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viernes, 24 de febrero de 2017

BREVE PERSPECTIVA HISTÓRICA DE LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN


BREVE PERSPECTIVA HISTÓRICA DE LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN


Por Daniel Turriago Rojas



Por medio del presente artículo no intento hacer una reflexión teológica, sobre los aciertos o desaciertos de la TL, solo pretendo presentar una breve síntesis de lo que ha sido su proceso histórico.


1.  Antecedentes


La TL hunde sus raíces en el siglo XVI en un contexto de cristiandad americana, con las denuncias teológico-proféticas de Antonio Montesinos, Bartolomé de las Casas, Juan del Valle, Pedro Claver, Antonio Vieria y Antonio de Valdivieso ante la situación de los excluidos de la época, indígena y negro.

Es así como las Casas considera que los indios estaban mejor como paganos con vida, que, como cristianos muertos, concluyendo que debían ser persuadidos por el poder del evangelio y no por la fuerza de las armas.

En el siglo XIX, la TL fundamenta los procesos de liberación nacional,  a través de los teólogos Juan Germán Roscio, José María Morelos, Juan Fernández de Sotomayor, quienes describen la situación de las colonias españolas en América, haciendo un análisis de su realidad a la luz de la fe y del evangelio, elaborando un juicio teológico-moral de su situación y motivando a la praxis revolucionaria, como elemento para la transformación de las estructuras de injusticia, pecado y la conducción a la paz y la libertad de los hijos de Dios.


2.  Latinoamérica siglo XX: décadas del 50 y 60


En la mitad del siglo XX América Latina se orienta a cambios sociales debido a la industrialización.

De una sociedad rural y sacra, de terratenientes y campesinos, a una sociedad urbana secularizada, de clases medias y obreras.

Finalizan las dictaduras de la época, algunas de ellas con tinte populista, Nicaragua (Somoza), Cuba (Batista), Colombia (Rojas Pinilla), Venezuela (Guzmán Banco) y Argentina (Perón).

América Latina se encuentra en un proceso de ebullición social debido a las transformaciones socio-económicas que coinciden con la revolución cubana, 1957, y la difusión de los postulados marxistas que motivan movimientos guerrilleros en Venezuela, Guatemala y Perú.

Bajo el proyecto de guerra fría y la penetración del comunismo en América Latina, la administración norteamericana, lanza el programa Alianza para el Progreso que tiene como objetivo frenar la insurgencia promoviendo el desarrollo.

Se implementan en América Latina políticas económicas desarrollistas, en las cuales la Iglesia participa a través de la acción católica, llegando a los excluidos de la sociedad.

A Europa van a formarse sacerdotes y seminaristas, con la visión de la nueva teología francesa y alemana, el estudio de las ciencias sociales, es el caso, de Camilo Torres Restrepo, quién considera como deber de todo cristiano comprometerse con el cambio de las estructuras económicas, sociales y políticas.

Se inicia el diálogo de la Iglesia con la modernidad bajo la orientación de Juan XXIII (1958-1963) y del concilio Vaticano II (1962-1965), proponiendo una teología que parta de la palabra viva de los pueblos y se reflexione a la luz de la fe.

 En el mismo concilio el Papa y el cardenal Lercaro[1] proclaman la Iglesia como “Iglesia de los pobres”.

En este ambiente de renovación y reflexión eclesial se reúnen en 1964, en el Instituto Teológico de los Franciscanos, Petrópolis:

Juan Luis Segundo, quién diserta, sobre los problemas de los teólogos en América Latina.

Lucio Gera, con su ponencia, la función del teólogo en América Latina.
Gustavo Gutiérrez, con su conferencia, diálogo con las élites culturales, los profesionales y los más pobres y la situación de extrema pobreza del continente.



El CELAM con el Instituto de Teología Pastoral Latinoamericano (Itepal), organiza varias reuniones, donde se tratan temas como cristología y pastoral en Cuernavaca (1965), palabra y evangelización en Santiago de Chile (1966), y teología de la historia en Montevideo (1967).

