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jueves, 11 de junio de 2015

CULTURA VOCACIONAL VICENTINA

Diac. ROLANDO GUTIÉRREZ C.M.
Una propuesta teológica – pastoral para la Congregación de la Misión en América Latina en el campo de la Pastoral de las Vocaciones
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CENTRO BÍBLICO TEOLÓGICO PARA AMÉRICA LATINA
           DIPLOMADO EN PASTORAL VOCACIONAL
cultura vocacional vicentina

CULTURA


VOCACIONAL


VICENTINA








Introducción


A lo largo de los últimos años en que hemos tenido la oportunidad de acompañar a cientos de jóvenes en la búsqueda de responder a la voz de Dios, hemos constatado en la juventud la generación del amanecer vocacional, no en cantidades de jóvenes dispuestos a la vida consagrada, pero sí en una juventud comprometida el deseo de ser discípulos misioneros y con la apertura a la búsqueda del fin último de sus vidas. Cualquier visión pesimista de una juventud cerrada a la vocación tiene sentido solamente si partimos de conceptos vocacionales de antaño, desajustados a la eclesiología del Concilio Vaticano II y a las reflexiones magisteriales que se han dado en Latinoamérica en los últimos diez años.
Sin negar el contexto adverso y dificil en el que se gesta esta nueva generación de cristianos, la emergencia vocacional ciertamente se nos hace patente en el interior de nuestras estructuras provinciales, viceprovinciales o regionales de la Congregación de la Misión, no sólo por la disminución de los números de los candidatos, sino sobre todo el alarmante número de los cohermanos en dificultad que están problematizando la vida de la Congregación.
Partimos de la premisa de que la verdadera crisis vocacional no es de los llamados sino de los que llaman y esto a su vez nos interpela y nos invita a revisar nuestro testimonio de consagrados, revitalizar nuestro carisma y preguntarnos sobre cuál ha sido la base de nuestras estrategias vocacionales.
En esto último, el II Congreso Continental Latinoamericano de Vocaciones, llevado a cabo el 30 de enero y el 5 de febrero del 2011 en Cartago, la antigua capital de Costa Rica, nos estimula a renovar el ser y quehacer de la Pastoral de las Vocaciones desde la Cultura Vocacional, una propuesta que desborda los límites de una estrategia y nos invita a renovar nuestra vocación y ministerio, al mismo tiempo que nos empuja a que dejemos atrás los intentos siempre bienintencionados pero hoy fallidos y descontextualizados de reclutar jóvenes vocacionados para nuestras estructuras provinciales.
Caminar hacia una Cultura Vocacional Vicentina es hoy nuestro principal desafío.

1.    Las Vocaciones en la Congregación de la Misión.



1.1  Breve Historia de las Vocaciones de la Congregación de la Misión.


Al siglo XVII se le conoce como un siglo de grandes santos[1]explica Antonino Orcajo[2]una época de grandes reformas que vivía la Iglesia a escaso medio siglo del Concilio de Trento, llevado a cabo en veinticinco sesiones entre 1545 y 1563. Encontramos al mismo tiempo una sociedad convulsa por las pestes y el hambre producidas en su mayoría por las guerras como la famosa De los Treinta Años, mal llamada Guerra de las Religiones, la Fronda, la Guerra en Lorena, la Guerra en Picardía y Champagna, y otras tantas que hacen posible que hablemos de una Europa en llamas.
En ese escenario tiene protagonismo en Francia un hombre de baja estatura, campesino de origen, formado en leyes eclesiásticas y conocido en el mundo como el Santo de la Caridad: Vicente de Paúl, fundador de las Cofradías de la Caridad[3] en 1617, de la Congregación de la Misión en 1625 y de las Hijas de la Caridad en conjunto con Luisa de Marillac en 1633.
La obra del Señor Vicente estuvo marcada por la completa entrega a los más pobres, tanto sus tres fundaciones como su protagonismo eclesial y político tuvo siempre en el centro a los más necesitados, y en el caso concreto de la Congregación de la Misión, el servicio de la formación de los eclesiásticos no tuvo otro motivo más que garantizar bueno sacerdotes a la Iglesia que quisieran pastorear a los pobres.[4]
Ahora bien, para el interés propiamente de esta investigación conviene que nos detengamos brevemente en tres aspectos de la vida y obra de Vicente de Paúl: el florecimiento vocacional de la Congregación de la Misión, las ideas sobre la vocación que tenía el santo, y el grandioso aporte de Monsieur Vincent a la teología vocacional.

