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miércoles, 25 de febrero de 2015

POWER POINT DE LA CARTA APOSTÓLICA A TODOS LOS CONSAGRADOS

AUTOR: SOR MARÍA VICENTA DÍAZ HIJA DE LA CARIDAD- PRESENTACIÓN EN POWER POINT DE LA CARTA APOSTÓLICA DEL PAPA FRANCISCO-- CON DIAPOSITIVAS.




martes, 24 de febrero de 2015

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO PARA LA CUARESMA- PRESENTACIÓN EN POWER POINT

Sor María Vicenta Hija de la Caridad de la provincia de San Luisa en España, ha querido compartir directamente con Corazón de Paúl, el hermoso trabajo que ella realiza. Muchas gracias Hermana. 

La siguiente presentación adaptación del mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2015

domingo, 22 de febrero de 2015

CONGREGAZIONE DELLA MISSIONE CURIA GENERALIZIA, ROMA Cuaresma 2015, en marcha hacia el camino de la reconciliación, de la paz y la humildad

CONGREGAZIONE DELLA MISSIONE
CURIA GENERALIZIA, ROMA

Cuaresma 2015, en marcha hacia el camino de la reconciliación,
de la paz y la humildad  



Roma, 18 de febrero de 2015 
Miércoles de Ceniza


Queridos hermanos y hermanas de la Familia vicenciana,



            ¡Que la gracia y la paz de Nuestro Señor Jesucristo estén siempre en nuestros corazones!

            El tiempo de Cuaresma es un tiempo propicio para la meditación de los misterios de nuestra fe. De nuevo, estamos invitados a unirnos a Jesús en camino hacia Jerusalén, para acompañarle hasta el calvario, esperar en silencio junto al sepulcro y conocer la gloria de su resurrección de la que nos hace partícipes. El evangelio del miércoles de Ceniza nos recuerda que detrás de la riqueza de los símbolos externos de este tiempo de gracia, la Cuaresma es un recorrido interior “Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará” (Mt 6, 6).

El tema de esta reflexión de Cuaresma está centrado en la reconciliación, la paz y la humildad; lo he escogido a partir de la experiencia adquirida en las visitas pastorales a los servicios de las Hijas de la Caridad en Corea del Sur y en Nagasaki, Japón, en Mauritania y Túnez, África.  En medio de las inquietudes, las tensiones, dolores y sufrimientos que vivimos en nuestro mundo y en nuestras propias vidas, la Cuaresma nos proporciona numerosas ocasiones para entrar en “el espacio interior” de nuestra alma, para encontrar y acoger un concierto de consuelos que nos llegan gracias a la reconciliación, la paz y la humildad.

La reconciliación

Cuando visité a las Hijas de la Caridad en Corea del Sur, me llevaron al “Parque de la reconciliación”, que es una franja de tierra entre Corea del Sur y Corea del Norte. Fue construido después de la guerra de Corea, en un esfuerzo de colaboración entre el gobierno y los ciudadanos; los coreanos van allí para reflexionar y orar por la reconciliación en esta península formada por dos países, pero por un solo pueblo que comparte la misma historia, lengua y cultura. Las Hijas de la Caridad hicieron de nuestra visita una peregrinación mientras caminábamos tranquilamente meditando y rezando por el parque. Esta experiencia está relacionada con la Cuaresma, que nos invita a buscar la reconciliación en nuestras propias vidas, comenzando por la reconciliación interior cuando tomamos conciencia de que somos los hijos predilectos de Dios. Solo entonces podemos acercarnos con gestos de reconciliación a nuestras familias, vecinos, a nuestras comunidades religiosas, a nuestro trabajo, servicios y asociaciones a las que pertenecemos. Actuando así, intensificamos nuestros vínculos de hermanos y hermanas en nuestro Señor Jesucristo.