A 3 años de terminado el concilio Vaticano II (1962-1965), se reúnen en Medellín los obispos latinoamericanos tomando conciencia de la situación social, analizando la relación fe y justicia, el pecado social, la liberación de los pobres y denunciando la injusticia y la violencia institucionalizada.

Iluminados con el Vaticano II y la encíclica sobre el progreso de los pueblos, de Pablo VI, la Iglesia latinoamericana entabla diálogo con su realidad, debelando un mundo de vasta pobreza y opresión, por ello, la Iglesia “tiene un mensaje para todos los hombres, que en este continente, tienen “hambre y sed de justicia”… y el Episcopado Latinoamericano no puede quedar indiferente ante las tremendas injusticias sociales existentes en América Latina, que mantienen a la mayoría de nuestros pueblos en una dolorosa pobreza cercana en muchísimos casos a la inhumana miseria.”[2]

Bajo estos signos de los tiempos la teología latinoamericana toma conciencia de ser teología de la liberación y no teología del desarrollo, proponiéndose hacer teología a partir de la realidad histórica de los pobres en América Latina que reflexionan críticamente sobre la praxis a la luz de la fe.

Se rechaza la noción de desarrollo y es reemplazada por la de liberación, el mismo Gustavo Gutiérrez, argumenta que la palabra liberación de origen bíblico, expresa la radicalidad y conflictividad propias del proceso que viven los pobres en América Latina impulsándolos a terminar con la dependencia y el subdesarrollo.

Gustavo Gutiérrez,[3] afirma que la teología debe “encontrar un lenguaje sobre Dios que surja de la situación creada por la injusticia y la pobreza en que vive la gran mayoría, ya sean razas despreciadas, clases sociales explotadas, culturas marginadas o mujeres que sufren discriminación. Debe ser al mismo tiempo un discurso alimentado por la esperanza de un pueblo que busca la liberación. En este contexto de sufrimientos y alegrías, de incertidumbre y convicciones, de generosos compromisos y ambigüedades, debe brillar sin descanso nuestra comprensión de la fe…la teología de la liberación trata, en comunión eclesial, de ser un lenguaje sobre Dios.”[4]

Ignacio Ellacuría,[5] considera, “la TL trata primariamente de todo lo que atañe al reino de Dios, sólo que enfoca todos y cada uno de sus tópicos, aun los más elevados y aparentemente separados de la historia, sin olvidar nunca, y frecuentemente con atención muy especial, su dimensión liberadora.”[6]

Leonardo Boff,[7] asegura que, “la teología no tiene sólo a Dios como referencia, sino a todas las cosas si se las considera a la luz de Dios. Por eso su objetivo es absolutamente todo, desde la búsqueda de la serenidad personal, pasando por la liberación económica y social de los pobres y excluidos.”[8]

Rubem Alves,[9] quién dice, “mis investigaciones no pretenden ser otra cosa sino la expresión de la participación en una comunidad de cristianos que está batallando para descubrir como hablar fielmente el lenguaje de la fe en el contexto de su compromiso con la liberación histórica del hombre.”[10]

José Míguez Bonino,[11] quién confirma que, “la soberanía de Dios se realiza polémicamente en la historia…la historia es en la Biblia ese conflicto de Dios con su pueblo en medio de los pueblos y en relación con ellos.”[12]

Julio Santa Ana,[13] quién define la TL como, “una reflexión teológica formulada en el contexto de una praxis de liberación…no se trata de meras formulaciones teóricas, sino de una teología viva.”[14]




3.  Algunos elementos de la Teología de la Liberación


Se fundamenta en el Dios de la vida que considera al pobre persona.

En el seguimiento de Jesús liberador que se hermana con el pobre.

El pobre como lugar teológico privilegiado donde se manifiesta Dios.

La TL parte de la práctica de la fe en una espiritualidad de liberación como acto segundo, que lleva a la reflexión crítica como acto primero.
Esta reflexión no se da solamente en las universidades o con la lectura de libros, sino en relación con los pobres.