Florecimiento Vocacional en la Congregación de la Misión[5].
El 17 de abril de 1625 es el día en que jurídicamente nace la Congregación de la Misión, con un claro fin: la misión entre los pobres del campo, pero con un solo miembro: su fundador. En los primeros momentos de la naciente compañía Vicente contó sólo con un colaborador: Antonio Portail, y sin embargo el 24 de abril de 1626 el Arzobispo de París, Juan Francisco de Gondi, le dio su aprobación canónica a esa congregación, que finalmente tendría nuevos miembros en setiembre de ese mismo año: Francisco de Coudray y Juan de la Selle, ambos sacerdotes de la diócesis de Amiens. Poco después se incorporaron cuatro nuevos misioneros: Juan Becu, Antonio Lucas, José Brunet y Juan D’Horgny.
Años más tarde, Vicente ya anciano, a dos años de su muerte, recordará aquella experiencia como obra de la Providencia en su totalidad:
Eso es lo que hacíamos nosotros, mientras que Dios iba haciendo lo que había previsto desde toda la eternidad. Dio su bendición a nuestros trabajos; y al verlo, se juntaron con nosotros algunos buenos eclesiásticos y nos pidieron que les recibiéramos. ¡Oh Salvador, oh Salvador! ¿Quién hubiera pensado jamás que las cosas llegarían a la situación en que ahora las vemos? Si entonces me hubieran hablado de ello, habría creído que se burlaban de mí; sin embargo, así era como Dios quería dar principio a lo que ahora veis. Bien, padres, bien, hermanos: ¿llamaréis obra humana a la obra en que nadie había pensado? Pues ni yo, ni el pobre padre Portail lo habíamos pensado; ¡Ay! no lo habíamos pensado, ¡Ay!; estábamos muy lejos de pensar en esto…[6]
Hay que señalar que al principio Vicente no tenía proyección al futuro en la experiencia misionera que había fundado, y probablemente por eso se abstenía de cualquier clase dereclutamiento que incluso le causaba temor, como le escribió en alguna ocasión a su fiel seguidor Antonio Portail: La Compañía se encuentra a Dios gracias en buena situación. El número de los que han entrado entre nosotros desde su partida es de seis. ¡Cuánto temo, Señor, la muchedumbre y la propagación!..[7]
Parece justo reconocer que Vicente de Paúl tuvo una auténtica conversión en el criterio de la oración por las vocaciones, tardó veinte años en dar el paso de considerar necesaria lo que más tarde insistirá a sus misioneros:
Doy gracias a Dios por los actos extraordinarios de devoción que piensan ustedes hacer para pedirle a Dios, por intercesión de san José, la propagación de la compañía. Ruego a su divina bondad que los acepte. Yo he estado más de veinte años sin atreverme a pedírselo a Dios, creyendo que, como la congregación era obra suya, había que dejar a su sola providencia el cuidado de su conservación y de su crecimiento; pero, a fuerza de pensar en la recomendación que se nos hace en el evangelio de pedirle que envíe operarios a su mies, me he convencido de la importancia y utilidad de estos actos de devoción[8].
Por todo esto, se hace entendible que el crecimiento de la Congregación de la Misión haya sido bastante lento, los primeros ingresos a la comunidad fueron de cerca de seis candidatos al año, al menos hasta 1636, y un año más tarde, con la creación del Seminario Interno[9] se comenzó a recibir un promedio de 23 candidatos anuales, la mayoría provenientes de seminarios que estaban en manos de la Congregación o del clero diocesano[10], las edades de mayor ingreso eran entre los 18 y los 24 años.  En total, durante la vida de Vicente, tenemos un total de 614 ingresos a la comunidad, 425 clérigos y 189 hermanos[11].
Con todo y sin ser una congregación de tantos miembros, antes de que Vicente muriera la Congregación contaba con al menos treinta y tres fundaciones, y estábamos ya presentes en siete países fuera de Francia: Italia, Polonia, Túnez, Argel, Irlanda, Madagascar, Escocia y las Islas Hebridas.
Durante los nueve años del Superiorato General del P. René Almerás C.M. (1661- 1672), el inmediato sucesor de San Vicente, encontramos que las vocaciones realmente no tuvieron mayor ascenso, incluso hablamos de un total de apenas 330 ingresos, la mitad de los que hubo en tiempos del fundador, aunque ciertamente en casi la cuarta parte del tiempo. Para contemplar un florecimiento vocacional en la Congregación de la Misión debemos esperar al segundo sucesor de San Vicente, el P. Edme Jolly C.M. (1673 – 1697), que suma un total de 1062 ingresos en sus 24 años a cargo de la Congregación.
La primera caída se puede explicar por la muerte del santo. Más adelante, con Jolly, se produce una clara recuperación, que inaugura una época floreciente. Los dos máximos siguientes a mediados del siglo XVIII representan el período de la beatificación del fundador, que marcan el momento de máximo esplendor de la Imagen de la Congregación de la Misión.[12]



Ideas de Vicente de Paúl sobre la Vocación:
Una vez que Vicente llegó a percibir la necesidad de buenos obreros para la misión, aplicó lo que podríamos considerar la mejor técnica de Pastoral Vocacional en aquella época: oración y testimonio; incluso cuando llegaba a percibir la urgencia de más personal en la Congregación el santo se abstuvo de ir más allá de esa doble receta vocacional:
No dudo de que algún día pasará por allí[13] lo que está pasando ahora por aquí, ya que nos ofrecen más fundaciones de las que podemos hacer por falta de obreros. Se presentan pocas personas dispuestas como es debido para entregarse plenamente a Dios y, entre las que comienzan, son pocas las que resultan. ¡Cuánto vale un buen misionero! Es Dios mismo el que tiene que suscitarlo y moldearlo; es obra de su omnipotencia y de su gran bondad. Por esoNuestro Señor nos recomendó expresamente que pidiéramos a Dios que envíe buenos obreros a su viña; porque efectivamente, no serán buenos si Dios no los envía, y de éstos basta con unos pocos para hacer mucho.[14]

Si bien, como hemos dicho, Vicente tuvo una transformación en su criterio de ni siquiera orar por las vocaciones y luego más bien enfatizaría la necesidad de hacerlo, al mismo tiempo encontramos que la máxima de no urgir jamás a nadie a que abrace nuestro estado[15] la mantuvo firme hasta el final de sus vidas.
La doble receta vocacional de Vicente, como hemos llamado a su propuesta, comenzaba entonces con la oración como garantía de que aquellas vocaciones verdaderamente fueran un llamado de Dios y no fruto del capricho humano, una idea muy en consonancia con toda su teología de la Divina Providencia que tanto desarrolló a lo largo de su vida:
Le pertenece a Dios solamente escoger a los que él quiere llamar y estamos seguros de que un misionero dado por su mano paternal hará él solo más bien que otros muchos que no tenga una pura vocación. A nosotros nos toca rogarle que envíe buenos obreros a su mies y vivir tan bien que con nuestros ejemplos les demos más aliciente que desgana para que trabaje con nosotros.[16]

Al mismo tiempo que la oración, el santo tenía clara la exigencia del compromiso testimonial en dos sentidos: el primero era la vida fraterna, la cotidianidad de ser auténticas comunidades de amigos que se quieren bien[17]porque los obreros se multiplicarán, atraídos por el olor de tanta caridad[18]afirmaba el señor Vicente.
El segundo sentido del compromiso testimonial era lo que quiso claramente condensar en la quinta virtud que dio como características de los misioneros: el celo[19]Pero no entendido de cualquier manera, sino como es propio y característico de la Congregación de la Misión:
Esto mismo quiso señalar san Vicente cuando advirtió a los misioneros que había que entregarse a los ministerios que la divina Providencia señaló a la Compañía al darle nacimiento. Mientras la comunidad no sea punto de referencia apostólica, donde discernir la llamada de Dios, la pastoral de vocaciones quedará desvirtuada y sin garra. El contraste entre lo que se sabe del carisma fundacional y lo que se ve en la realidad, podría desencantar a los posibles vocacionados.[20]


