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viernes, 28 de abril de 2017

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO A LOS VICENTINOS


"La credibilidad de la Iglesia pasa por el camino del amor misericordioso y de la compasión"
Francisco, a los vicentinos: “No existe una auténtica promoción humana sin anuncio del Evangelio”
"No se trata solamente de reencontrar a Cristo en los pobres, sino que los pobres perciban a Cristo en ustedes"
(J. Bastante/Aica).- "No existe una auténtica promoción humana sin anuncio del Evangelio". El Papa Francisco envió un mensaje a la Asociación Internacional de Caridades (AIC), la rama más antigua de la Familia Vicentina, por los 400 años de su fundación.
En el escrito, Bergoglio destacó cómo "la credibilidad de la Iglesia pasa por el camino del amor misericordioso y de la compasión abiertas a la esperanza y esta credibilidad también depende del testimonio personal, ya que no se trata solamente de reencontrar a Cristo en los pobres, sino que los pobres perciban a Cristo en ustedes".
"Si están enraizados en la experiencia personal de Cristo -subrayó Francisco- podrán contribuir también a una cultura de la misericordia, que renueva profundamente los corazones y abre a una nueva realidad", destacó el Papa a la AIC.
El Santo Padre recordó a San Vicente de Paúl, señalando que la misión vicentina "nace de la ternura y de la compasión del corazón de Vicente por los más pobres, a menudo marginados o abandonados en los campos y en las ciudades".
"Su trabajo, con ellos y por ellos, quería reflejar la bondad de Dios con sus criaturas. Veía a los pobres como representantes de Jesucristo, como miembros de su cuerpo sufriente; era consciente de que los pobres, también ellos, estaban llamados a construir la Iglesia y, a su vez, a convertirnos", añadió.
El Santo Padre recordó que Vicente de Paúl, había confiado el cuidado de los pobres a los laicos, especialmente a las mujeres, y que este compromiso por los pobres se asienta en la confianza en la Providencia de Dios.
"¿Qué es la Providencia si no el amor de Dios, que actúa en el mundo y solicita nuestra cooperación?", explicó Francisco, y los animó a acompañar a la persona en su integridad, prestando especial atención a las precarias condiciones de vida de muchas mujeres y niños.
Seguidamente el pontífice los exhortó a tener una vida de fe. "La vida unida a Cristo, nos permite percibir la realidad de la persona, su dignidad incomparable, no como una realidad limitada a los bienes materiales, a los problemas sociales, económicos y políticos, sino verla como un ser creado a imagen y semejanza de Dios, como un hermano o una hermana, como nuestro prójimo del que somos responsables", escribió el Papa.
Para "ver" estas pobrezas y acercarse a ellas, no basta seguir grandes ideas sino vivir el misterio de la Encarnación, ese misterio tan amado por San Vicente de Paúl, misterio de ese Dios que se abajó haciéndose hombre, que vivió entre nosotros y murió "para levantar al hombre y salvarlo".
"No son solo hermosas palabras -se lee en el mensaje del Papa- ya que se trata del propio ser y acción de Dios". "Este es el realismo que estamos llamados a vivir como Iglesia. Este es el motivo por el cual no existen una promoción humana ni una liberación auténtica del hombre sin el anuncio del Evangelio porque el aspecto más sublime de la dignidad humana se encuentra en esta vocación del ser humano a la comunión con Dios".
"Confiándolos a la intercesión de la Virgen María, y a la protección de San Vicente de Paul y de Santa Luisa de Marillac", el papa Francisco les envió su bendición apostólica y les pidió que recen por él.
Los orígenes de la Asociación Internacional de Caridades (AICA) se remonta a 1617, año en que San Vicente de Paúl reunió en Châtillon les Dombes, en Francia, a un grupo de señoras, estructurando de esta forma las primeras iniciativas de asistencia a las familias necesitadas de la parroquia. De esta experiencia nacieron distintos grupos que rápidamente se difundieron en Europa y sobrepasaron sus confines. En 1971 con la idea de reunir a todos estas Cofradías nacionales en el mismo espíritu vicentino, se crea la Asociación Internacional de Caridades. Reconocida por la Santa Sede como asociación internacional de fieles.
Las voluntarias de la AIC no se limitan a responder a las necesidades materiales de los pobres, sino que los acompañan también espiritualmente ayudándoles a recuperar dignidad, esperanza, confianza en sí mismos y a integrarse en la sociedad.
La AIC está presente en 51 países distribuidos del siguiente modo: África (6), Asia (6), Europa (14), Norteamérica (13), Sudamérica (10).
Las asociaciones miembros de la AIC gestionan casas para ancianos, escuelas de formación profesional, cooperativas de alimentación; organizan cursos de alfabetización; financian la construcción de escuelas; apoyan proyectos para el acceso al trabajo de grupos con dificultad; actúan en el ámbito de la educación y de la formación de mujeres marginadas.

sábado, 22 de abril de 2017

NOVENA A SANTA LUISA DE MARILLAC

"Patrona de los trabajadores sociales y cuidadores".

Autor: Andrés Felipe Rojas Saavedra.
Presentación: 
Queridos hermanos y hermanas, con gozo y alegría, quiero hacerles participe de esta primera edición de la Novena a Santa Luisa, con esta ya son tres novenas las que cada año publicamos desde Corazón de Paúl (La Milagrosa, San Vicente y Navidad) y queremos dar realce a la fiesta de una de las mujeres más influyentes en la consolidación del carisma Vicentino, y sabiendo que este año es para nosotros los vicentinos un gran acontecimiento jubilar celebrar 400 años, del nacimiento de nuestro carisma.
Hace 400 años, Dios puso en el corazón de San Vicente el deseo ardiente de entregarse por entero al servicio de los más pobres, y más adelante conocería a su gran amiga y compañera de misión, a quién le confio en primer lugar las Cofradias de la Caridad y luego el nacimien-to de las Hijas de la Caridad.
Te invito a que juntos vivamos esta novena como un espacio para descubrir las muchas face-tas de santa Luisa de Marillac, a través de sus escritos más relevantes, que estos nueve días sean para nosotros de gran amor y piedad para que al celebrar esta fiesta el 9 de Mayo nos unamos a toda la iglesia para clamar a una sola voz que nuestro carisma Vicentino aún sigue vivo.
Fuentes: Escritos de Santa Luisa de Marillac. Y Biografía tomada de (http://famvin.org/wiki-es/Luisa_de_Marillac)

Oración para todos los días:

novena santa luisa3
Oh Dios, que suscitaste en el corazón de Santa Luisa de Marillac el celo por la salvación de las almas y alentaste en ella el amor hacia tu hijo Jesucristo en la persona de los más pobres, enséñanos de ellas, la virtud de la humildad, la sencillez y la caridad que la caracterizaron en su obra apostólica. Danos Señor te lo pedimos un corazón como el suyo capaz de ser fieles a la vocación y con el deseo ferviente de ser constructores de familias santas entregadas al apostolado de la Iglesia, para que se pueda construir en medio de los que sufren el Reino de los cielos con justicia y caridad. Amén.