Las comunidades eclesiales de base son el medio de difusión de la TL de allí salen los catequistas, laicos, religiosos, sacerdotes y obispos.

Las comunidades eclesiales de base actúan analizando la realidad a la luz de la lectura bíblica comunitaria.

Para la TL la historia de la Iglesia es la memoria del pueblo cristiano que se escribe en clave crítica y no apologética.

La TL utiliza la mediación socio analítica de las ciencias sociales asumiendo la crítica al desarrollismo, a la teoría de la dependencia y optando por la práctica de la liberación, como alternativa radical al capitalismo estructural.

La TL incluye el análisis marxista como manera de conocer la realidad que permite la acción política y social.

La TL utiliza la mediación hermenéutica. El estudio contextual de la Biblia en comunidad, por ello al optar por los pobres, hay que leer la Biblia con ellos.

El método que utiliza la TL se fundamenta en el propuesto por la acción católica ver, juzgar y actuar.

La TL de la liberación pretende ser un lenguaje sobre Dios, siendo un esfuerzo por hacer presente la Palabra de Vida en el mundo de la opresión de la injusticia y la muerte.

La TL   se fundamenta en una teología bíblico-profética y pastoral más que en la consideración de una teología doctrinal, sistemática, sapiencial, narrativa y espiritualista.

La TL en su reflexión lleva a profundizar los grandes temas del quehacer teológico, Biblia, Carlos Mesters. Cristología, Hugo Echegaray-Jon Sobrino. Mariología, Leonardo Boff. Eclesiología, Leonardo Boff-Jon Sobrino. Antropología y escatología, J. Comblim-J.B. Libanio. Espiritualidad, Segundo Galilea-Gustavo Gutiérrez. Historia, CEHILA-Enrique Dussel. Religiosidad popular, Diego Irarrazaval. Teología moral, Antonio Moser.


4.  Latinoamérica: década del 70


En la década del 70 en América Latina se desarrollan toda una serie de movimientos de liberación en los cuales participan cristianos que propugnan por el cambio social que derrumbe las estructuras de pecado, apoyando, al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y al Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN).

Su opción es crear una sociedad socialista que se asemeje al reino de Dios.

Como reacción a esta serie de movimientos de liberación, se implementa el esquema de Seguridad Nacional, dando paso a gobiernos represivos y dictatoriales, Brasil (1964), Bolivia (1971), Uruguay (1973), Chile (1973), Perú (1975), Ecuador (1976), Argentina (1976), Paraguay (1977) y países centroamericanos en toda la década del 70.

En este contexto algunos obispos optan por los pobres asumiendo la defensa de los derechos humanos, Helder Cámara (Olinda-Recife, Brasil), Pedro Casaldáliga (Sao Félix do Paraguaya, Brasil), Tomás Balduino (Goais, Brasil), Samuel Ruiz (San Cristóbal de las Casas-Chiapas, México), Paulo Evaristo Ars (Sao Pablo, Brasil), Raúl Silva Enríquez (Santiago de Chile), Leonidas Proaño (Riobamba, Ecuador), Antonio Fragoso (Crateús, Brasil), Sergio Méndez Arceo (Cuernavaca-México) y Oscar Arnulfo Romero (San Salvador), quién afirma, la “Iglesia es perseguida precisamente por su opción preferencial por los pobres y por tratar de encarnarse en el interés de los pobres…sería triste que en una patria donde se está asesinado horrorosamente no contáramos entre las víctimas también a los sacerdotes. Son el testimonio de una Iglesia encarnada en los problemas del pueblo…La Iglesia sufre el destino de los pobres: la persecución. Se gloría nuestra Iglesia de haber mezclado su sangre de sacerdotes, de catequistas y de comunidades con las masacres del pueblo y de haber llevado siempre la marca de la persecución…Una Iglesia que no sufre persecución, sino que está disfrutando los privilegios y el apoyo de la tierra, esa Iglesia ¡tenga miedo: No es la verdadera Iglesia de Jesucristo!.”[15]

En la Iglesia se inicia una crítica y condena a la TL y sus teólogos, en 1971, por medio del Centro de Estudios para el Desarrollo e Integración de América Latina, CEDIAL, bajo la orientación de Roger Vekemans y Alfonso López Trujillo, con su órgano de difusión, la revista Tierra Nueva, se propone como alternativa un análisis teológico y social diferente al de la TL.