El Aporte del Santo a la Teología Vocacional:

El Señor Vicente recibió gran influencia de la tradición Jesuita[21]y conoció con profundidad la vida y obra de san Ignacio de Loyola (1491- 1556), entre lo que se encontraba el concepto de vocación y discernimiento que el fundador de la Compañía de Jesús implementó, pero algunos historiadores afirman que debemos esperar el protagonismo de Vicente de Paúl para que esos conceptos ignacianos sean verdaderamente profundizados desde el campo de la teología de la vocación sacerdotal que ocupó al santo de la caridad en el problema de la reforma al clero en buena parte de su vida.
El gran aporte de Vicente a la teología de la vocación radica en lo que entendemos hoy poridoneidad ministerial, el asunto principal que persiguió a través de los retiros a los ordenandos, las conferencias de los martes y la creación de los seminarios en Francia. En palabras del santo:
Así pues, es preciso haber sido llamado por Dios a esta santa profesión; esto se ve incluso en nuestro Señor, que era sacerdote eterno y que sin embargo no quiso ponerse a ejercitar ese estado más que después de aquel testimonio del Padre eterno, cuando dijo: «He aquí mi Hijo muy amado, escuchadle». Este ejemplo, junto con la experiencia que tengo de los desórdenes que provienen de los sacerdotes, que no procuran vivir según la santidad de su carácter, me obliga a advertir a los que me piden consejo para recibir el sacerdocio, que no se comprometan a ello, si no tienen una verdadera vocación de Dios, una intención pura de honrar a nuestro Señor por la práctica de sus virtudes y las demás señales seguras de que su divina bondad les ha llamado a ello. Y está tan metido en mí este sentimiento que, si no fuera ya sacerdote, no lo sería jamás. Es lo que les digo con frecuencia a los que pretenden el sacerdocio, y lo que he dicho más de cien veces predicando en los pueblos del campo.[22]

Vicente mismo había llegado al ministerio por un camino muy distinto al que ahora él proponía con tanto fervor, y el culmen de toda esta lucha vocacional la dio sobre todo en el campo político, a través del Consejo de Conciencia de la Corte Real en el cual formó parte entre 1643 y 1652; esta fue su trinchera para batallar, sobre todo para que se tuviera como criterio de las elecciones episcopales, ante todo, la idoneidad de los candidatos[23]. Como es de esperar esto le costó ganarse enemigos en un contexto donde el ministerio era una carrera, y el episcopado un derecho beneficial de algunas familias.


1.2  ¿Un Problema de Falta de Personal?: Deserción de Misioneros, inestabilidad y enfriamiento.


En la Edición de abril- junio de la Revista Vicentina[24] se publicaron los datos estadísticos de la Congregación para el 31 de diciembre del 2013. Al finalizar ese año integrábamos la Congregación de la Misión 3261 misioneros incorporados o con votos, y unos 512 estudiantes admitidos[25].
Si analizamos la realidad por continente podemos tabular la siguiente información:
ContinenteMisioneros IncorporadosMisioneros Admitidos
África359141
América109694
Asia580201
Europa117257
Oceanía4519

Si observamos con atención nos percatamos que ciertamente el mayor número de misioneros ya en ejercicio están en Europa y América, pero que quienes vienen en camino, o sea los admitidos, son minoría en estos continentes y se duplican en cambio en Asia y África.
Durante el último año, en el 2014, según el boletín oficial de la Congregación de la Misión llamado Nuntia, se ordenaron 75 sacerdotes incardinados a nuestra Sociedad de Vida Apostólica, el mayor número de ordenaciones se vivieron áfrica y Asia, siendo las Provincias de India Meridional, el Congo, Nigeria y Vietnam las que más ordenandos han tenido en el 2014.
Todo esto nos permite concluir dos puntos: en primer lugar que nuestra congregación mantiene a nivel general un número importante de misioneros, aunque ciertamente Europa occidental  ya no será más el punto de concentración vocacional, ni América Latina, el supuesto continente de la Esperanza, se vislumbra como la fuente de vocaciones vicentinas, donde solamente 16 de las 60 ordenaciones fueron misioneros pertenecientes a CLAPVI[26]: cuatro de Colombia, cuatro de Perú, uno de la Región de Panamá, uno de Chile, dos de la Provincia de Puerto Rico, uno de Ecuador, uno de Curitiba, uno de Fortaleza y uno de Argentina.
No es en vano que desde hace ya varios años la Curia General viene insistiéndonos, a la mayoría de Provincias Latinoamericanas, en la necesidad de ir caminando hacia la reconfiguración, en vistas a que ha cambiado el panorama del florecimiento vocacional que entre finales del siglo XIX y el XX permitió que se crearan las 13 Provincias, la Viceprovincia de Costa Rica y la Región de Panamá que hoy conforman CLAPVI.
Pero además de esto hay un segundo punto al que debemos brevemente referirnos.  Se trata de la inquietud que desde tiempos inmediatos al Concilio Vaticano II viene preocupando a la Congregación: la inestabilidad vocacional de los cohermanos ya incorporados y ordenados, que se refleja en el alto número de dispensas o solicitudes de las mismas que se tienen que tramitar cada año[27], así como otra serie de situaciones que nos hacen hablar hoy decohermanos en dificultad.
Recientemente, con ocasión del Encuentro de Visitadores que se llevó a cabo en Saint John University, New York, en julio del 2013; el Vicario General de la Congregación de la Misión, el P. Javier Álvarez, realizó una ponencia que nos ilumina el panorama actual en esta situación:
En la actualidad, el número total de cohermanos que viven ausentes de la comunidad es de 192. En el 2010 eran 211. De una u otra manera, se han resuelto 65 casos en estos tres últimos años (desde la Asamblea general 2010), pero se han añadido otros 46. Con lo cual el resultado es sólo 19 casos menos que en el 2010…
El Vicario dividió los cohermanos en dificultad en cuatro grupos:
  1. El grupo mayor compuesto por los que están trabajando y viviendo en una diócesis con la intención de incardinarse en ella.
  2. Los que viven fuera de la comunidad y que desean la dispensa del estado sacerdotal.
  • Misioneros mayores, que llevan ya muchos años en esas condiciones, por misioneros que no pueden vivir en comunidad porque son desequilibrados sicológicos o en condiciones muy complicadas y muy particulares.
  1. Aquellos misioneros, más o menos jóvenes, que están en ausencia ilegítima, que no buscan ser incardinados porque no desean trabajar en ninguna diócesis.