Oración a Santa Luisa de Marillac:

Santa Luisa de Marillac, esposa fiel, madre modelo, formadora, misionera y maestra. Ayúdanos a alcanzar del Señor, las mismas virtudes que alentaron tu vida para entregar por completo la nuestra al servicio de Jesucristo en la personas de los más pobres, de los enfermos y de los desamparados. En tu protección confiamos la misión de toda la familia vicentina, los trabajadores sociales y la de todos los hombres y mujeres de buena voluntad que trabajan por la construcción del Reino de Dios, para que fieles al llamado de nuestro Señor Jesucristo sean agentes de la paz y la reconciliación. Amén.

Oración por los 400 años del Carisma Vicentino:

novena santa luisa1
Señor, Padre Misericordioso, que suscitaste en San Vicente de Paúl una gran inquietud por la evangelización de los pobres, infunde tu Espíritu en los corazones de sus seguidores. Que, al escuchar hoy el clamor de tus hijos abandonados, acudamos diligentes en su ayuda “como quien corre a apagar un fuego”. Aviva en nosotros la llama del carisma que desde hace 400 años ánima nuestra vida misionera. Te lo pedimos por tu Hijo, “el Evangelizador de los pobres”, Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración a la Virgen (atribuida a Santa Luisa):

Santísima Virgen, creo y confieso vuestra Santa e Inmaculada Concepción, pura y sin mancha. ¡Purísima Virgen!, por tu pureza virginal, tu Inmaculada Concepción y tu gloriosa cualidad de Madre Dios, alcánzame de tu amado Hijo: la humildad, la caridad, una gran pureza de corazón, cuerpo y espíritu, la perseverancia en mi vocación, el don de oración, una santa vida y una buena muerte

Gozos Santa Luisa de Marillac:

Oh Santa Luisa modelo de mujer creyente
Misionera y maestra de la caridad
Enséñanos a llevar a Cristo
Comunicando a otros el verdadero amor.
Enamorada fuiste, de Jesús sacramentado
Que tu ejemplo nos inspire
En estos 400 años para mostrar a otros
El cristo crucificado.
Esposa y madre que con gran ejemplo
Oraste y perseveraste para que
Tu hogar, terruño de amor, fuese
Un ejemplo del hogar de Nazaret santo.
Mística y maestra de oración,
Al Maestro con amor pintaste
Y al pernoctar en la lóbrega existencia
Entregaste a él tu mejor cuadro: tu vida santa.
Gran devota de la Madre del Cielo,
Su inmaculada concepción proclamaste,
Con gran fe y con amor, única Madre
De la compañía nombraste.
Formadora grande de las hijas de la caridad
Que con San Vicente la misericordia propagaste
Tu silencio y tu ciencia, crearon de Francia
Un ejemplo de caridad cristiana.
Ahora nosotros con amor y regocijo,
En el camino de todo vicentino,
A ti te cantamos a una sola voz,
Porque tu vida como ejemplo nos dejaste.

Consideración para cada día

novena santa luisa 2

DÍA 1:
AMOR A DIOS Y CONVERSIÓN INTERNA.

De los escritos de Santa Luisa:
“Nuestra conversación interior con Dios debe ser, a lo que me parece, el recuerdo habitual de su santa presencia, adorándole al dar las horas haciendo actos de amor hacia su bondad, trayendo a la memoria lo más que podamos los motivos que más nos han impresionado en la oración y principalmente los afectos y resoluciones que durante ella hemos formado para corregirnos y adelantar en este santo amor.
En todas las ocasiones penosas para los sentidos, tenemos que mirar la paternal bondad de Dios que como buen Padre permite nos afecte su justicia divina, unas veces para corregirnos, otras para manifestarnos su gran amor haciéndonos participar en sufrimientos para aplicarnos el mérito de los de su Hijo y que por nuestra parte se lo agradezcamos.
Cuando se nos presentan las cosas que nos son gratas y los asuntos ocurren según nuestros deseos, antes de dejarnos ir a la alegría que se nos ofrece, miremos a Dios con mirada interior y seamos agradecidas a su misericordia que por su solo amor nos da este consuelo; aceptémoslo con esta mira y unamos a ello algún acto de amor.”
Fragmento de su biografía:
Luisa de Marillac (París, 12 de agosto de 1595 - París, 15 de marzo de 1660). El 29 de noviembre de 1633 funda con Vicente de Paúl la Compañía de las Hijas de la Caridad. Es beatificada el 9 de mayo de 1920 por el papa Benedicto XV y canonizada el 11 de marzo de 1934 por el papa Pío XI. En 1960 el papa Juan XXIII la proclama patrona de los asistentes sociales.
Luisa de Marillac vivió en París en los años de Enrique IV, Luis XIII y Luis XIV, reyes de Francia en el siglo XVII, mientras en España reinaban Felipe III y Felipe IV. Presenció, por lo mismo, la Guerra de los Treinta Años entre Francia y los protestantes, por un lado, y España, la Casa de Austria y los católicos, por otro, y era contemporánea de los grandes descubrimientos científicos y filosóficos; pudo conocer a Pascal, Descartes, etc. Es la época que pinta de una manera novelesca Víctor Hugo en "Los tres mosqueteros". Había nacido el 12 de agosto de 1591 y murió en 1660. Muchos años de vida para aquel siglo en que la edad media rondaba los 40 años.

Día 2:
JESÚS SACRAMENTADO

De los escritos de Santa Luisa:
«El día de Santa Genoveva de 1660, yendo a recibir la Sagrada Comunión, sentí, al ver la Sagrada Hostia, una sed extraordinaria que partía de un sentimiento de que El quería darse a mí con la sencillez de su divina Infancia. Y al recibirle y durante mucho tiempo después, mi espíritu quedó ocupado con una comunicación íntima que me hacía comprender que no se daba El sólo sino con todos los méritos de sus misterios; y esta comunicación me duró todo el día, no por vía de ocupación forzada e interior, sino por vía de presencia y de aplicación a las ocasiones como ocurrió con algo que me mortificaba.
Sentí en mí la advertencia de que habiéndome dado enteramente a mi Jesús, acompañado del mérito de todos sus misterios, era necesario que yo aprovechara esta ocasión para participar en su sumisión en las humillaciones.
Fragmento de su biografía:
Luisa pertenecía a una familia de lo más alto de la nobleza, los Marillac, se había casado con un secretario de la Reina madre, Antonio Le Gras, perteneciente a la clase media. Antes de casarse, había hecho voto de ser religiosa, quiso ser capuchina, pero sus familiares -era lo común entonces- le buscaron marido y la obligaron a casarse. Durante muchos años le quedó un complejo de culpabilidad. Por naturaleza y acaso también por no haber conocido a sus padres, poseía una sicología sensible y muy emotiva. Buena lectora tenía una inteligencia excepcional para las ideas, pero mucho mayor para la práctica. Pequeña y delgada, de salud fuerte, en el trato era encantadora. Aunque sin agobios económicos, nunca tuvo, sin embargo, una gran fortuna.
En los primeros días de 1625, cuando contaba 33 años, tomó por director espiritual a un sacerdote, San Vicente de Paúl que había nacido cerca de Dax y no lejos de Bayona diez años antes que ella. La vida de Luisa hasta entonces era sencilla: una mujer piadosa que hacía limosnas a los pobres y rezaba por ellos Vicente de Paúl la cambió; la convenció para que se comprometiera activamente en la hberación material y espiritual de los pobres. Y Luisa de Marillac, la señorita Le Gras, como la llamaban entonces, lo aceptó y se empeñó, también ella, en hacer de esta tierra un paraíso para los que viven en el infierno de la pobreza. Luisa tenía 37 anos, desde hacía tres era viuda y tenía un hijo de 15 años estudiando en el seminario.