El teólogo Boaneventura Kloppenburg, en la revista Communio, crítica la TL por “dar prioridad a la situación sobre el evangelio, descuidar la dimensión ontológica y contemplativa de la teología, el peligro de reducir la teología a politología, la minusvalorización del pecado personal y acentuación del pecado estructural, la tendencia a unir de modo exclusivo e indisoluble evangelio y sistema socialista.”[16]

El CELAM en 1972, en la XIV asamblea ordinaria en Sucre (Bolivia), elige como secretario general a Alfonso López Trujillo, iniciándose un proceso de purga del CELAM y arremetiendo contra los teólogos de la liberación, aunque Pablo VI, en su carta apostólica con ocasión del 80 aniversario de la encíclica Rerum novarum, 1971, muestra gran interés por el impacto de la TL y el socialismo sobre los católicos.

La Comisión Teológica Internacional en su documento, Promoción Humana y Salvación Cristiana, 1977 condena la TL por sus posiciones políticas contrarias a la unidad de la Iglesia.

Se puede decir que la Iglesia latinoamericana en este contexto, muestra tres tendencias, una tradicional que solo le interesa la dimensión espiritualista y sacramentalista.

Una reformista que, bajo la orientación de los documentos sociales de la Iglesia, propone un rechazo a la violencia y la injusticia.

Una radical que considera deber de todo cristiano hacer la revolución que conduzca al socialismo.

En la III conferencia del Episcopado latinoamericano celebrada en Puebla, 1979, los teólogos de la liberación son excluidos, aunque finalmente en el documento conclusivo se mantiene la opción preferencial por los pobres.


5.  Latinoamérica: década de los 80

Década en que terminan los gobiernos militares dando paso a autoridades civiles. Se logra la paz en el Salvador.

América Latina se encuentra en crisis económica debida al pago de la deuda externa, por ello, el cardenal Paulo Evaristo Ars, franciscana, afirma que el compromiso de los gobiernos no es con los deudores sino con los pueblos.

El papa Juan Pablo II (1978-2005), realiza una serie de viajes por Brasil (1980), Centroamérica (1983), países andinos (1985), aunque paradójicamente en sus discursos, toma una actitud de crítica a la TL, a la vez, denuncia la injusticia estructural que sufren los pueblos latinoamericanos.

En 1980 es asesinado el Arzobispo de San Salvador Oscar Arnulfo Romero y Juan Pablo II, “en su primer viaje a Centroamérica, 1983, se detiene inesperadamente en la catedral de San Salvador, entra en ella y arrodillándose, ora sobre la tumba del arzobispo y lo recuerda como un celoso Pastor, a quien el amor de Dios y el servicio a los hermanos lo condujeron hasta la entrega misma de la vida.”[17]

Se inicia el proceso contra los teólogos Gustavo Gutiérrez, 1983, y Leonardo Boff, 1985, a quién se le impone silencio absoluto no permitiéndosele enseñar o publicar, por atentar contra la “recta doctrina”, al utilizar en su método teológico un lenguaje no moderado. Al no utilizar en su teología la tradición de la Iglesia. Al fundamentar la teología no en la Fe, sino en las situaciones históricas. Al hacer la dicotomía entre la figura histórica de la Iglesia y la Iglesia de Cristo.

En 1986 los obispos brasileños tienen una reunión con Juan Pablo II donde se revoca el silencio impuesto a Leonardo Boff.

El 6 de agosto de 1984, la Congregación para la Doctrina de la Fe, por medio de la Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación, firmada por el cardenal Joseph Ratzinger, considera que la TL reduce el reino de Dios a un humanismo intrascendente.