Cuando dejamos que este espíritu de reconciliación impregne nuestras vidas, podemos identificarnos con el Hijo Pródigo cuyo relato nos ofrece la Escritura durante la Cuaresma. Nosotros que estábamos “muertos”, hemos vuelto a la vida; estábamos perdidos y “hemos sido encontrados” por nuestro Padre que quiere “celebrar  y alegrarse” con nosotros (Lc 15, 32). San Vicente de Paúl, que gastó su vida llevando la reconciliación a las personas procedentes de todos los medios sociales, decía: “El bien de la paz y (de la reconciliación)…es tan grande y tan agradable a Dios que El mismo dice a cada uno: Inquire pacem et persequere eamBuscad la paz y corred tras ella” (Carta 158 del 16 de septiembre de 1633, SV I, p 264).

En esta Cuaresma, oremos por la reconciliación entre las naciones, por ejemplo entre Corea del Norte y Corea del Sur, entre las regiones, los países y en nuestras familias y comunidades, para que nuestras vidas y actos reflejen el amor de Cristo que trae la reconciliación. Solo a través de la persona de Jesús, podemos realmente llegar a una auténtica reconciliación con un efecto duradero en nuestra Iglesia y en nuestra sociedad.

La paz

La paz es un fruto de la reconciliación, que me lleva a mi segunda peregrinación a Kobé en Japón, durante mi visita a los Cohermanos paúles y a las Hijas de la Caridad. Fuimos a Nagasaki, una ciudad que cuenta con el mayor número de católicos en Japón. Como lo atestigua la historia, una bomba atómica sacudió Nagasaki el 9 de agosto de 1945. Después de esta terrible experiencia, Japón y algunas personas de buena voluntad buscaron una manera visible de promover la paz en medio de esta tragedia. Construyeron un “Parque de la paz”, que visitamos, lleno de símbolos de paz ofrecidos por países y personas de todo el mundo.

El principal símbolo que atrajo mi atención fue la estatua de un hombre sentado, con un brazo extendido y el otro elevado hacia el cielo, representando una llamada a la paz. Con un pie en el suelo y el otro cruzado sobre su rodilla, quiere simbolizar que la búsqueda de la paz comporta una necesidad de contemplación (un pie cruzado) y de acción (un pie en el suelo). La mano tendida simboliza también que todos los hombres deben ser artesanos de paz y la mano alzada hacia lo alto, indica que se necesita la ayuda de Dios para suscitar verdaderas obras de paz.

La raíz de la reconciliación es la paz, necesaria para cada uno de nosotros, y comienza en nuestros corazones. Solo después se enraíza en nuestras familias, en nuestras comunidades religiosas, en nuestros vecinos, en nuestro trabajo, nuestros servicios y en las asociaciones a las que pertenecemos. Como Familia vicentina, debemos esforzarnos por cultivar la paz y promoverla de todas las maneras posibles. San Vicente nos recuerda que  “la caridad exige que procuremos poner paz allí donde no la hay” (Carta 2138 del 23 de abril de 1656, SV V, p. 570).

Esta Cuaresma nos ofrece un momento ideal para orar por la paz puesto que vivimos en un contexto de constantes amenazas de guerra, terrorismo y violencia en nuestro mundo. Este camino hacia la reconciliación, cuyo fruto es la paz, se realiza practicando la virtud de la humildad. He visto esta virtud encarnada con fuerza en hechos concretos durante mi visita a las Hijas de la Caridad en Mauritania y en Túnez.

La humildad

Para ejercer su servicio a los pobres en estos países, las Hijas de la Caridad deben hacerlo humilde y discretamente. En Mauritania, un país que dice ser musulmán al 100%, las Hijas de la Caridad trabajan con comunidades religiosas de origen cristiano que no están reconocidas por este país como entidades visibles. En estos países, las Hijas de la Caridad practican una gran humildad, personalmente y en comunidad, porque trabajan en asociaciones laicas que sirven a los pobres. Ellas no tienen la responsabilidad y deben trabajar con quienes las dirigen.