En los cuatro grupos encontramos situaciones que nos hacen hablar de cohermanos en dificultad. Pero lo que nos interesa sobre todo está en el hecho que como el mismo Padre Álvarez lo ha analizado es que las razones más repetidas para la ausencia son: “discernir la vocación”, “deseo de ser incardinado en una diócesis”, desacuerdos y problemas con la institución”.
No podemos adentrarnos en el ser y quehacer de la Cultura Vocacional Vicentina dejando de lado una realidad que es de importancia capital para la Congregación. Cuando la Curia General, nos informa el P. Álvarez, preguntó a las Provincias: ¿qué más podría o debería hacer la Provincia por ellos? Entre las propuestas más destacadas se encuentra la de atención a las distintas etapas de formación inicial[28] y a la permanente.
¿Tendrán alguna relación los frutos que estamos viendo con la Pastoral de las Vocaciones que hemos venido llevando en la Congregación de la Misión?
No debemos caer en un simplismo empobrecedor, no se pueden sintetizar las causas de un problema tan complejo en la culpabilidad de los procesos vocacionales, sin embargo, como bien lo señaló en la ponencia el Vicario General:
Todos sabemos que un buen proceso de acompañamiento en la acogida, de discernimiento vocacional y de iniciación comunitaria es la base para evitar en el futuro algunas situaciones de dificultad. Mejor es prevenir que curar. Quizá en este campo sea especialmente verdadera esta frase. La prevención puede ser el discernimiento inicial, la formación inicial y también la formación permanente.
Revisemos entonces nuestra praxis de Pastoral Vocacional, dejémonos iluminar por el magisterio y tratemos de dar nuestro aporte a esta situación que viene agobiando nuestra Congregación, y que quizá volviendo la mirada hacia los procesos de discernimiento vocacional, por los que todo misionero ha de pasar, encontremos algún camino que nos ayude a responder a esta situación.


2.    Desaciertos Bienintencionados en la Pastoral de las Vocaciones.


Entre la segunda mitad del siglo XVIII y la primera del XIX misioneros vicentinos de distintas partes de Europa fueron llegando a Latinoamérica[29] mayormente para hacerse cargo de la formación de los seminarios, y por fidelidad a las diócesis o por las razones que fueran, casi se puede decir que se abstuvieron totalmente a la promoción vocacional para la misma Congregación. La posibilidad de vocacionados nativos fue una discusión que fueron dando conforme las posibilidades de envío de misioneros europeos se iban disminuyendo y se hacía patente la necesidad de personal. Lo que podemos decir a todas luces es que en gran parte de las provincias de CLAPVI la preocupación por la Pastoral Vocacional no fue un interés de misioneros europeos que heroicamente sembraron la semilla de San Vicente en nuestras tierras con su testimonio de misioneros celosos y entregados.
Actualmente, más de medio siglo después, asistimos a un auténtico cambio de época, más que una época de cambios y son justamente los jóvenes los máximos representantes de una nueva generación sumamente influenciada por las tecnologías de la información y comunicación, con situaciones familiares que han cambiado radicalmente a la de las familias tradicionales, con problemas en el campo de la educación, desempleo, migración, violencia, y fuertes deficiencias en el campo de la afectividad y sexualidad[30].
Inmersos en una ola de relativismo de toda clase, condicionados por falsos conceptos de libertad que ayudan a acrecentar el individualismo y a dificultar los procesos de madurez humana, en un panorama así encontramos la juventud latinoamericana del siglo XXI.
Hoy no vivimos ya en una cultura de cristiandad donde se podía suponer la fe de los jóvenes provenientes de hogares de tradición católica bajo el amparo de una familia sólida que ayudaba al desarrollo humano integral del muchacho. En este contexto es justamente donde nos planteamos el reto de la Pastoral de las Vocaciones, el cual no siempre ha sido protagonista de aciertos.
Ante la emergencia vocaciona[31]l, no pocas veces hemos caído en la urgencia de salir a pescarvocaciones al estilo del reclutamiento que pudo haber funcionado todavía algunas décadas atrás[32].
El principio pastoral parece bastante simple: para una realidad diferente no podemos seguir aplicando las mismas estrategias pastorales, por eso no sólo resulta desarticulado en contexto actual la propuesta de Pastoral Vocacional desde la pesca o el reclutamiento, sino que además favorece a que tengamos vocaciones poco consistentes con las consecuencias poco deseables que ya hemos señalado arriba con las palabras del Padre Javier Álvarez C.M.
Pero, ¿A qué nos referimos con pesca o reclutamiento? Podría parecernos muy sencillo dar una explicación al respecto, sin embargo, a nuestro criterio, una de las grandes problemáticas que tenemos en la Congregación de la Misión en el campo de la Pastoral Vocacional es la abundancia de simplismos; con eso queremos decir que no basta fijarnos en la ausencia de algunas características de nuestros procesos vocacionales para decir que no caemos en el reclutar.
Por ejemplo, si no presionamos a los jóvenes a dar el paso hacia nuestro carisma o si no presentamos la vocación vicentina como el único camino; esto no es suficiente para decir que no estamos reclutando muchachos para nuestras estructuras provinciales, se trata de un criterio mucho más profundo.
Ante la emergencia vocacional, la Pastoral Vocacional Vicentina parece tener hoy dos caminos: o se apuesta por procesos centrados desde la Cultura Vocacional o de una u otra manera estamos reclutando personal aunque de forma disfrazada y con apariencia de procesosamplios de criterio pero en el fondo lo que se prioriza es la necesidad congregacional y no el proceso del joven de encontrar su vocación aunque esta sea lejos de nuestra comunidad.
Por eso conviene detenernos en los siguientes dos apartados a profundizar en la propuesta del magisterio latinoamericano al respecto y en un desglose teológico pastoral que nos ayude a comprender el camino de la cultura vocacional y el desafío que se nos plantea para la Pastoral Vocacional Vicentina en la actualidad latinoamericana.