Que el análisis marxista de la realidad que utiliza la TL lleva a un ateísmo.

Que los teólogos de la liberación optan por una interpretación racionalista de la Biblia.

Que la eclesiología que propone la TL conduce a una Iglesia Popular en conflicto con la Iglesia jerárquica.

En el sínodo de 1985, se afirma, “hay pastores que se muestran débiles con los errores difundidos en seminarios, enseñados en las facultades de teología, en los libros y propagados por los medios de comunicación, y hay obispos que hasta sostienen dichos errores y llegan a defender a los que han publicado dichas doctrinas.”[18]

El 5 de abril de 1986, la Congregación para la doctrina de la Fe, publica la Instrucción sobre la libertad cristiana y la liberación. En esta ratifica que el análisis marxista conduce al ateísmo, condenando la violencia como vía necesaria para la liberación y proponiendo que la doctrina social de la Iglesia[19] es la guía verdadera para la praxis cristiana de la liberación, ya que “aquellos que desacreditan la vía de las reformas a favor del mito de la revolución no sólo nutren la ilusión de que la abolición de una situación inicua basta por sí misma para crear una sociedad más humana, sino que favorecen además la llegada de regímenes totalitarios”[20].

La misma Instrucción trata de clarificar algunos conceptos como pueblo, pobres, comunidad, experiencia, historia, que según ella, no se deben definir de una lectura marxista, ya que se dejaría a un lado el concepto bíblico de pobre y siguiendo la historia y la dialéctica marxista se hablaría de proletariado.

Para el cardenal Ratzinger la teología de la liberación, “en sus formas que se rehacen conforme al marxismo, no es enteramente un producto autóctono, indígena, de América Latina o de otras zonas subdesarrolladas, donde habría nacido y habría crecido por obra del pueblo. Se trata en realidad, al menos en su origen, de una creación de intelectuales nacidos y formados en el Occidente opulento: europeos son los teólogos que la han iniciado, europeos –o educados en las universidades europeas- son los teólogos que la hacen crecer en Sudamérica.”[21]

En 1989, la Santa Sede, por medio de las congregaciones para los Institutos de Vida Consagrada y  para la Doctrina de la Fe, intervienen  a la Confederación Latinoamericana  de Religiosos, CLAR,  por su proyecto “Palabra-Vida”, porque, “el Proyecto no está en una línea hermenéutica conforme a la establecida por el Concilio Vaticano II…en él se propone una lectura de la Sagrada Escritura que prescinde completamente tanto de la Tradición como del Magisterio de la Iglesia, y se asumen, en cambio, como clave hermenéutica, la experiencia histórica y la situación de conflicto de los pobres.”[22] 

Para el historiador de la teología, Jean-Yves Lacoste “las torpezas de la teología de la liberación son razonablemente evidentes. Por una parte, esta doctrina limita la salvación a su dimensión veterotestamentaria. Por otra, muchos autores proceden a llevar a cabo un análisis marxista de la sociedad creyendo de buena fe que el materialismo histórico puede utilizarse como instrumento de trabajo científico, y que no tiene un verdadero lazo con el materialismo dialéctico, y en ello se equivocan sobre Marx…la influencia implícita o explícita del marxismo lleva a la teología de la liberación a desinteresarse de lo religioso y lo cultural”[23]

Los ataques y condenas contra la teología de la liberación suscitan una fuerte solidaridad de universidades y teólogos europeos como Schilebeeckx, Rahner, Metz, González Faus, Chenu, Congar.




6.  Latinoamérica: década del 90

Con la caída del socialismo real, 1989, y el triunfo del liberalismo el mundo da paso al neoliberalismo y la globalización.
Los ataques a la TL ya no son teóricos sino eclesiales, como, el nombramiento de obispos conservadores y el apoyo de movimientos hostiles a la teología de la liberación.[24]

La TL se enfrenta a una dinámica eclesial menos favorable donde se espiritualiza la pobreza y se opta por una espiritualidad privada e intimista.