Vivir y trabajar en tal ambiente exige reconciliación y paz interior para aceptar estas circunstancias. Esto invita sobre todo a una verdadera humildad, a una “kénosis” para vaciarse de sí mismo. Vivir en un entorno en el que no se es ni aceptado, ni reconocido, es difícil. Es aún más delicado cuando no existe la posibilidad de dar un testimonio público de Iglesia, ni de nuestro carisma vicenciano. 

Así, esta práctica de la virtud de la humildad no es posible más que mediante una sólida vida interior de oración y un apoyo mutuo en comunidad. Nunca es fácil abandonar la necesidad de control y la búsqueda de aprobación y de reconocimiento del ego humano. La presencia de las Hijas de la Caridad de la Provincia de África del Norte es un testimonio discreto pero firme de la virtud de la humildad. Permite la continuidad de nuestro carisma de servicio a los pobres, sobre todo en la atención a las personas que viven en los márgenes. Son los pobres de Dios y de san Vicente, los pequeños que a menudo son apartados e incluso olvidados.

Las Hijas de la Caridad y los miembros de la Familia vicenciana, sirven hoy en situaciones parecidas a través de todo el mundo. En su servicio humilde y con frecuencia escondido, no forman más que una unidad con los pobres por su testimonio voluntario. San Vicente decía: “La humildad consiste en anonadarse ante Dios y en destruirse a sí mismo para agradar a Dios en su corazón sin buscar la estima y la buena opinión de los hombres, y en combatir continuamente todos los impulsos de la vanidad… La humildad hace  [que la persona] se anonade, para que sólo se vea a Dios en ella y se le dé gloria a Él” (Conferencia del 22 de agosto de 1659, SV XI-b, p. 587-588).

Según mi propia experiencia, para trabajar en la reconciliación y tener paz en nuestro corazón, debemos adquirir y practicar la virtud de la humildad. Para lograrlo, lo mejor es examinarnos ante Dios con toda sinceridad y apertura de corazón. Esto nos conduce a lo que san Pablo llamaba la “kénosis”, a despojarnos. Nuestro modelo es Cristo, que “siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Reconocido como hombre por su presencia” (Fil. 2, 6-7). En la vida cristiana, esta lección de humildad que consiste en “despojarse de uno mismo” no es solamente una tarea individual sino una parte esencial de nuestra identidad como Iglesia. La Cuaresma nos invita a una conversión de corazón personal y comunitaria.

Un corazón lleno de misericordia

El mensaje de Cuaresma del Papa Francisco lleva por título: “¡Fortalezcan sus corazones!” (St 5, 8), un tema muy adecuado para nuestra reflexión. Solo practicando la humildad, la paz y la reconciliación nuestros corazones podrán permanecer firmes y anclados en la misericordia y el amor de Cristo. La Cuaresma es un tiempo para buscar una renovación interior en la oración, la inmersión en la Escritura, la Eucaristía diaria y la vivencia de nuestro carisma vicentino de servicio a los pobres. Todo esto nos invita a tener un corazón fuerte. Escuchemos estas palabras del Santo Padre: 
“Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios. Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. En definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro. Por esto, queridos hermanos y hermanas, deseo orar con ustedes a Cristo en esta Cuaresma: “Fac cor nostrum secundum cor tuum”: “Haz nuestro corazón semejante al tuyo” (Mensaje de Su Santidad el Papa Francisco para la Cuaresma 2015, p. 3).

Que esta Cuaresma nos ayude a crecer en el amor a Cristo y a nuestro carisma vicenciano mientras avanzamos por el camino de la reconciliación y entramos en el sendero de la paz con  “corazones quebrantados y humillados” (Salmo 50, 19).




Su hermano en san Vicente,
G. Gregory Gay, C.M. Superior general

martes, 17 de febrero de 2015

CONOCE EL CENTRO DE LA MISIÓN VICENTINA MÁS GRANDE DE COLOMBIA- BAJO CAUCA GUARANDA

MISIÓN VICENTINA BAJO CAUCA
GUARANDA


Conoce algunas fotografías de una de las Misiones más grande que tiene la Provincia de Colombia en su territorio, se trata de la Misión del Bajo Cauca, departamentos de Sucre y Bolivar, cuenta con cinco parroquias: San Jacinto, Montecristo, Regencia, Majagual y Guaranda. 