3.    El Problema “Vocacional” a la Luz del Magisterio Latinoamericano Actual.



3.1  La Propuesta de Aparecida.


Si seguimos los 554 numerales que componen las Conclusiones de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe ciertamente tenemos que decir que solamente un numeral aborda directamente el tema de la Pastoral de las Vocaciones:
En lo que se refiere a la formación de los discípulos y misioneros de Cristo, ocupa un puesto particular la pastoral vocacional, que acompaña cuidadosamente a todos los que el Señor llama a servirle a la Iglesia en el sacerdocio, en la vida consagrada o en el estado laical. La pastoral vocacional, que es responsabilidad de todo el pueblo de Dios, comienza en la familia y continúa en la comunidad cristiana, debe dirigirse a los niños y especialmente a los jóvenes para ayudarlos a descubrir el sentido de la vida y el proyecto que Dios tenga para cada uno, acompañándolos en su proceso de discernimiento. Plenamente integrada en el ámbito de la pastoral ordinaria, la pastoral vocacional es fruto de una sólida pastoral de conjunto, en las familias, en la parroquia, en las escuelas católicas y en las demás instituciones eclesiales. Es necesario intensificar de diversas maneras la oración por las vocaciones, con la cual también se contribuye a crear una mayor sensibilidad y receptividad ante el llamado del Señor; así como promover y coordinar diversas iniciativas vocacionales. Las vocaciones son don de Dios, por lo tanto, en cada diócesis, no deben faltar especiales oraciones al “Dueño de la mies”.[33]
Sin embargo, es necesario ampliar en lo que consideramos una justa hermenéutica de todo el documento de Aparecida, en cuanto que si bien solamente el numeral 314 es el único dedicado directamente a la Pastoral Vocacional, al mismo tiempo nos parece innegable que toda la V Conferencia de los Obispos latinoamericanos es una invitación a ser Discípulos y Misioneros de Jesucristo, como lo dice su lema, orientando así toda la propuesta magisterial en un auténtico llamado al sentido más genuino de la vocación bautismal, a saber, el discipulado y la misión, y por lo tanto, todo el documento Aparecida es en sí misma una propuesta vocacional.
Se entiende así que la gran Misión Continental[34] busca revitalizar la vocación de Discípulos Misioneros que no es otra que la santidad[35] en la sociedad actual, donde la preocupación por el tema de las familias[36], semilleros de vocaciones[37], ocupa un lugar preponderante; y esa vocación discipular- misionera se realiza en el camino específico de las vocaciones[38] y las formas de vida[39] en que Dios llama a cada quien.
Ahora bien, conviene observar con un poco de detenimiento el numeral 314 en que se habla específicamente de la Pastoral Vocacional. Nos parece muy oportuna la subdivisión que ofrece el Padre Carlos Silva[40], en la que muestra todo el numeral como un decálogo vocacional en el que podemos realizar una síntesis de las ideas fundamentales de Aparecida en el campo vocacional adecuada para el objetivo de esta investigación:
  1. La animación vocacional es responsabilidad de todo el pueblo.
Si bien es necesario tener responsables directos que encabecen los procesos vocacionales solamente podremos hablar de una auténtica cultura vocacional cuando toda la comunidad cristiana se sienta corresponsable de vivir y anunciar el kerigma vocacional[41] en lo ordinario del día a díaLa gestación de este aspecto lo vamos logrando por ejemplo con la promoción de la oración vocacional en grupos y parroquias, las experiencias de horas santas vocacionales y otras iniciativas en el campo de la oración por las vocaciones.
  1. Comienza en la familia.
Este mismo principio lo recoge el documento del II Congreso Continental Latinoamericano de Vocaciones celebrado en Cartago, Costa Rica[42], que sugiere que estemos atentos a las familias cristianas donde Dios puede llamar pero al mismo tiempo también sobreabundan las familias donde la fe ni siquiera existe, esto plantea dos retos claros: la pastoral de las familias[43] y el conocimiento de las familias de los jóvenes que se acompañan en los procesos de discernimiento.
El desconocimiento de la realidad familiar de los jóvenes es sinónimo de procesos vocacionales y formativos despersonalizados. Solamente se logra entender el ser y las actitudes de los individuos cuando se conoce su origen. El P. Carlos Silva recomienda incluso que casi no se puede dar el ingreso a una casa de formación a un joven al que ni siquiera se le ha visitado una vez a su familia.

  1. Continúa en la Comunidad.
Cualquier esfuerzo de pastoral que se realice queda parcializado si no se cuenta con comunidades vivas que sepan acoger y acompañar a los vocacionados. La tarea de crear unacultura vocacional pasa necesariamente por Vocacionalizar nuestras obras, como lo se explicará más adelante. Aquí lo fundamental es que se nos da un criterio de discernimiento que debe tomarse muy en cuenta, el hecho de que dentro del proceso de discernimiento previo al ingreso a las casas de formación el joven tiene ya que haber tenido la experiencia de comunidad, si adolece de este escarmiento entonces también carece de la vivencia deldiscipulado- misionero[44] y por ende el ingreso a un seminario dejaría grandes dudas respecto al mínimo de motivaciones que deben esta claras en una vocación específica como la nuestra.
  1. Está integrada en la pastoral ordinaria y en la parroquia.
Justamente por el aspecto anterior no se puede pensar en un joven que está en proceso de discernimiento que viva al margen de la experiencia parroquial o de algún movimiento eclesial[45]. Insistimos en que antes de ser llamado a la vocación específica necesariamente somos primero discípulos- misioneros[46] y por eso es indispensable la vida de Iglesia en el joven. Hoy parece muy recomendable que incluso los mismos procesos vocacionales sean de carácter diocesano o al menos parroquial, que integre todas las vocaciones específicas y las diversas formas de vida para que sea que todo el proceso sea en sí mismo una experiencia verdaderamente eclesial[47].