En plenaria la Pontificia Comisión para América Latina, 2001, en cabeza del cardenal Joseph Ratzinger, destaca que en “la situación actual de América Latina, desde el punto de vista teológico, se caracteriza por la presencia de una teología de la liberación en tonos más serenos, pero más vivos”, alertando la misma comisión a los pastores de la persistencia de una TL “contraria a la doctrina católica, que se presenta ahora con nuevas manifestaciones, como son la teología india, el feminismo extremo y el ecologismo ideologizado.”[25]

Benedicto XVI, en 2006, al prologar su libro Jesús de Nazaret, afirma “sin duda, no necesito decir expresamente que este libro no es en modo alguno un acto magisterial, sino únicamente expresión de mi búsqueda personal “del rostro del Señor” (Sal 27,8). Por eso, cualquiera es libre de contradecirme. Pido sólo a los lectores y lectoras esa benevolencia inicial, sin la cual no hay comprensión posible.”[26]
En marzo de 2007, la Congregación para la Doctrina de la Fe, prohíbe a Jon Sobrino, enseñar y escribir en instituciones católicas su cristología.

En el nuevo contexto histórico mundial los teólogos de la liberación tratan temas sobre la condición teológica de la secularización. Cuestiones de sacramentología: celibato, carisma sacerdotal, teología del diaconado, incompatibilidad de la condición femenina y la ordenación sacerdotal. Eclesiología: Jesús-Reino-Iglesias locales e Iglesia Universal. Teología de la mujer. Teología de los religiosos. Ecología, teología de la tierra. Los indígenas. Los campesinos. El neoliberalismo. La globalización.





7.   A manera de conclusión

Como afirma, Gustavo Gutiérrez, la TL sigue teniendo sentido en la América Latina de hoy, porque, “es un esfuerzo por hacer presente en este mundo de opresión, injusticia y muerte, la Palabra de vida.”[27]; y como lo asevera Daniel G. Groody,“el auténtico compromiso por la liberación humana es un esfuerzo, basado en la gracia, por desenmascarar los ídolos de la riqueza, del poder, del prestigio y del orgullo y por destruir los muros entre los poderosos y los pobres y, en último término entre los seres humanos y Dios”[28]



Bibliografía

Alberigo, Giuseppe. Breve historia del concilio Vaticano II (1959-1965). Salamanca: Ediciones Sígueme, 2005.

Benedicto XVI. Jesús de Nazaret. Bogotá: Planeta, 2007.

Girardi, Giulio. El templo condena el evangelio. El conflicto sobre la teología de la liberación entre el Vaticano y la Clar.  Madrid: Nueva Utopía, 1994.

Groody, Daniel G. Globalización, espiritualidad y justicia. Estella (Navarra): Editorial Verbo Divino, 2009.

Laboa Gallego, Juan María. Historia de los Papas. Madrid: La esfera de los libros, 2007.

Lacoste, Jean-Yves (Director). Historia de la teología. Buenos Aires: Edhasa, 2011.

Riccardi, Andrea. El poder del Papa. Madrid: PPC, 1997.

Rowland, Christophert. La teología de la liberación. Madrid: Cambridge University Press, 2005.

Saranyana, Joseph-Ignasi. Cien años de Teología en América Latina (1899-2001). Bogotá D.C.: CELAM, 2005.

Tamayo, Juan-José. Bosch, Juan (eds.) Panorama de la teología latinoamericana. Estella (Navarra): Editorial Verbo Divino, 2001.

Tamayo-Acosta, Juan José. Para comprender la teología de la liberación. Estella (Navarra): Editorial Verbo Divino, 2000.

Turriago Rojas, Daniel. Monseñor Romero: Un cristiano en la historia de América Latina. S.p.i.



