Algunas Imágenes de su gente y de la Parroquia, centro de la Misión, Guaranda. 





























lunes, 16 de febrero de 2015

INFORME DE ACTIVIDADES DE CORAZÓN DE PAÚL- COLOMBIA

ASÍ VA CORAZÓN DE PAÚL


Dios nos ha llamado a Evangelizar con las herramientas de hoy, anunciarlo con pasión y con mucha alegría por medio de este masivo medio de comunicación. Hace poco estuvo el fundador de Facebook en Colombia y en una entrevista que dio a un grupo seleccionado de oyentes dijo que el Internet no llegaba a todos los habitantes del planeta y que su deseo era llevar el Internet con Facebook a todos los rincones del mundo. Y reflexionaba para mis adentros que el deseo de todo cristiano es llevar el Evangelio a todos los rincones del orbe, con o sin Internet. 

Pero hoy nos llama Jesús en los países que gozamos del Internet, a llevar el Mensaje tal cual, sin alteración y superstición. Es una tarea difícil, pero en dos años que llevo al frente de Corazón de Paúl he podido constatar cuantas personas en diferentes lugares agradecen los mensajes que le llegan a su pantalla.

Nos visitan principalmente en nuestro País de Origen: Colombia, nos siguen en cantidad de visitantes algunos países como Estados Unidos, Perú, España, México, Argentina, Ecuador y Chile, entre muchos otros más. 

Hacemos parte de los seguidores de Corazón de Paúl 7.000 personas e instituciones, en las diferentes redes sociales y páginas. Facebook, Twitter. Google+, Youtube, Blogger, entre otros.

Este año se han puesto en contacto con nosotros ocho jóvenes que están interesados en entrar a la Congregación de la Misión, a la que servimos fielmente y con mucho amor, ellos de diferentes países ya están contactados con los equipos de pastoral vocacional correspondientes. 

Nuestros productos Corazón de Paúl llegan a millones de personas por diferentes medios, y es grato encontrar ese Corazón con antena, que representa a San Vicente, en muchas páginas de Internet de Carácter Vicentino y Eclesial.

Y este trabajo no se ha hecho solo ni mucho menos es un trabajo de una sola persona, gracias a Ti, vicentino o vicentino que nos lees, nos ves y nos escuchas, tú permites que nosotros lleguemos a tu corazón para poder llenarlo de un amor “inventivo hasta el infinito”. Quiero mencionar aquellas personas que nos ayudan con su trabajo y apoyo en esta obra bautizada Corazón de Paúl:

P. Gregory Gay, C.M. Superior General de la Congregación de la Misión.

Monseñor Alfonso Cabezas, C.M. Obispo emérito de Villavicencio.

P. Marlio Nasayó, C.M, Misionero Vicentino de la Provincia de Colombia.

P. Rodrigo Restrepo Bernal, C.M. Misionero Vicentino de la Provincia de Colombia.

P. Luis Alfonso Sterling, C.M. Misionero Vicentino de la Provincia de Colombia.

P. José Ángel Palma, C.M. Misionero Vicentino de la Provincia de Colombia.

Javier Fernández Chento, Laico Vicentino- Somos Vicencianos.

Seminaristas de la Provincia de Colombia: Isaías Rolon, Luis Felipe Cano, Armando Calle

Es un pequeño elenco, que queremos seguir aumentando, ya sabes es muy fácil, corazondepaul@gmail.com es nuestro correo, nos puedes escribir y ponerte al tanto de todos nuestros proyectos.

Ayúdanos a seguir creciendo, que esta obra no pare y que nuestro trabajo de Evangelización en las redes de muchos frutos, porque ni tu ni yo hacemos crecer la fe, es Dios quien hace crecer en nosotros el amor por su Hijo Salvador del Mundo.