Día 3:
VIRGEN INMACULADA

De los escritos de Santa Luisa:
¡Ah!, ¡qué paz, qué suavidad, qué caridad, qué humildad hay en el alma de la Santísima Virgen! ya que es ese instinto el que tanto nos turba y nos induce de continuo a pecar.
Que el conocimiento que Dios nos da de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen nos mueva a glorificarle eternamente por esa obra maestra de su omnipotencia en la naturaleza puramente humana y nos haga admirar la belleza de sus pensamientos tan puros que no se inclinaron nunca a lo inútil ni se ocuparon en el pecado.
Que viendo la miseria de los humanos concebidos en pecado que les lleva de continuo a elevarse contra Dios en palabras ofensivas, lleguemos a conocer el honor que con las suyas siempre proferidas en justicia y verdad, tributó la Santísima Virgen a Dios.
Y que los amantes de esta Santísima y Purísima Virgen estén atentos a considerar sus acciones que nunca fueron en lo más mínimo desagradables a Dios ya que siempre fueron hechas según su santísima voluntad.
La Concepción Inmaculada de la Santísima Virgen iluminó, pues, su entendimiento y caldeó su voluntad con la que siempre obró sin omitir nada de lo que Dios pedía de ella y por lo tanto se vio siempre llena de virtudes, tanto en la materia como en la forma de todo el ser que había recibido de Dios.
Fragmento de su biografía:
Este sacerdote había comprendido que el mundo estaba en cambio y nacía una nueva sociedad, pero todavía era una sociedad agrícola y comercial sin casi industria. La mayoría de los campesinos eran pobres y en las ciudades abundaban los hambrientos que habían emigrado de los pueblos del campo a la ciudad. En el siglo XVII los pobres no contaban para el estado. Vicente de Paúl se propuso que los pobres también contaran; más, logró que para muchos fueran el centro de la sociedad. Para ello fundó una asociación de señoras, -una ONG- conocidas modernamente con el nombre de Voluntarias de la Caridad, y una congregación de sacerdotes, llamados Lazaristas, Paúles o Vicentinos, según los lugares. Después de unos años de dirigir a Luisa de Marillac consiguió que ésta se uniera a su proyecto.
Este proyecto era nuevo y hasta revolucionario en la faceta de solidaridad y de evangelización de los pobres para el siglo XVII y comprendía tres aspectos: liberar a las clases empobrecidas y devolverles su dignidad de seres humanos y sus derechos de ciudadanos; modernizar las instituciones ya existentes para que fueran más eficaces, y crear otras nuevas que respondieran a las nuevas necesidades. Todo se realizaría por medio de dos asociaciones de mujeres pertenecientes una a las clases adineradas y la otra a las clases bajas. Las ideas brotaban del sacerdote Vicente de Paúl el Superior y el Director, pero Luisa fue la organizadora práctica y la ejecutora.

Día 4:
ESPÍRITU SANTO

De los escritos de Santa Luisa:
Una de las mayores pérdidas que pueden sobrevenir a las almas que no participan en la venida del Espíritu Santo es que los dones infusos en el Bautismo no tienen su efecto; lo que nos hace comprender la verdad de una advertencia de Nuestro Señor a las almas cobardes y perezosas, de que no sólo no habrán conseguido nada, sino que lo poco que tienen les será quitado. Es verdaderamente colocarnos por nuestra miseria en la impotencia de que ni siquiera la gracia haga nada en nosotras. ¡Oh! ¡Cuántas veces me he encontrado en tal estado! apartándome así del orden de los designios de Dios que son grandes sobre las almas a las que envía su Espíritu Santo.
Esto me ha hecho ver que todos los desórdenes de la vida vienen por falta de darse a Dios para recibir al Espíritu Santo; y faltando sus dones, se aprecia una sorprendente diferencia en el obrar entre las personas que están animadas por ellos y las que no lo están, cuyo obrar es terreno y fuera de razón, como tantas veces por mi miseria lo he experimentado con los desórdenes de mis sentidos y pasiones.
Fragmento de su biografía:
Las clases desatendidas
Luisa de Marillac comenzó su nueva etapa visitando a las gentes de los pueblos, tanto a las señoras que formaban parte de las Voluntarias de la Caridad y que ayudaban a los necesitados con su dinero y con su persona, como a las personas que vivían en apuros económicos. Por aquellos pueblos campesinos descubrió un panorama desolador: el pueblo pasaba hambre, frío y miseria. Entonces no había seguridad social de ninguna clase y por lo común el estado abandonaba a los pobres a su suerte. En general vivían al día y, si las cosechas eran malas dos años seguidos, quedaban endeudados, terminando vendiendo lo poco que tenían. Al entrar Francia en la guerra de los Treinta Años, los impuestos, que pagaban los campesinos casi exclusivamente, llegaron a multiplicarse por cien. Por otro lado h medicina estaba atrasada y los remedios más comunes eran sangrías y lavativas. Ir al hospital era difícil porque únicamente existían en las ciudades y, donde había, cada cama acogía a dos o tres enfermos. Al quedar en sus casas no era raro que no tuvieran a nadie para que les cuidara. Eran escasos los pueblos en los que había escuelas; lo común eran los maestros ambulantes que, por un poco de dinero, enseñaban a los hijos de los campesinos, con la peculiaridad de que estaban prohibidas las escuelas mixtas. Ante esta situación, los padres no escolarizaban a sus hijos por no poder pagar o porque los necesitaban para el trabajo desde niños o porque no tenían ilusión, ya que sus hijos siempre serían pobres, o enviaban a los hijos varones y no a las chicas que se quedaban atendiendo a sus hermanos y haciendo las faenas caseras. Esto en el supuesto de que hubiera escuelas para niñas, lo que era muy raro.
Este es el panorama que descubrió horrorizada Luisa de Marillac. Eran los signos de los tiempos. La sensibilidad de los dos santos descubrieron las necesidades más urgentes de la sociedad de los pobres y se esforzaron en remediarla. Bajo la dirección de Vicente de Paúl, Luisa se dedicó a organizar y a ejecutar. En 1633 fundaron una asociación de mujeres, por lo general pertenecientes a familias sencillas, que el pueblo llamó Hijas de la Caridad por la labor de amor sacrificado que hacían.