  1. Es fruto de la pastoral de conjunto.
En este aspecto insistirá el documento de Costa Rica[48], nos parece que se explica mejor con sus palabras textuales:
La pastoral vocacional es al mismo tiempo un servicio a la pastoral de conjunto, una actividad “esencial y connatural” a la pastoral de las Iglesias locales, una extensión de la maternidad de la Iglesia que con María ama y llama a sus hijos, y un ministerio “transversal” de toda pastoral. Al partir de una comprensión abierta de las vocaciones, permite “Vocacionalizar las pastorales” y desarrollar lo que cada una de ellas tiene en este sentido.[49]
  1. Ha de dirigirse a niños y jóvenes.
Aparecida señala los destinatarios directos: niños y jóvenes, curiosamente dejan por fuera la categoría de adolescentes, aspecto que llama la atención si se toma en cuenta que la misma Conferencia dedicó un numeral completo a definir la etapa de la adolescencia[50]Lo cierto del caso es que al hablar de estos dos destinatarios ya nos abre las puertas para la definición de la Pastoral Vocacional en dos dimensiones complementarias como lo entendió el Congreso de Costa Rica[51].
En los niños encontramos representado el servicio de animación vocacional tiene el objetivo de sensibilizar acerca de la dimensión bautismal de la vocación. Es allí donde hablamos de la vocación humana y cristiana. Esta es la parte que es transversal a todas las pastorales.
Por otro lado, en los jóvenes encontramos representado el servicio pastoral de despertar,discernir, cultivar y acompañar[52] las vocaciones de especial consagración, pero en esto nos centraremos más adelante.

  1. Su objetivo es acompañar a los que el Señor llama.
Toda la inversión que realicemos en el servicio de la Pastoral de las Vocaciones tiene que partir de un claro objetivo que evite el riesgo de que la emergencia, la fuga y la urgencia vocacional[53] nos haga caer en la tentación ya señalada por el Congreso de Costa Rica: a menudo lo urgente pospone lo importante.
Ante las necesidades de personal que enfrentan muchas de nuestras provincias latinoamericanas corremos el riesgo de invertir en la Pastoral Vocacional con pretensiones proselitistas disfrazadas de ideales vocacionales. El peligro siempre es pensar en las obras y las estructuras pastorales que tenemos antes que en los mismos jóvenes, dejando de lado el único y auténtico objetivo de la Pastoral Vocacional.
En este sentido, nos parecen de mucha actualidad las palabras de San Vicente: Hemos de ayudarles, procurando que ellos mismos determinen el lugar adonde creen que Dios les llama. Dejémosle obrar a Dios… con­tentándonos con ser sus cooperadores… Si la Compañía sigue comportándose así, su divina Majestad la bendecirá. Por eso hemos de con­tentarnos con los sujetos que Dios nos mande.[54] 

  1. Ha de ayudar a descubrir el sentido de la vida, elaborar un proyecto de vida y acompañar cada proceso de discernimiento.
Entendido el objetivo sabemos lo que deben buscar los procesos vocacionales, ahora, a partir del octavo punto del decálogo entendemos el cómo. Hacer encuentros y retiros vocacionales realmente tienen un papel importante pero resultan insuficientes si no se personaliza cada proceso vocacional.
El papel de un acompañante que se encuentra sistemáticamente con el acompañado es verdaderamente fundamental desde una perspectiva de purificación de las motivaciones[55]que inicia ya desde antes del ingreso a las casas de formación. Es justamente en este proceso donde el joven es correctamente orientado para que pueda elaborar su proyecto de vidacuando llegue el momento adecuado dentro del itinerario de los acompañamientos vocacionales[56].
Juzgamos verdaderamente alarmante que se vea como lo normal dar ingreso a nuestros seminarios a jóvenes que no hemos acompañado como es debido, a quienes ni siquiera han trabajado lo básico de un proyecto de vida suponiendo que durante el año propedéutico tendrán el espacio para iniciarlo. ¿No será acaso esta una de las causas de la poca consistencia vocacional en la formación inicial de los primeros años? Asumir como normal el alto número de postulantes que dejan el proceso durante los años de filosofía no ayuda a caminar en perspectiva de procesos personalizados durante la etapa de discernimiento previa al ingreso del candidato.
Si verdaderamente ayudamos a los jóvenes a descubrir el sentido de la vida, y les acompañamos en procesos de discernimiento que apuestan por la construcción de losproyectos de vida no cabe duda que tendremos vocaciones más sólidas desde los primeros años de formación inicial[57].

  1. Ha de privilegiar la oración:
Ya desde el primer punto del decálogo hemos señalado la importancia de la oración por las vocaciones, sin embargo, no basta con pedirle oración a los fieles, nosotros mismos tenemos que orar por las vocaciones. En este punto hay que reconocer una gran tradición vicentina que al menos desde Latinoamérica mantenemos viva con la hermosa plegaria Exspectatio Israel, la cual recitamos en cada comunidad local todos los días desde tiempos en que fue Superior General el P. Antonio Fiat (1878- 1914) hace ya más de un siglo.
Sería necesario también, en pro de una Cultura Vocacional¸ pensar en que todas las Provincias que conformamos CLAPVI, y por qué no, las de habla hispana, utilizáramos una misma traducción de esta plegaria[58].
Por otro lado, convendría también que los responsables de los procesos vocacionales faciliten a los cohermanos de una misma provincia los nombres de los jóvenes que se encuentran en discernimiento, con el fin de que adicional a nuestra plegaria tradicional, las comunidades locales también personalicen la oración por cada uno de los jóvenes en proceso.

  1. Ha de promover y coordinar las iniciativas vocacionales. Por ello, hemos de pasar de una pastoral de espera a un servicio de propuestas.
Llegado al último punto de conviene preguntarnos: ¿Qué tipo de Pastoral Vocacional Vicentina tenemos en nuestras Provincias, Viceprovincias y Regiones de CLAPVI? ¿Son realmente pastorales con un servicio de propuestas? Y si respondemos afirmativamente: ¿Qué tipo de propuestas estamos realizando? ¿Serán las más acertadas para la realidad juvenil, eclesial y congregacional en la que nos toca encarnarnos?