Su servidor y amigo.
Seminarista. Andrés Rojas
Orgulloso de Ser Vicentino. 

CELEBRACIÓN LITÚRGICA DEL MIÉRCOLES DE CENIZA- ESQUEMA

MIÉRCOLES DE CENIZA


INTRODUCCIÓN

Hermanos y hermanas, unidos a la Iglesia Universal, iniciamos hoy los cuarenta días de preparación para la celebración de la Pascua de la resurrección del Señor, que es la fiesta más grande de la fe. Empezamos un tiempo que pone el énfasis en la conversión, una etapa del año en la que nos ejercitamos en la renuncia al mundo, a la carne, al pecado y al demonio; tiempo en que la Iglesia manda la penitencia, que consiste en oración, abstinencia y caridad, acompañados del arrepentimiento por nuestros pecados. Así nos unimos a la muerte de Cristo, para resucitar con él, al mismo tiempo que nos fortalecemos en él para vencer al mal en nuestras vidas.

La ceniza que hoy vamos a imponer sobre nuestra cabeza como signo de penitencia, nos recuerda que este mundo material y temporal es pasajero y no vale la pena depender de él. Mientras que hay que someter todo a la vida nueva y eterna que Cristo nos regaló el día del Bautismo, por los méritos de su gloriosa Pasión y Resurrección. Dispongámonos a participar con atención.

Canto o silencio

BENDICIÓN:
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Monición de entrada.

«Conviértanse y crean en el Evangelio», ésa es la invitación que Jesús nos hace hoy a través de la Iglesia.
Convertirse quiere decir volverse hacia Dios. Supone más un dirigirse hacia Alguien que llama que un desprenderse del egoísmo y optar por una nueva concepción de la vida. Para acoger un mensaje, hay que elevar ante todo los ojos hacia el mensajero.
Por este motivo, Jesús hizo una llamada a la conversión en el momento en que iba a anunciar a los hombres la Buena Nueva del Reino de Dios, y Pedro reitera esa misma llamada el día de Pentecostés. La conversión, a la que somos invitados, consistirá, ante todo en una intensificación de nuestra relación personal con Jesús.

Oración colecta

Padre bueno, Concédenos poder inaugurar con este ayuno santo la vigilancia propia de nuestro combate cristiano, para que el vigor que comunica a nuestro ser la austeridad de la Cuaresma afirme nuestra fortaleza en la lucha cotidiana contra el mal y en el progreso de la virtud. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


CELEBRACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS


Monición.

El llamamiento que hace el profeta Joel al pueblo de Dios para una celebración comunitaria de penitencia y su alusión a la conversión íntima nos dispondrán a escuchar la invitación de San Pablo, que nos pide "por Cristo, que nos dejemos reconciliar con Dios», pues «ahora es el día de la salvación». Al ver seguidamente en Jesús con qué espíritu se debe hacer la limosna, la oración y el ayuno, descubriremos que no es la Iglesia quien ha elaborado las diversas modalidades de penitencia, sino que las ha recibido de su Señor.

Del libro del profeta Joel (2, 12-18)

Dice el Señor todopoderoso: Convertíos a mi de todo corazón: con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad los corazones no las vestiduras: Convertíos al Señor Dios vuestro; porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad, y se arrepiente de las amenazas. Quizá se convierta y se arrepienta y nos deje todavía la bendición, la ofrenda, la libación del Señor nuestro Dios. Tocad la trompeta en Sión, proclamad el ayuno, convocad la reunión; congregad al pueblo, santificad la asamblea, reunid a los ancianos, congregad a muchachos y niños de pecho. Salga el esposo de la alcoba; la esposa del tálamo. Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, diciendo: «Perdona, Señor, perdona a tu pueblo, no entregues tu heredad al oprobio; no la dominen los gentiles, no se diga entre las naciones: «¿Dónde está su Dios?» Que el Señor sienta celo por su tierra y perdone a su pueblo.