Día 5:
LA CRUZ DE CRISTO

De los escritos de Santa Luisa:
San Pablo nos dice llorando que muchos caminan como enemigos de la Cruz de Jesucristo.
Estamos, pues, llamados a honrar la Santa Cruz, entendida en el sentido de toda clase de sufrimientos, tanto los relacionados con la misma Cruz en la que Nuestro Señor fue clavado, como las demás penas y dolores que padeció durante su santa vida humana, como El mismo nos lo enseña en diversos lugares de los santos evangelios. Pero principalmente las almas escogidas por Dios están de manera muy particular destinadas al sufrimiento, que es para ellas tan dulce y agradable que antes preferirían morir que no tener que sufrir, puesto que para ellas amar y sufrir es una misma cosa.
Fragmento de su biografía:
Sanidad y escuelas
La necesidad más urgente era atender a los enfermos pobres que no tenían a nadie que los cuidara en sus casas y enseñar a las niñas pobres sin escolarizar en los pueblos. En su casa, un piso de París, Luisa formaba a las jóvenes que ingresaban en la Asociación en la vida espiritual y les daba unos rudimentos de enfermería. A las que no lo sabían las enseñaba a leer, a escribir y cuentas. A las pocas semanas ya estaban preparadas para ir casa por casa a atender a los enfermos y muchas capacitadas para ir a los pueblos a crear escuelas y convertirse en maestras. Todo lo hacían gratis. Los gastos corrían a cargo de las señoras de la Asociación de Voluntarias, llamadas Señoras de la Caridad. De tiempo en tiempo volvían a la casa de Luisa a actualizarse en la vida de Dios, en enfermería y en cultura.
A los pocos meses de fundar a las Hijas de la Caridad y en los años siguientes, las llamaron para que ayudaran, dirigieran u organizaran grandes hospitales de Francia: París, Angers, Nantes, Saint-Denis, etc. Luisa de Marillac se encontró que no sólo tenía que preparar a las Hijas de la Caridad en las reformas hospitalarias, técnicas y sanitarias, sino también frecuentemente hacer la organización del establecimiento juntamente y de acuerdo con los administradores del hospital. Unas veces iba ella misma en persona a fundar la comunidad del hospital, donde permanecía meses hasta que todo parecía que funcionaba ya, y otras veces, lo más común, lo hacía por cartas. Además de la técnica sanitaria y la limpieza así como la preocupación espiritual, Luisa les insistía en que pusieran humanidad, calor humano junto a la cama de los enfermos, a base de humildad, sencillez y amor que San Vicente de Paúl les había dado como su espíritu propio, y que Luisa traducía en tolerancia, mansedumbre y cordialidad.


Día 6:
CARIDAD Y AMOR POR LOS POBRES

De los escritos de Santa Luisa:
Quien no ama, no conoce a Dios, porque Dios es Caridad. La causa del amor es la estima del bien en la cosa amada. Siendo Dios perfectísimo en la unidad de su esencia, es amor en la eternidad de esa esencia por el conocimiento de su propia perfección; y en ese amor participa el de las criaturas en cuanto a la naturaleza del amor; pero los efectos van unidos a la voluntad en la práctica de la caridad, tanto hacia Dios como hacia el prójimo, siendo esa práctica tan poderosa que nos comunica el conocimiento de Dios, no tal cual, sino penetrante en El mismo y sus grandezas de tal manera que quien más caridad tenga, tanto más participará en esa luz divina que le inflamará eternamente en el santo Amor. Quiero, pues, hacer cuanto pueda por mantenerme en el ejercicio del Amor santo y dulcificar mi corazón frente a todas las acritudes que le contrarían.
Fragmento de su biografía:
Su familia
Mientras Luisa trabajaba en favor de las capas humildes de la sociedad, los nobles de su familia luchaban por escalar el poder y gobernar Francia. Se enfrentaron a Richelieu, fueron vencidos y un tío suyo, Luis de Marillac, fue decapitado en la Plaza Mayor de París, otro tío, Miguel, después de llegar a ser Jefe de Gobierno por un día, murió en la cárcel; otros parientes fueron desterrados. Aunque sintió el dolor y el sufrimiento no abandonó a los pobres y siguió trabajando por ellos, a pesar de que también su hijo, joven inteligente, buen estudiante y responsable, le hizo la cruz más pesada. Comenzaba a dudar si tenía vocación para el sacerdocio, y esto la hizo sufrir a ella que soñaba con tener un hijo, el único, sacerdote. Licenciado en Filosofia y en derecho, terminó la teología, pero no se quiso ordenar de Ordenes Mayores. De seglar buscó una colocación apropiada a sus estudios. Sin embargo estuvo en el "paro" casi siete años.
Descorazonado llevó una vida un tanto desordenada que para su madre fue un tormento. Por fin la luz entró en su casa, se enmendó, encontró colocación y se casó con dignidad. Tuvo una hija y murió a los 83 años.

Día 7:
POBREZA Y ENTREGA A CRISTO

De los escritos de Santa Luisa:
Que esté siempre en mi corazón el deseo de la santa pobreza, para que libre de todo, siga a Jesucristo y sirva con toda humildad y mansedumbre a mi prójimo, viviendo en obediencia y castidad toda mi vida, honrando la pobreza de Jesucristo, que Él guardó con tanta perfección. Que mi primer pensamiento, después del descanso de la noche sea para Dios, haciendo un acto de adoración, de acción de gracias y de abandono de mi voluntad en la suya santísima y con la vista puesta en mi miseria e impotencia, pediré la gracia del Espíritu Santo, en la que he de tener una gran confianza, para que se cumpla en mí su santísima voluntad, que será el único deseo de mi corazón.
Fragmento de su biografía:
Las Hijas de la Caridad
Las Hijas de la Caridad aumentaban en número y fundaciones de una manera incesante. Las jóvenes encontraron en ellas una respuesta apropiada a sus necesidades. Entonces a las jóvenes pobres les era casi imposible ser religiosas, a no ser 'legas" para el trabajo, a causa de la dote que debían llevar al convento. Pero las Hijas de la Caridad no pedían dote, pues no eran religiosas de clausura. Su vida, pobre en vivienda, en el vestido y en la comida, la ganaban con el trabajo. La Compañía de las Hijas de la Caridad era una Cofradía de Caridad, una Asociación de seglares. Se hicieron populares por las calles que eran su monasterio y las casas de los enfermos que eran su claustro. Fueron las primeras hermanas que vivían sin clausura, aprobadas por la Santa Sede. La sencillez, la cercanía al pueblo y la cordialidad con que atendían a los pobres, les ganó el corazón de la sociedad. De toda Francia llegaban jóvenes para "servir a los pobres, sus amos y señores", les decía San Vicente. Viviendo Luisa entraron alrededor de quinientas jóvenes sólo en Francia. Y de toda Francia y de Polonia las llamaban para los hospitales y las escuelas de niñas.