[1] El cardenal Giacomo Lercaro (1891-1976), arzobispo de Bolonia, uno de los cardenales progresistas que participó en los cónclaves de 1958, 1963 y en el concilio Vaticano II, en la primera sesión del 11 de octubre a el 8 de diciembre de 1962, “lanzó en el aula la propuesta de que la idea dominante de toda la obra conciliar debería ser la de “la Iglesia de los pobres”, presentándola “como elemento de síntesis, el punto de clarificación y de coherencia de todos los temas tratados hasta ahora” y el resto del trabajo venidero. La presencia de Cristo en los pobres –entonces dos tercios de la humanidad- se integraba con las otras realidades profundas del misterio de Cristo en la Iglesia: la eucaristía y el episcopado. Dicha perspectiva, acaso la más original y profética de este período, amén de ser acogida con entusiasmo sobre todo por los episcopados del sur del planeta, puso fin –por razones puramente organizativas- a la primera fase de los trabajos, confirmando su altísimo nivel.” En: Alberigo, Giuseppe. Breve historia del concilio Vaticano II (1959-1965). Salamanca: Ediciones Sígueme, 2005. P. 61.  
[2] Medellín 1,3-14,1-2.
[3] Nace en Lima, 1928. Realiza estudios de medicina, sicología y teología en las universidades de Lima, Lovaina y la Gregoriana de Roma. Doctorado en Teología en la universidad de Lyon. Fundador del Instituto Bartolomé de las Casas. Actualmente pertenece a la orden de predicadores. Es considerado el iniciador de la teología de la liberación. Entre sus obras se encuentran Teología de la liberación. Perspectivas (1971). La fuerza histórica de los pobres (1982). La verdad los hará libres. Confrontaciones (1986). Hablar de Dios desde el sufrimiento de los inocentes (1986). El Dios de la vida (1989). En busca de los pobres de Jesucristo. El pensamiento de Bartolomé de las Casas (1993). El rostro de Dios en la historia (1996). El futuro de la reflexión teológica en América Latina (1996).
[4] Gutiérrez, Gustavo. Labor y contenido de la teología de la liberación. En: Rowland, Christophert. La teología de la liberación. Madrid: Cambridge University Press, 2005. P. 61-63.
[5] Nace en España 1930. Ingresa a la Compañía de Jesús residiendo en América Latina desde 1949. Estudia teología en la universidad de Innsbruck. Se doctora en filosofía con una tesis sobre el pensamiento de X. de Zuburi. Rector de la universidad salvadoreña José Simeón Cañas (UCA). En el proceso de paz en San Salvador, 1989, es asesinado por un escuadrón militar. Entre sus obras se encuentran Hipótesis para una historia de la Iglesia en América Latina (1967). Para una ética de la liberación latinoamericana (1973-1980). Los obispos latinoamericanos y la liberación de los pobres (1979). Metáforas teológicas de Marx (1993). Ética de la liberación en la edad de la globalización y de la exclusión (1998).
[6] Citado en Saranyana, Joseph-Ignasi. Cien años de Teología en América Latina (1899-2001). Bogotá D.C.: CELAM, 2005.
[7] Nace en Brasil 1938. Doctor en teología por la universidad de Munich. Profesor de teología sistemática en la universidad de Petrópolis. Profesor emérito de espiritualidad, ética y teología en la Universidad de Río de Janeiro. Entre sus obras se encuentran Jesucristo liberador (1974). Teología del cautiverio y de la liberación (1978). Jesucristo y la libración del hombre (1981). Iglesia: carisma y poder (1982). La Trinidad, la sociedad y la liberación (1987). Ecología. Grito de la tierra. Grito del pobre (1996). Mística y espiritualidad (1996). El águila y la gallina. Una metáfora de la condición humana (1998).
[8] Boff, Leonardo. Teología bajo el signo de la transformación. En: Tamayo, Juan José – Bosch, Juan (eds). Panorama de la teología latinoamericana. Estella (Navarra): Verbo Divino, 2001. P. 174.