3.2  La Propuesta del II Congreso Continental de Vocaciones, Cartago- Costa Rica:

Método Bíblico- Vocacional Latinoamericano y Caribeño


A diecisiete años de distancia del Primer Congreso Continental Latinoamericano de Vocaciones, celebrado en Itací, Sao Paulo, Brasil; el segundo tuvo su sede en Cartago, Costa Rica, entre el 31 de enero y el 5 de febrero del 2011, como un acontecimiento eclesial enmarcado en la Misión Continental impulsada por Aparecida[59], cuyo objetivo fue el fortalecimiento de la cultura vocacional para que los bautizados asuman su llamado a ser discípulos y misioneros de Cristo en las circunstancias actuales de América Latina y el Caribe.[60]
Si bien dedicamos solamente este pequeño apartado a los puntos que más nos interesan del Congreso de Costa Rica, hemos de reconocer que en el horizonte hermenéutico de toda esta investigación ha estado el mismo como criterio desde el cual nos hemos propuesto adentrarnos en la cultura vocacional vicentina.
No podemos aquí pretender hacer síntesis de todo el Congreso, eso desbordaría los objetivos de este trabajo, bástenos primero recordar la generalidad del Congreso y luego centrarnos un algunos aspectos que están en el corazón de nuestro tema.
Entre las mayores novedades del Congreso[61] se encuentra justamente su método. Todo el Congreso en sí mismo una gran Lectio Divina de Lc 5, 1 -11, dándole así la centralidad a la Palabra, tal y como le corresponde, haciendo uso al mismo tiempo de las cuatro imágenes de la Palabra propuestas por el Sínodo y la Verbum Domini: la Voz, el Rostro, la Casa y el Camino[62]y en relación directa con los pasos del método típicamente utilizando por el magisterio latinoamericano: ver, juzgar y actuar. Se estructuró así el Congreso en cuatro grandes partes:

  1. Lectio- La Voz de la Palabra- Ver.
Se basa en las categorías temporales del texto bíblico la noche en que los discípulos pasaron pescando sin resultados y el amanecer donde se da la pesca milagrosa y el llamamiento. Desde ahí se realiza una lectura de la realidad socioeconómico, político cultural, y eclesial vocacional.
Valga reconocer que el Congreso ofrece una antropología juvenil sumamente positiva que nos hace sentir las luces del amanecer en el contexto actual, de ahí que luego las mismas conclusiones del Congreso nos inviten a que lejos de satanizar la realidad juvenil y caer en el pesimismo de criteriológico de que no hay vocaciones, más bien seamos capaces de valorar el potencial vocacional de los nuevos escenarios… detectando en este contexto “las semillas del verbo” e interpretándolas con un lenguaje adecuado, en función al mismo tiempo de la pastoral vocacional y de la evangelización.[63] 
Esta es la razón fundamental por la que en este trabajo de investigación nos hemos detenido a valorar la realidad juvenil actual, porque de acuerdo con el objetivo del mismo y partiendo de la afirmación de Amadeo Cencini que el Congreso hizo suya, la verdadera crisis vocacional no es de los llamados sino de los que llaman[64]nos ha parecido que el estudio de la realidad que debe interesarnos sobre todo es el del interior de la Congregación, donde podría encontrarse la verdadera crisis.

  1. Meditatio- El Rostro de la Palabra – Juzgar.
Encontramos aquí el punto fundamental de nuestro interés, la Cultura Vocacional, entendida como un proceso continuo de creación y socialización, es el modo de vida de una comunidad que deriva de su modo de interpretar la vida y las experiencias vitales y que involucra a sus miembros, de manera personal e interpersonal, en algo que se cree, de lo que todos están convencidos, que genera opciones y compromisos y, así, se convierte en patrimonio común. Y la afirmación que hacemos también nuestra: si no construimos sobre esa cultura, a la pastoral vocacional le faltarán raíces y, por eso, no producirá frutos de verdad y de vida.[65]
Esta Cultura Vocacional se compone en tres claves: mentalidad, sensibilidad práctica.
Por mentalidad el Congreso entiende el criterio que da sentido, la teología vocacional que deriva luego en cristología y eclesiología. No nos detendremos aquí.
En cuanto a sensibilidad se entiende el paso de la teología a la experiencia personal. Es el juego donde las convicciones se vuelven compromisos. Se trata de una espiritualidad vocacional.
Finalmente la práctica pedagogía vocacional se refiere al estilo de vida, el proceso educativo de la coherencia que permite que la teología y la sensibilidad se traduzcan en gestos consecuentes de la vida diaria.[66]
La consecuencia de crear una cultura vocacional entendida desde estas tres claves es que en la Iglesia cada uno sea responsable de la vocación de los demás y no se preocupe solo por su propia vocación como si esta fuera su propiedad exclusiva, en función de su autorrealización.[67]

  • Oratio- La Casa de la Palabra- Actuar Ad-Intra.

Nos interesa sobre todo la pedagogía vocacional que el Congreso nos ofrece en dos vertientes: los desafíos[68] y el itinerario[69].
Comentemos brevemente cinco de los siete desafíos que el Congreso pone de frente y que podrían tener algo de realidad en las provincias latinoamericanas de la Congregación de la Misión.
  1. “La emergencia vocacional” Se trata del reconocimiento de un problema en la comunidad que hace sentir la necesidad de volver la mirada hacia la raíz del asunto. En palabras del Congreso es la capacidad de descubrir que algo nuevo está surgiendo y de responder de la mejor manera a esta novedad. Nos parece un paso importante pero insuficiente si no se va más allá. Algunas comunidades tienen conciencia de la su necesidad pero la solidez de sus estructuras ofrecen solamente pequeñas y mezquinas oportunidades para ir precariamente viendo cómo se soluciona la situación vocacional.

  1. “La fuga vocacional” se refleja el abandono que han hecho muchas instituciones pedagógicas de la tarea propia, deja ver que la verdadera crisis vocacional no es de los llamados sino de los que llaman… Aquí sería interesante un auténtico y concienzudo análisis de nuestros ministerios, de nuestro compromiso personal y comunitario con la misión, los pobres y la formación. ¿Somos una verdadera representación del carisma de misión- caridad?

  • “La urgencia vocacional” es cuando lo urgente pospone lo importante. Se trata del afán de resultados inmediatos que por lo general simplifica y corre el riesgo de perder de vista lo esencial, produciendo en realidad un aumento de los vacíos que pretende llenar. Sucede cuando una provincia está muy preocupada por la vejez de sus cohermanos, la falta de personal, las obras que se están cerrando, y se comienza a trabajar desde allí la pastoral vocacional. Cuando esto sucede la Cultura Vocacional ocupa un lugar mediático, que de alguna manera justifica y da ciertos argumentos al trabajo vocacional que se realiza, pero en realidad está puesta la mirada en la urgencia, no en lo que realmente importa desde la conciencia cristiana-eclesial.