Palabra de Dios.

Salmo 50
R. Misericordia, Señor: hemos pecado.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa.
Lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti sólo pequé. R.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará su alabanza. R.

De la 2ª carta del apóstol san Pablo a los Corintios (5,20-6,2)
Hermanos: Somos embajadores de Cristo, siendo Dios el que por medio nuestro os exhorta; os lo pedimos por Cristo: dejaos reconciliar con Dios. El cual, por nosotros hizo pecado al que no conocía el pecado, para que por él llegáramos a ser justicia de Dios. Os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Porque él dice: «En el tiempo de la gracia te escucho ¡en el día de la salvación te ayudo» Pues mirad: Ahora es el tiempo de la gracia; ahora es el día de la salvación.
Palabra de Dios.

EVANGELIO:
Escuchen la Palabra del Señor, según el Evangelio de san Mateo (6, 1-6. 16-18)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos, de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.
Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha ¡así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.
Cuando recéis no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Cuando tú vayas a rezar entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que esta en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.
Cuando ayunéis no andéis cabizbajos, como los farsantes que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre que esta en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.»
Palabra del Señor.


Reflexión del texto o momento de silencio.


IMPOSICIÓN DE LA CENIZA

Conviértete y cree en el Evangelio.
O bien:
Acuérdate que polvo eres y en polvo te has de convertir.

PLEGARIA COMÚN

Hermanos:

Pidamos confiadamente a Dios, Padre misericordioso, para que, por la penitencia y la escucha de su Palabra, vivamos en santidad y justicia todos nuestros días. Digámosle:

Santifica, Señor, a tu pueblo.

-Padre santo, que nos diste a Cristo como pastor de nuestras vidas, ayuda a los pastores y a los pueblos a ellos confiados, para que no falte nunca al rebaño la solicitud de sus pastores ni falte a los pastores la obediencia de su rebaño. R.

-Dirige, Señor, el sentir de los pueblos y la mente de sus gobernantes por los caminos de tu voluntad, para que procuren con empeño el bien común. R.

-Tú que creaste a todos los hombres a imagen tuya, haz que sintamos horror de las injusticias y desigualdades entre los hombres. R.

-Llama a tu amistad y a tu verdad a los que viven alejados de ti, y a nosotros enséñanos cómo podemos ayudarlos. R.

Pueden añadirse algunas intenciones libres.

Padrenuestro
Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre diciendo: Padre nuestro…


Oración
Dios, que conviertes a ti los corazones de los creyentes, escucha nuestras súplicas: Concédenos abandonar los senderos del error para seguir a Cristo tu Hijo, por el camino que conduce a la vida; para que fieles a las promesas del bautismo, vivamos coherentemente con nuestra fe, testimoniando con valor la verdad de tu Palabra. Por Cristo nuestro Señor.


Despedida

Que esta ceniza sea signo de nuestro compromiso de vivir la cuaresma como un camino de conversión que nos lleve al encuentro personal con Jesucristo resucitado, liberador del hombre caído en esclavitud.



Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2015


«Fortalezcan sus corazones» (St 5,8)
Queridos hermanos y hermanas:
La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: «Nosotros amemos aDios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos.
Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen… Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos.
Cuando el pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente. Uno de los desafíos más urgentes sobre los que quiero detenerme en este Mensaje es el de la globalización de la indiferencia.
La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos. Por eso, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan.
Dios no es indiferente al mundo, sino que lo ama hasta el punto de dar a su Hijo por la salvación de cada hombre. En la encarnación, en la vida terrena, en la muerte y resurrección del Hijo de Dios, se abre definitivamente la puerta entre Dios y el hombre, entre el cielo y la tierra.
Y la Iglesia es como la mano que tiene abierta esta puerta mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, el testimonio de la fe que actúa por la caridad (cf. Ga 5,6). Sin embargo, el mundo tiende a cerrarse en sí mismo y a cerrar la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo en Él. Así, la mano, que es la Iglesia, nunca debe sorprenderse si es rechazada, aplastada o herida.
El pueblo de Dios, por tanto, tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo. Querría proponerles tres pasajes para meditar acerca de esta renovación.