DÍA 8
FIDELIDAD A JESUCRISTO

De los escritos de Santa Luisa:
Viendo al objeto de la alegría eterna de todo el universo, lleno de tristeza, me ha parecido que la causa de esa tristeza no está en El sino en el amor por mí, no sólo en los tormentos que había de sufrir; sino que su amor, conociendo mis olvidos e ingratitudes, se dolía de ellos; esto debe servirme de motivo para animarme a su santo servicio y honrar tanto como me sea posible esa santa dolorosa tristeza mediante los pequeños servicios que pueda tributarle y en especial por una práctica más fiel de mi reglamento, puesto que todo lo que le ofende es desorden.
Fragmento de su biografía:
Las Hijas de la caridad eran una respuesta adecuada, no sólo a las inquietudes de las jóvenes con vocación, sino también a los interrogantes de la sociedad de los pobres: Mujeres de vida consagrada que dejaran la clausura y se preocuparan de atender gratis a los pobres que pululaban y nada tenían. Al interrogante de los hospitales deshumanizados y sin buena organización, al interrogante de las niñas marginadas en la escolaridad. Las Hijas de la Caridad fueron una respuesta a los signos de aquellos tiempos. A través de ellas la Iglesia, como lo venía haciendo a través de los siglos, se comprometió de nuevo activamente con los pobres.


DÍA 9:
TESTAMENTO ESPIRITUAL

De los escritos de Santa Luisa:
Mis queridas Hermanas, sigo pidiendo para ustedes a Dios su bendición y le ruego les conceda la gracia de perseverar en su vocación para que puedan servirle en la forma que El pide de ustedes. Tengan gran cuidado del servicio de los pobres y sobre todo de vivir juntas en una gran unión y cordialidad, amándose las unas a las otras, para imitar la unión y la vida de Nuestro Señor. Pidan mucho a la Santísima Virgen que sea Ella su única Madre
Fragmento de su biografía:
Luisa de Marillac fue la encargada, como la directora general de una empresa multinacional de caridad, de organizar y dirigir a las Hijas de la Caridad en los establecimientos y comunidades, de dirigirlas espiritualmente y de formarlas en los aspectos espiritual, humano y profesional. A través de sus cartas y hasta de sus viajes estaba en contacto con sus hijas y con las necesidades de los humildes. Ella comenzó y dirigió la obra de los Niños abandonados y la salvó durante los cruciales años de la guerra civil de la Fronda. Ella estuvo presente animando a las Hermanas en la prisión de los galeotes. Ella organizó las primeras Residencias de ancianos y los hizo útiles con talleres que ella fundó y dirigió. Luisa acogió a los inmigrantes que llegaban a París huyendo de las guerras, en especial a muchachas desamparadas. Unas veces recibía alegrías y otras, disgustos. Unas veces lloraba y otras reía, pero siempre apareció alegre y con una tenacidad tal que ninguna dificultad la doblegó. Siempre encontró salida a los problemas.
No es extraño que cuando murió, el 15 de marzo de 1660, todas las mujeres de la nobleza pasaran a rezar, y la duquesa de Ventadour quisiera estar a su lado en ese triste momento. No es extraño que los pobres lloraran y que su funeral, contra sus deseos, fuera majestuoso.
novena santa luisa 3

miércoles, 19 de abril de 2017

Fotos Seminario Mayor Villa Paúl Funza

































miércoles, 5 de abril de 2017

INVITACIÓN BANQUETE PASTORAL SOCIAL 2017







ORANDO Y CANTANDO EPISODIO 2 QUE TE PUEDO DAR QUE NO ME HAYAS DADO TU







lunes, 3 de abril de 2017

CINCO CONSEJOS PARA SER UN BUEN MISIONERO VICENTINO







miércoles, 22 de marzo de 2017

SAN VICENTE DE PAÚL Y SANTA LUISA DE MARILLAC, TESTIMONIOS DE UN ESTILO DE EDUCACIÓN INTEGRAL CON IDENTIDAD

SAN VICENTE DE PAÚL Y SANTA LUISA DE MARILLAC,
TESTIMONIOS DE UN ESTILO DE EDUCACIÓN INTEGRAL CON IDENTIDAD

P. José Alexander Correa V., c.m.

“Solo formando al hombre desde adentro se libera”


Hace casi cuatro años el mundo entero recibió la buena noticia de Malala Yousafzai, la niña pakistaní que fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2014, que comparte con el activista indio Kailash Satyarthi.  Malala, a pesar de su temprana edad, ha venido liderando una lucha decidida por la educación infantil. El atentado que sufrió en 2012 por parte de los talibanes se originó sólo por querer asistir a la escuela y por su posición en pro derecho a estudiar de las mujeres.  Según la publicación digital norteamericana The Daily Beast, en la provincia de Malala en Pakistán, de los 700 mil niños que no reciben educación, 600 mil son niñas, a quienes se les seguirá negando el derecho a la educación mientras no se les proporcionen los recursos y la seguridad para asistir a clase.  Kailash Satyarthi, de 60 años, por su parte, ha liderado manifestaciones pacíficas que se han centrado en la explotación de niños con el fin de obtener beneficios financieros.  Ambas causas son justas y tienen que ver directamente con la dignidad del ser humano.  Sírvanos este coyuntural evento de la actualidad para abrir esta reflexión en torno a la educación vicentina y su aporte a la Nueva Evangelización.


1.      Orígenes de la educación vicentina

La bibliografía existente que trata de la educación en el siglo XVII, apenas refiere las escuelas de las Hijas de la Caridad y de los Sacerdotes de la Misión, fundados por Vicente de Paúl. Claro está que la obra de Vicente de Paúl en favor de la educación es una obra muy modesta con relación a la de los jesuitas, ursulinas, o de Juan Bautista de la Salle. Hay que afirmar otras dos cosas: en primer lugar, esta obra educativa de instrucción a la niñez y a la juventud se inscribe dentro del marco de servicio a los pobres que los Fundadores (Vicente de Paúl y Luisa Marillac) desplegaron en su tiempo de manera decidida.   En segundo lugar, si consideramos que el analfabetismo reinante en el Reino de Francia en el siglo XVII era una forma real de pobreza, no hay duda de que las escuelas vicentinas fueron una manera muy concreta de responder a esta pobreza. 