[9] Nace en Brasil 1933. Doctor en teología. Miembro del Consejo Mundial de Iglesias. Perteneció a la Iglesia Presbiteriana. Es uno de los significativos representantes de la TL en el campo protestante. Entre sus obras se encuentran El pueblo de Dios y la libración del hombre (1970). Función ideológica y posibilidades utópicas del protestantismo latinoamericano (1971). Cristianismo, ¿Opio o liberación? (1973). La nueva frontera de la teología en América Latina (1977).
[10] Citado en Tamayo-Acosta, Juan José. Para comprender la teología de la liberación. Estella (Navarra): Editorial Verbo Divino, 2000. P. 194.
[11] Nace en Argentina 1924. Ministro de la Iglesia Evangélica Metodista. Doctor en teología. Asiste al concilio Vaticano II como observador. Entre sus obras se encuentran Teología y liberación (1970). Pueblo oprimido señor de la historia (1972). La piedad popular en América Latina (1974). ¿Quién es Jesucristo hoy en América Latina? Cristianismo y Sociedad (1975). La nueva frontera de la teología (1977). Compromiso cristiano ante el sufrimiento (1984).
[12] Citado en Tamayo-Acosta, Juan José. Op. Cit. P. 253.
[13] Nace en Montevideo 1934. Pastor. Doctor en ciencias de la religión. Entre sus obras se encuentran Hacia la Iglesia de los pobres (1983). Ecumenismo y libración (1997). La práctica económica como religión. Crítica teológica a la economía política (1991).
[14] Santa Ana, Julio de. Entre el pasado y el presente. En: Tamayo, Juan-José – Bosch, Juan. Op. Cit. P. 550.
[15] Citado en Turriago Rojas, Daniel. Monseñor Romero: Un cristiano en la historia de América Latina. S.p.i. P. 8-9.
[16] Citado en Tamayo-Acosta, Juan José. Op. Cit. P.16.
[17] Citado en Turriago Rojas, Daniel. Op. Cit. P. 11.
[18] Comentario del cardenal brasileño Araujo Sales.
[19] Para el historiador Andrea Ricardi, la doctrina social de la Iglesia “no es una tercera vía entre capitalismo librecambista y colectivismo marxista…no es ni siquiera una ideología, sino la formulación cuidadosa de los resultados de una atentar reflexión sobre las complejas realidades de la existencia del hombre, en la sociedad y en el contexto internacional, a la luz de la fe y de la tradición eclesial”. En: El poder del Papa. Madrid: PPC, 1997.
[20] Congregación para la doctrina de la fe. Istruzione su libertá cristiana e liberazione. Ciudad del Vaticano, 1986. P.47.
[21] Ratzinger, J. Rapporto sulla fede. Milán: s.e., 1985. P. 199.
[22] Girardi, Giulio. El templo condena el evangelio. El conflicto sobre la teología de la liberación entre el Vaticano y la Clar. Madrid: Nueva Utopía, 1994. P. 199.
[23] Lacoste, Jean-Yves (Director). Historia de la teología. Buenos Aires: Edhasa, 2011. P. 375.
[24] Sobre esta actitud el historiador, Juan María Laboa, afirma, desde el Pontificado de Juan Pablo II (1978-2005), se cambiaron “jerarquías enteras sin tener en cuenta el parecer del pueblo creyente ni de los obispos del país y nombró obispos de una línea, siempre la misma, para cambiar mayorías en las conferencias episcopales. En cierto sentido, el papa itinerante se convirtió en una especie de superobispo…las conferencias episcopales nacionales no lograron actuar autónomamente y a los sínodos episcopales no se les permitió convertirse en un órgano participativo de consejo y gobierno”, protegió a los movimientos y grupos de laicos pero de una teología profundamente tradicional.  En: Historia de los Papas. Madrid: La esfera de los libros, 2007. P. 512.
[25] Saranyana, Joseph-Ignasi. Op. Cit. P. 194-196.
[26] Benedicto XVI. Jesús de Nazaret. Bogotá: Planeta, 2007. P. 20.
[27] Gutiérrez, Gustavo. Op. Cit. P. 63.
[28] Groody, Daniel G. Globalización, espiritualidad y justicia. Estella (Navarra): Editorial Verbo Divino, 2009. P. 318.

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