1. «Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26) – La Iglesia

La caridad de Dios que rompe esa cerrazón mortal en sí mismos de la indiferencia, nos la ofrece la Iglesia con sus enseñanzas y, sobre todo, con su testimonio. Sin embargo, sólo se puede testimoniar lo que antes se ha experimentado. El cristiano es aquel que permite que Dios lo revista de su bondad y misericordia, que lo revista de Cristo, para llegar a ser como Él, siervo de Dios y de los hombres.
Nos lo recuerda la liturgia del Jueves Santo con el rito del lavatorio de los pies. Pedro no quería que Jesús le lavase los pies, pero después entendió que Jesús no quería ser sólo un ejemplo de cómo debemos lavarnos los pies unos a otros. Este servicio sólo lo puede hacer quien antes se ha dejado lavar los pies por Cristo. Sólo éstos tienen «parte» con Él (Jn 13,8) y así pueden servir al hombre.
La Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él. Esto sucede cuando escuchamos la Palabra de Dios y cuando recibimos los sacramentos, en particular la Eucaristía. En ella nos convertimos en lo que recibimos: el cuerpo de Cristo. En él no hay lugar para la indiferencia, que tan a menudo parece tener tanto poder en nuestros corazones. Quien es de Cristo pertenece a un solo cuerpo y en Él no se es indiferente hacia los demás. «Si un miembro sufre, todos sufren con él; y si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26).
La Iglesia es communio sanctorum porque en ella participan los santos, pero a su vez porque es comunión de cosas santas: el amor de Dios que se nos reveló en Cristo y todos sus dones. Entre éstos está también la respuesta de cuantos se dejan tocar por ese amor. En esta comunión de los santos y en esta participación en las cosas santas, nadie posee sólo para sí mismo, sino que lo que tiene es para todos.
Y puesto que estamos unidos en Dios, podemos hacer algo también por quienes están lejos, por aquellos a quienes nunca podríamos llegar sólo con nuestras fuerzas, porque con ellos y por ellos rezamos a Dios para que todos nos abramos a su obra de salvación.

2. «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9) – Las parroquias y las comunidades

Lo que hemos dicho para la Iglesia universal es necesario traducirlo en la vida de las parroquias y comunidades. En estas realidades eclesiales ¿se tiene la experiencia de que formamos parte de un solo cuerpo? ¿Un cuerpo que recibe y comparte lo que Dios quiere donar? ¿Un cuerpo que conoce a sus miembros más débiles, pobres y pequeños, y se hace cargo de ellos? ¿O nos refugiamos en un amor universal que se compromete con los que están lejos en el mundo, pero olvida al Lázaro sentado delante de su propia puerta cerrada? (cf. Lc 16,19-31).
Para recibir y hacer fructificar plenamente lo que Dios nos da es preciso superar los confines de la Iglesia visible en dos direcciones.
En primer lugar, uniéndonos a la Iglesia del cielo en la oración. Cuando la Iglesia terrenal ora, se instaura una comunión de servicio y de bien mutuos que llega ante Dios. Junto con los santos, que encontraron su plenitud en Dios, formamos parte de la comunión en la cual el amor vence la indiferencia.
La Iglesia del cielo no es triunfante porque ha dado la espalda a los sufrimientos del mundo y goza en solitario. Los santos ya contemplan y gozan, gracias a que, con la muerte y la resurrección de Jesús, vencieron definitivamente la indiferencia, la dureza de corazón y el odio. Hasta que esta victoria del amor no inunde todo el mundo, los santos caminan con nosotros, todavía peregrinos. Santa Teresa de Lisieux, doctora de la Iglesia, escribía convencida de que la alegría en el cielo por la victoria del amor crucificado no es plena mientras haya un solo hombre en la tierra que sufra y gima: «Cuento mucho con no permanecer inactiva en elcielo, mi deseo es seguir trabajando para la Iglesia y para las almas» (Carta 254,14 julio 1897).
También nosotros participamos de los méritos y de la alegría de los santos, así como ellos participan de nuestra lucha y nuestro deseo de paz y reconciliación. Su alegría por la victoria de Cristo resucitado es para nosotros motivo de fuerza para superar tantas formas de indiferencia y de dureza de corazón.
Por otra parte, toda comunidad cristiana está llamada a cruzar el umbral que la pone en relación con la sociedad que la rodea, con los pobres y los alejados. La Iglesia por naturaleza es misionera, no debe quedarse replegada en sí misma, sino que es enviada a todos los hombres.
Esta misión es el testimonio paciente de Aquel que quiere llevar toda la realidad y cada hombre al Padre. La misión es lo que el amor no puede callar. La Iglesia sigue a Jesucristo por el camino que la lleva a cada hombre, hasta los confines de la tierra (cf. Hch 1,8). Así podemos ver en nuestro prójimo al hermano y a la hermana por quienes Cristo murió y resucitó. Lo que hemos recibido, lo hemos recibido también para ellos. E, igualmente, lo que estos hermanos poseen es un don para la Iglesia y para toda la humanidad.
Queridos hermanos y hermanas, cuánto deseo que los lugares en los que se manifiesta la Iglesia, en particular nuestras parroquias y nuestras comunidades, lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia.