Ciertamente, ni Vicente de Paúl ni Luisa de Marillac fueron especialistas en pedagogía. No fueron teóricos de la educación. (…) Sin embargo, no es ninguna osadía hablar de San Vicente de Paúl o de Santa Luisa de Marillac y su relación estrecha con la educación y la pedagogía. Pero con una condición: hay que salir de los límites de lo meramente académico o técnico, y abordar la educación en su sentido más amplio, universal, formativo y modelador de la persona y de la sociedad. Entonces, podremos apreciar a San Vicente de Paúl y a Santa Luisa de Marillac como grandes educadores de todos los tiempos[1].

Vicente de Paúl vivió y actuó en una época en la que apenas comenzaban a aceptarse oficialmente las enseñanzas del Concilio de Trento (1545-1463) que, entre otras preocupaciones, dedicó a la instrucción de los niños y del pueblo cristiano buena parte de su reflexión.  Todo este entramado histórico hay que entenderlo para poder aproximarse a lo que ya hemos comenzado a llamar “la escuela vicentina”.

Veamos ahora ¿Cuál era la situación del ‘pobre pueblo’ en relación con la educación?  Los historiadores del siglo XVII francés coinciden en sintetizar en tres palabras la situación que golpeaba la vida del pueblo galo: guerra, peste y hambre[2]Esta trilogía, sin embargo, puede romperse como tal para completar un cuarteto con el azote de la ignorancia-analfabetismo, cuyas cifras no dejan de ser escandalosas. 


El Estado, atento a las guerras, no se interesaba por la instrucción del pueblo. Además por aquella época la mayor parte de las aldeas no tenían pastores instruidos y vigilantes que pudieran ocuparse de la formación religiosa de los niños. La Iglesia tomó conciencia de esta necesidad y surgen varias congregaciones destinadas a la instrucción de la infancia y juventud inmersas en la ignorancia…

La mirada aguda de Vicente de Paúl irá escrutando toda la terri­ble marginación y de ignorancia. Pero a esta mirada se suma la de Luisa de Marillac, quizás mucho más aguda en el campo de la educación. 

Luisa de Marillac, sensible ante este abandono educativo de los campos, se siente llamada a remediarlo. Ella es la creadora de las Escuelas de la Familia Vicenciana. Se organizan antes de que fuese erigida la Compañía como sociedad de vida apostólica al servicio de los necesitados. La fundadora, Santa Luisa de Marillac, en sus visitas a las Cofradías de la Caridad fundadas por San Vicente de Paúl, percibe entre 1629 y 1633 el abandono de los niños en los pueblos campesinos de Francia. Para su educación e instrucción organiza las escuelas parroquiales de la Caridad con jóvenes seglares de buena conducta que ella prepara debidamente como pedagoga y formadora.

«Las señoras de la Caridad tendrán una gran preocupación y deseo de la salvación de las almas de los pobres, ayudándoles tanto con sus oraciones como con sus pequeñas instrucciones; harán todo lo que puedan para que de este modo Dios sea honrado también en las otras familias de la parroquia y que, a ser posible, haya también una maestra de escuela encargada de enseñar convenientemente a los pobres» (Obras completas de SVP: X, 670).

En 1633, al fundarse la Compañía de las Hijas de la Caridad, San Vicente y Santa Luisa establecen como fin de la misma el servicio a los pobres y necesitados, y dejan claro que uno de los servicios urgentes y preferentes que deben ser atendidos es la educación:

«Las ursulinas atienden al prójimo instruyendo y recibiendo alumnas; pero lo hacen para los casos ordinarios, mientras que vosotras tenéis que instruir a los pobres en todas partes y siempre que tengáis ocasión, no sólo a los niños que van a la escuela, sino en general a todos los pobres a quienes asistís» (Obras completas de SVP: IX/2, 765).

En 1641 Santa Luisa de Marillac organiza la primera escuela vicenciana de París en el arrabal de San Dionisio y, anexa, la primera Escuela para la formación de maestras como servicio popular. Por orden de la autoridad competente tuvo que poner en la puerta la siguiente inscripción: «Aquí tenemos pequeñas escuelas. LUISA DE MARILLAC, maestra de escuela que enseña el servicio, a leer, escribir, y hacer letras, la gramática» (Margaret Flinton: Luisa de Marillac y el aspecto social de su obra, Salamanca 1974, p. 149).




Para entonces ya eran 13 las escuelas parroquiales dirigidas por las Hijas de la Caridad fuera de París, más la recientemente creada en el arrabal de San Dionisio. Urgía crear una escuela para la formación de las maestras. Y así se hizo. Hasta ese momento las Hermanas acudían a Las Ursulinas para formarse. En adelante podían ya formarse en su propia escuela dirigida por Luisa de Marillac, su fundadora y excelente pedagoga.

Pocos años después, en 1646, Luisa piensa en un reglamento común para todas las escuelas, con un método propio: el vicenciano, porque fue supervisado y aprobado por San Vicente de Paúl.

A Santa Luisa la preocupaba mucho la formación de las maestras y maestros de sus escuelas. Por eso escribió un Catecismo y el primer Manual o Reglas para las maestras de Escuela. Hay que tener en cuenta que en 1660, año de la muerte de los fundadores de la Compañía, San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac, ya había en Francia 35 escuelas vicencianas, 12 en París y 23 fuera de la capital, más dos en Polonia, una en Cracovia y otra en Varsovia.

Primeras escuelas vicentinas de París


Las Reglas para la Maestra de Escuela eran un conjunto de directivas y normas escritas por Santa Luisa de Marillac. Su aplicación y puesta en práctica dio a las escuelas vicencianas un perfil de calidad muy definido. Este perfil de sencillez y acogida, orden, respeto y disciplina llevaba consigo una metodología activa muy cuidada. Este es el secreto que ha mantenido el crecimiento y la expansión de nuestras escuelas desde los orígenes hasta hoy.


2.      Carisma vicentino y educación

Desde la época de San Vicente y Santa Luisa hasta los días de hoy, muchas cosas en la educación han cambiado y siguen cambiando. Necesitamos reinterpretar el testimonio educativo de San Vicente y Santa Luisa, a la luz de las necesidades de la realidad actual y de la evolución de la pedagogía. En esta relectura, podemos ver algunos retos para la educación vicentina de hoy:

Ø  De una educación entendida como obra de caridad, es necesario pasar a una educación entendida como derecho de la persona.

Ø  El derecho de todos a la educación puede y debe ser impregnado por el espíritu de caridad cristiana, con actitudes de amor, compasión y gratuidad.

Ø  La destinación de la educación vicentina a los pobres, exige una educación en la opción por los pobres. Acogida solidaria, cultivo de relaciones fraternales, tener al pobre como sujeto y no como objeto, práctica pedagógica liberadora, compromiso afectivo y efectivo con los pobres, etc., constituyen características fundamentales del modo de ser de la educación vicentina.

