalista estaba en su punto, los jóvenes universitarios de la Sorbona, entre ellos Federico Ozanam, revolvía en su pecho el deseo de abrasar en una red de caridad todo el mundo; se negó a que la Sociedad fuese clerical y prefirió que toda ella fuera conformada por jóvenes laicos, universitarios, inquietos, caritativos.

El crecimiento de las conferencias en Francia fue gigantesco, y es donde ocupa un lugar importante una hija de la caridad, quien fue la que enardeció los corazones de estos jóvenes, es decir la que volcó a Federico y sus compañeros hacia los pobres, la que hoy es la Beata Rosalía Rendú, quien no era una mujer común ni mucho menos desconocida, era una personalidad, crucial también en el papel de la restauración de las Vicentinas y por supuesto quien como dice la Historia abogó para detener la división interna que sufrían los Lazaristas durante el periodo de generalato transitorio (Nozo- Etienne).

Ya en 1833, tres años más tarde de la apariciones y un año después de su aprobación,  en la Iglesia de Saint-Etienne du Mont en París el 23 de abril por un grupo de siete jóvenes quedaba oficialmente constituida la que más tarde se llamaría “Sociedad de San Vicente de Paúl”


3.4.  SURGIMIENTO DE MOVIMIENTOS LAICOS MARIANOS.

Según el testimonio de Catalina, el deseo de la Virgen, era que se formara un grupo de jóvenes que se consagraran a su corazón, ese deseo se lo expreso la Santa a su confesor, el padre Aladel, con estas palabras: “la Virgen quiere que usted sea el fundador de un grupo de jóvenes”. El deseo se concretó, calo muy bien la idea, fue un impulso juvenil, inspirados en María, rápidamente en cada colegio, en cada lugar donde iban asentándose las Hijas de la Caridad, se formaban grupos juveniles, laicales, con espiritualidad mariana.

Tres grupos llegan hasta el presente:

1.      Asociación de la Medalla Milagrosa (AMM):
“Nace bajo el influjo de las apariciones del a Virgen María a santa Catalina Labouré en 1830… fue fundada por el papa Pío IX el 21 de junio de 1847 a raíz de las apariciones de la Virgen. Fue aprobada como una asociación pública en la Iglesia por San Pío X, el 8 de julio de 1909”[22]

2.      Hijos e Hijas de María Inmaculada (HMI):
“Tuvo su origen en las apariciones de la Virgen a Santa Catalina… fue aprobada por Pío IX en 1850 y está invitada explícitamente a colaborar con la jerarquía. El director General es el Superior General de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad.”[23]

3.      Juventudes Marianas Vicentinas (JMV)
Se desprende de los Hijos e Hijas de María, debido a que aquellos que pertenecían al grupo, ya cargados en años, se negaban a abandonar el movimiento, así que para continuar con el deseo explícito de María, que fueran jóvenes, se formó esta rama vicentina, los que aquí llegan a la adultez pueden entrar a hacer parte de HMI.
Este grupo es de naturaleza juvenil, misionero, mariano, vicentino, laical y eclesial.

3.5.  SANTOS VICENTINOS QUE PROPAGARON LA DEVOCIÓN A LA MILAGROSA.

Innumerables hombres y mujeres de buena voluntad han propagado la medalla a lo largo y ancho del mundo, sacerdotes y hermanas han hecho que esta llegue a todos los rincones del planeta, ha quedado plantada fijamente en el corazón de los hombres la semilla mariana que perdura en el tiempo. Pero entre aquellos hombres y mujeres destacan aquellos a quienes la Iglesia los ha proclamado santo y que en su itinerario misionero nunca dejaron de lado la Medalla Milagrosa, no sólo vicentinos, sino también beatos y santos como: La Madre Teresa de Calcuta[24], la Madre Laura Montoya[25], San Maximiliano María Kolbe[26]

Pero interesa en este punto resaltar aquellos quienes pasaron por la Congregación de la Misión. Ellos son:
San Juan Gabriel Perboyre (1802-1840) se relata en sus cartas que durante las inclemencias del tiempo en la navegación invocaban con fe a la Virgen con la jaculatoria de la Medalla. El parte para China en el año 1835, la medalla en Francia ya era conocida y fue él uno de los primeros misioneros en llevar la medalla al imperio.

San Justino de Jacobis (1800-1860) de origen Italiano, el único obispo santo de la Congregación fue también otro apasionado por la Medalla Milagrosa, cuando el parte para Abisinia (Hoy Etiopia) en 1840, la medalla ya había llegado a Italia y con ella se fue Justino para estas tierras, fue tanto su esmerado oficio de propagador, que la misma gente lo empezó a llamar “Jacobis de María” y algunos dicen que el “obispo de la Medallita” por su trabajo evangelizador a través de la Medalla.

Beato Marco Antonio Durando (1801-1880) conocido como el “San Vicente de Piamonte”, en su cargo de visitador casi toda su vida, pero de manera especial en su oficio de Director de Hermanas, se propuso dar a conocer la Medalla Milagrosa, y desde los años 1833 (que las HHCC fueron llamadas a Italia por el Rey Carlos Alberto.) y durante el tiempo que duró de Superior Provincial, este hombre organizó varias Asociaciones de la Medalla Milagrosa, de donde surgieron numerosas vocaciones femeninas.

Los Beatos y Beatas mártires de la Revolución francesa (1939), son los más recientes beatos que tiene la familia vicentina, beatificados en el 2013 por edicto del Papa Francisco en Tarragona (España). Muchos de ellos murieron con la medalla al cuello, algunos trabajaban en parroquias e iglesias consagradas a la Milagrosa, en ese tiempo muy difundidas en España por aquellos misioneros y hermanas.





[1] En tiempos de Vicente de Paúl y Hoy, Vol. 2 
[2] Obras Completas XII, 114-129
[3] Obras Completas Marillac p. 125
[4] Oraciones de las Hijas de la Caridad, Paris 1998. 
[5] Obras Completas Marillac p. 824
[6] http://es.wikipedia.org/wiki/Revolucionfrancesa
[7] HERRERA, José. Historia de la CM, p. 303
[8] Ibíd.  p.303 La Restauración de la Hijas de la Caridad.
[9] VELASQUEZ, Carlos A. Historia de la Congregación.
[10] Artículo sobre: “Contexto Social de la Medalla Milagrosa” P. Antonio Elduayen
[11] GUITTON, Jean. La Superstición superada, p. 34
[12] Ibíd. p.46
[13] Relatos de Santa Catalina Labouré
[14] GUITTON, p. 49
[15] Relato del 27 de noviembre- santa Catalina Labouré, manuscritos.
[16] GUITTON, p.62
[17] Ibíd. P. 61
[18] Cf. Hechos 5, 38b-19.
[19] GUITTON, p. 121
[20] HERRERA, José, Historia de la Congregación de la Misión. 1949. Pág. 344
[21] FERNANDEZ, Mauricio. Capítulo I, (Historia de la Provincia de Colombia) pág. 18
[22] RESTREPO, Rodrigo. Familia Vicentina en Colombia. Pág. 45.
[23] Ibíd. Pág. 55
[24] Repartía medalla milagrosas a las personas con quienes se encontraba, muchos de ellos dan testimonio que la madre les entregaba una medallita después de besarla.
[25] Coloco en el rosario de la comunidad fundada por ella en Colombia, la Medalla Milagrosa.
[26] Mártir de los campos de concentración, quien apreciaba en gran manera la Medalla. 

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