3. «Fortalezcan sus corazones» (St 5,8) – La persona creyente

También como individuos tenemos la tentación de la indiferencia. Estamos saturados de noticias e imágenes tremendas que nos narran el sufrimiento humano y, al mismo tiempo, sentimos toda nuestra incapacidad para intervenir. ¿Qué podemos hacer para no dejarnos absorber por esta espiral de horror y de impotencia?
En primer lugar, podemos orar en la comunión de la Iglesia terrenal y celestial. No olvidemos la fuerza de la oración de tantas personas. La iniciativa 24 horas para el Señor, que deseo que se celebre en toda la Iglesia —también a nivel diocesano—, en los días 13 y 14 de marzo, es expresión de esta necesidad de la oración.
En segundo lugar, podemos ayudar con gestos de caridad, llegando tanto a las personas cercanas como a las lejanas, gracias a los numerosos organismos de caridad de la Iglesia. La Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro, con un signo concreto, aunque sea pequeño, de nuestra participación en la misma humanidad.
Y, en tercer lugar, el sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversión, porque la necesidad del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos. Si pedimos humildemente la gracia de Dios y aceptamos los límites de nuestras posibilidades, confiaremos en las infinitas posibilidades que nos reserva el amor de Dios. Y podremos resistir a la tentación diabólica que nos hace creer que nosotros solos podemos salvar al mundo y a nosotros mismos.
Para superar la indiferencia y nuestras pretensiones de omnipotencia, quiero pedir a todos que este tiempo de Cuaresma se viva como un camino de formación del corazón, como dijo Benedicto XVI (Ct. enc. Deus caritas est, 31).
Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios. Un corazón que se deje impregnar por elEspíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. En definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro.
Por esto, queridos hermanos y hermanas, deseo orar con ustedes a Cristo en esta Cuaresma: «Fac cor nostrum secundum Cor tuum»: «Haz nuestro corazón semejante al tuyo» (Súplica de las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús). De ese modo tendremos un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se deje encerrar en sí mismo y no caiga en el vértigo de la globalización de la indiferencia.
Con este deseo, aseguro mi oración para que todo creyente y toda comunidad eclesial recorra provechosamente el itinerario cuaresmal, y les pido que recen por mí. Que el Señor los bendiga y la Virgen los guarde.
Vaticano, 4 de octubre de 2014
Fiesta de san Francisco de Asís
FRANCISCUS PP.

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