Ø  San Vicente y Santa Luisa partieron de la realidad concreta de la vida de los pobres, y nos animan hoy a buscar una educación encarnada en la vida y en la cultura de los pobres.

Ø  Siendo los pobres nuestros maestros, la educación vicentina debe desarrollarse en colaboración con ellos, a través de un movimiento recíproco de dar y recibir, de intercambio de conocimientos, de reciprocidad y solidaridad.

Ø  San Vicente y Santa Luisa desarrollaron un trabajo colectivo, creativo y participativo, y de esta manera debe ser la educación vicentina.

Ø  San Vicente y Santa Luisa, con conceptos y recursos de su tiempo, dieron lo mejor de sí mismos en la educación de los pobres, y hoy eso significa buscar una educación de calidad humana y pedagógica.

Ø  En continuidad con los objetivos de las Pequeñas Escuelas, la educación vicentina debe ser integral, sin olvidar la dimensión religiosa y el cultivo de la fe.

AMBIGUEDADES QUE HAY QUE SUPERAR

Básicamente son dos ambigüedades:

a) Las familias, los padres en general, desean más una educación liberal que una educación liberadora.
b) Los alumnos, frecuentemente, reducen la educación liberadora a la supresión de las normas disciplinarias (y se llega rápidamente a la anarquía ... ).

Para quitar la ambigüedad que algunos ven en la educación liberadora, es necesario saber que, este concepto implica también la formación de la conciencia crítica, la capacidad de solidaridad y de compromiso social, educación para vivir los valores, educación para la comunión y la participación, teniendo en cuenta que estas formulaciones no son solamente modismos, sino consecuencias de una gran intuición y propuesta inicial. ¿Cómo realizar la educación liberadora y evangelizadora? He ahí el gran desafío. Pero no es imposible. Sobre todo, es necesario concretizar estos propósitos en la definición y ejecución de los objetivos de la escuela y de las disciplinas y de las actividades; en la definición de los contenidos, de los métodos didácticos y de los procesos de evaluación, siempre que sea posible, dándole participación a los alumnos y también a los padres y a todos los educadores de la escuela. Pero sobre todo, la educación liberadora solamente será posible con la creación de nuevas relaciones educativas en los colegios haciendo pasar por las estructuras educacionales y por los procesos escolares el soplo del Espíritu Santo, el gran Pedagogo, que nos conducirá a Cristo en plenitud.


CONCRETIZANDO EN UN COLEGIO (Un ejemplo de pedagogía vicentina)

La provincia brasileña de la Congregación de la Misión (Río de Janeiro), tiene en la ciudad de Río de Janeiro el colegio de San Vicente de Paúl, donde estudian 1.600 alumnos de clase media, durante el día, en los grados 10. y 11. (Hasta la antesala de la Universidad) y más de 300 pobres, en el curso supletorio de primer grado, en la noche.

En este colegio, a lo largo de los años, ya desde antes de Medellín (1968), se explicitaron los objetivos, el método, el fundamento y las orientaciones cristianas y vicentinas de la educación liberadora, que vamos a resumir en cuatro aspectos:

1.      Nuestro objetivo es formar agentes de transformación social, esto es, un ciudadano de conciencia crítica, consciente por el conocimiento de la realidad, de los mecanismos estructurales generadores de la pobreza, capacitado para un compromiso solidario en favor de los pobres, a la luz de la opción por ellos, que ilumina hoy la práctica social de los cristianos de América latina. Miembros de la clase social detentora del poder, nuestros alumnos serán pronto llamados a ocupar puestos de decisión, importantes en la organización social, economía y política del país. Si son conscientes de su responsabilidad social, ocuparán esos cargos con el sentido del otro, del pobre, de la justicia.

2.      El método que usamos es la educación de la conciencia crítica, del sentido social, de la responsabilidad, de la libertad que se compromete en la lucha por la causa del hombre. Es una educación hecha en el diálogo, en la participación, en la comunión de ideas y de esfuerzos. Llamamos a ese método, educación liberadora y queremos con ese nombre expresar una educación concientizadora, personalizante y transformadora. Tenemos clara conciencia de que el proceso de liberación personal y comunitaria (fraternal) del hombre, va mucho más allá de las propuestas del simple liberalismo. El sentido y el contenido de la liberación emergen del fundamento en que nosotros nos basamos.

3.      El fundamento de nuestro trabajo, aquello de lo que partimos para educar, son los valores más auténticos, que Jesucristo vivió y enseñó y que la Iglesia propone como fermento de transformación social. Esos valores son, por ejemplo, la dignidad de la persona, la fraternidad, la libertad, la fidelidad a la palabra y a los ideales de la vida, la dedicación a los necesitados, la lucha por la justicia, el acoger los dones de Dios y su uso responsable en favor de fidelidad y sacrificio, la ayuda fraterna, y tantos otros, que tenemos la gran alegría de ver realizados en la figura de nuestro patrono e inspirador, San Vicente de Paúl, y de nuestros educadores que fundaron y formaron este colegio.

4. La orientación del colegio es cristiana, es católica, en lo que esto tiene de más universal, acogedor y pluralista. El colegio es una obra destinada a concretizar, en Río de Janeiro, la inspiración de San Vicente; formando a nuestros alumnos en el espíritu que animó a nuestro patrono de dedicarse a los necesitados, será como hoy procuraremos luchar con los marginados y oprimidos, para crear en ellos, las condiciones de superación de las situaciones inhumanas en que viven y para que realicen el mundo justo y fraterno que Dios soñó para nosotros, y que también nosotros tenemos el derecho de soñar y la misión de lograrlo.

3.      Aporte de los documentos eclesiales latinoamericanos y lectura vicentina

Sensibles al magisterio eclesial, los miembros de la Familia Vicentina[3] dedicados al trabajo pedagógico (educación formal) no hemos sido ajenos a la reflexión teológico pastoral que ha ofrecido de manera copiosa la Iglesia del continente, particularmente en el periodo post-conciliar. 

Medellín (1968): una educación liberadora.  En primer lugar, las propuestas de Segunda Conferencia General del Episcopado dinamizaron mucho la reflexión y la acción pedagógica vicentina.  Los obispos latinoamericanos como punto de partida expresaron la urgencia de una educación liberadora que ayude al vasto sector de hombres marginados de la cultura, que necesitan libertarse “de sus prejuicios y supersticiones, de sus complejos e inhibiciones, de sus fanatismos, de su sentido fatalista, de su incomprensión temerosa del mundo en que viven, de su desconfianza y de su pasividad”[4]. La educación latinoamericana es, en general, de contenido programático abstracto y formalista, más transmisora de conocimientos que creadora del espíritu crítico, sostenedora de estructuras sociales y económicas reinantes.

Si la educación es, en general, abstracta e inmediatista, pone al hombre al servicio de la economía; si la educación padece de estos males y de muchos otros, los obispos propusieron que nos empeñemos en hacer una educación liberadora, esto es, que transforme al educando en sujeto de su propio desarrollo; una educación creadora, que anticipe el nuevo tipo de sociedad que buscamos; una educación personalizante, que profundice en cada uno la conciencia de su dignidad humana, favorezca su autodeterminación y promueva el sentido comunitario. Una educación abierta al diálogo, atenta a las necesidades locales y nacionales, integrada a la unidad pluralista del continente y del mundo. Una educación con la que las nuevas generaciones se capaciten para la transformación permanente y orgánica que el desarrollo supone.

Este tipo de educación supone, respeto a las personas, estímulo y atención a la creatividad, formación del espíritu crítico, esfuerzo para establecer un nuevo tipo de relaciones entre educador y educando, para crear un clima de libertad unida a la responsabilidad, de espontaneidad y participación. Todo esto, vivido como un proceso personal y colectivo.

Puebla (1979): una educación evangelizadora.  El aporte de la Tercera Conferencia General del episcopado latinoamericano también fue asumido en clave vicentina.  Los obispos volvieron a hablar de la educación. Y ampliaron el enfoque de la educación liberadora, al hablar de educación evangelizadora, que contribuye para la conversión del hombre total, en su yo profundo e individual y también en su yo social, orientando al hombre hacia la verdadera liberación cristiana, participación del Misterio de Cristo resucitado, comunión filial con Dios y comunión fraternal con los hombres sus hermanos. Será una educación humanizadora, integrada al proceso social latinoamericano; una educación que ejerza una función crítica, una educación para la justicia. Y sobre todo: una educación en la que el educando se convierta en sujeto no sólo de su propio desarrollo, sino también del desarrollo social. Y toda la educación vista como medicación para lograr el gran objetivo de liberar para la comunión y la participación. En Puebla los obispos retomaron una de las propuestas hechas en Medellín y que parece ser central, como definición de los objetivos educacionales que debemos proponernos: "La educación católica debe producir los agentes de transformación permanente y orgánica, que la sociedad de América latina necesita".

Santo Domingo (1992): una educación inserta en el mundo de la cultura. Santo Domingo coloca su acento en la promoción integral del hombre a través de una evangelización inculturada.  El tema de la Promoción humana atraviesa el documento.


Aparecida (2007): una educación para el discipulado misionero (Cf. Artículo anexo).  

Ø  Educación propiamente cristiana implica educar “hacia un proyecto de ser humano en el que habite Jesucristo con el poder transformador de su vida nueva”. El proyecto educativo debe encontrar en Jesucristo el principio ordenador.
Ø  La Iglesia promueve una educación centrada en la persona humana que es capaz de vivir en comunidad.
Ø  Asimismo, impulsa una educación de calidad para todos, especialmente los más pobres, que integre la cultura y las dimensiones religiosa y trascendente de la vida.
Ø  En el Proyecto Educativo de la Escuela Católica, Cristo ofrece la unidad y realización de todos los valores humanos. Los valores y principios del Evangelio han de animar las normas educativas, las motivaciones interiores y las metas finales.
Ø  Por consiguiente, la meta de la escuela católica es conducir a los niños y jóvenes a un encuentro con Jesucristo vivo, para vivir la alianza con Dios y los hombres. La construcción de la personalidad de los alumnos se hace en esta vinculación estrecha con Jesucristo.
Ø  La Escuela católica está llamada a una profunda renovación, rescatando su identidad católica, para tener una pastoral educativa audaz:
                        - formación integral de la persona con fundamento   en Cristo,
                        - identidad eclesial y cultural,
                        - excelencia académica,
                        - acompañamiento en los procesos educativos,
                        - participación de los padres de familia,
                        - formación de los docentes.
Ø  La educación de la fe ha de ser integral y transversal en todo el currículo, de manera que el alumno se transforme en un discípulo misionero.
Ø  Todos los estamentos de la escuela, como comunidad eclesial, debe asumir su papel de formador de discípulos misioneros.
Ø  Principio irrenunciable de la Iglesia es la libertad de enseñanza que va unido, y no en competencia, con el derecho a la educación. Toda persona debe tener la plena libertad para elegir la educación de sus hijos. Los padres son los primeros y principales educadores.
Ø  Este principio ha de ser garantizado por el Estado, de manera que los subsidios ayuden a los padres a escoger, en medio de una pluralidad de proyectos educativos, la escuela adecuada para sus hijos.

4.      La educación vicentina en cambio de época: desafíos y oportunidades

Ø  Personas que no saben leer y escribir y que ya superaron la edad escolar; los niños y adolescentes, en edad escolar y que viven fuera de la escuela;

Ø  Las personas pobres que no pudieron completar la educación básica; la mayoría de los jóvenes, especialmente los pobres, sin acceso a la educación superior; los emigrantes y los trabajadores que no pueden ser integrados en las estructuras educativas; las mujeres discriminadas y oprimidas, que no tienen condiciones favorables para su educación;

Ø  «Los nuevos analfabetos modernos» que no pueden utilizar los recursos tecnológicos actuales;

Ø  Personas, especialmente jóvenes, que incluso son escolarizados, pero tienen carencia de sentidos y de condiciones saludables de vida, y por ello consumen sus vidas en las drogas, violencia y criminalidad;

Ø  Personas que, sin una conciencia bien formada, son manipuladas por la moda, por los medios de comunicación, por la ideología dominante; la gran masa de gente anónima, pobres, explotados y manipulados, sin saber sus derechos como ciudadanos...

Y la relación de personas excluidas en la educación puede ampliarse mucho, especialmente teniendo en cuenta las distintas realidades humanas, sociales, geográficas y culturales...

  
Preguntas para la reflexión y el dialogo:

1. ¿Desde el testimonio de San Vicente y Santa Luisa qué actitudes y compromisos precisamos asumir en nuestro trabajo educativo?
2. ¿Cómo podemos co-educarnos con nuestros hermanos a quienes servimos?
3. ¿Cuáles son los principales rostros de excluidos de la educación en su realidad local, regional y nacional?
4. ¿Cuáles son las principales causas y consecuencias de la exclusión educativa?
5. ¿Qué es lo que más ansían nuestros jóvenes?, ¿Tras de qué andan?, ¿En qué consisten sus grandes necesidades, heridas y carencias?, ¿Qué es lo que esperan de la sociedad en que viven y de la educación que ésta les ofrece? ¿Los conocemos después de todo?


Primacía de Dios          Centralidad en Jesucristo                Mística por los pobres



[1] 1Conferencia del P. Celestino Fernández, «San Vicente y la Educación», presentada durante la Asamblea Internacional de la AIC, en El Escorial, el 30 de marzo del 2011.
[2] Cf. BRAUDEL Fernand. El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. Fondo de Cultura Económica. .México, 1976.

[4] Medellín, Educación, 3.

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