  1. “La crisis vocacional” que tiene que ver con los procesos educativos, las experiencias formativas y nuestros estilos de vida, porque no logran proponer modelos visibles y atractivos en los ambientes de hoy. En el fondo refleja una crisis de vida, donde por no vivirse de los valores evangélicos, no se cautiva a los otros. Se vuelve imperiosa la pregunta: ¿Nuestras comunidades son un atractivo vocacional para los jóvenes, en su apostolado y su vida cotidiana? El peligro siempre latente está en que respondamos afectivamente para justificarnos desde nuestro buen deseo de servir pero evadiendo cuestionarnos la efectividad de nuestros apostolados y obras. Parece muy oportuno el binomio de la caridad afectiva y efectiva de San Vicente, si una de esas partes faltan en nuestras comunidades, tristemente tendríamos comunidades estériles.

  1. “El riesgo vocacional” que consiste en caer en el extremo de invadir la conciencia del otro con propuestas forzadas o en no proponer la novedad de vida, por un respeto exagerado, mal entendido. De ahí que su requisito fundamental, de parte del educador vocacional, sea el equilibrio entre la libertad del otro que se ha de respetar y la fuerza de la propuesta que se ha de plantear. Si revisamos cada uno de los proyectos vocacionales provinciales, viceprovinciales o regionales, ejercicio que por respeto al auténtico esfuerzo de cada provincia hemos preferido omitir, habría que observar muy detenidamente si estamos lejos del sano equilibro que debe caracterizar una propuesta vocacional.
A la par de los desafíos, siempre como parte del actuar ad-intra nos interesa la pedagogía vocacional[70] que el Congreso nos ofrece a la luz de Aparecida, en cuatro etapas que debe caracterizar todo proceso planteado desde la Cultura Vocacional:
Se trata de una etapa más relacionada con el Servicio de la Animación Vocacional que veremos en el siguiente apartado. Ante todo es el momento de para anunciar el kerigma vocacional, centrado en la vocación de discípulos misioneros que es propia de todo bautizado y que se abre a la búsqueda del sentido de la vida que le hace ir progresivamente concluyendo en  ganar la vida entregándola. Cuando esta etapa es saltada, como producto de nuestra urgencia vocacional que nos hace lanzarnos de primer entrada al discernir, comenzamos a dañar los procesos y a favorecer condiciones que traen como consecuencia vocaciones que más tarde podrían ser inestables o candidatos al grupo de cohermanos en dificultad[71].
Hay que agregar que esta etapa está en directa relación con los apostolados juveniles. En nuestro caso, conviene hacer una reflexión en torno a la propuesta vocacional desde la etapa del despertar en relación la asesoría que realizamos a asociaciones juveniles de nuestro carisma como JMV y otras que puedan existir en cada país.

La segunda etapa es el momento idóneo para profundizar en las distintas vocaciones específicas y opciones de vida que es posible dentro de la vida de los discípulos misioneros. Se trata de discernir las señales del llamado para auscultar sus voces y distinguir sus caminos, no profesionales sino vocacionales. Ahora es cuando se entra en el acompañamiento directo de la Pastoral de las Vocaciones, por medio de retiros, encuentros, convivencias y con la gran importancia del acompañamiento personalizado.
Juego un papel importante las crisis de dudas, el compromiso que van adquiriendo de cara a un llamado, los signos de conversión que van experimentando. En todo esto hay que saber acompañar a los jóvenes si queremos vocaciones con idoneidad aunque no sean en cantidad.
En lo que respecta a la Pastoral de las Vocaciones tanto la etapa del despertar como la deldiscernir se refieren directamente a los procesos de discernimiento que van del bautismo al ingreso al camino de una vocación específica. En cambio, el cultivar y el acompañar se refieren más directamente a los que ya han optado por una vocación específica y por lo tanto no nos detenemos mucho en ellas para no sobre pasar los límites de esta investigación.

  1. Cultivar:
El cultivar es la etapa inmediata al sí que un joven dice al finalizar la etapa del discernir, en nuestro caso se identifica con el ingreso al año propedéutico y la formación dentro del seminario.  La gran tarea del acompañante es ayudar a que la motivación inicial, que antes permanecía unida a otras motivaciones, ahora se haga clara y se convierta en el núcleo integrador de la personalidad.
  1. Acompañar.
La cuarta y última etapa de nuestro itinerario está directamente relacionada con lo que hoy entendemos por formación permanente, de esto nos ocuparemos un poco más adelante cuando hablemos de vocacionalizar nuestras obras.

  1. Contemplatio – El Camino de la Palabra- Actuar Ad- Extra.

En esta última parte del Congreso la escena bíblica central es la de la pesca milagrosa que escausa de su conversión… y punto de partida del llamamiento de los primeros discípulos.
Si nuevamente contemplamos los proyectos pastorales de la mayor parte de nuestras provincias vicentinas de Latinoamérica encontramos que en este sentido se han tenido iniciativas muy ricas y variadas, desde propuestas de campamentos, semanas vocaciones, actividades a nivel de familia, retiros, encuentros, y otras tantas actividades verdaderamente ingeniosas que podríamos enumerar. Por eso justamente, y en consonancia con el espíritu del Congreso, nuestra centralidad la ha ocupado la tercera parte que nos invita a volver la mirada hacia nosotros mismos, y no tanto en relación con el trabajo que venimos realizandohacia afuera, que como decimos, parece que ese viene invirtiendo en este campo.
Sin embargo, nos parece que algunos aspectos de las propuestas del Congreso que dan líneas para caminar hacia una Cultura Vocacional podrían ser útiles a nuestra realidad.
En primer lugar se trata de adelantar procesos, más que allá que hacer cosas. La asertividad de un proyecto vocacional no está en tener muchas actividades durante el año, sino en crear procesos con itinerarios verdaderamente graduales que logran acompañar a los jóvenes en su caminar entre la primera etapa, despertar, y la tercera, cultivar, pasando por la segunda,discernir, que es el espacio donde se mueve la Pastoral de las Vocaciones como tal. Además, solamente por medio de verdaderos procesos logramos que mediante el acompañamiento de los grupos y de cada joven, se integren todas las dimensiones que garanticen luego la idoneidad del futuro candidato.
En segundo lugar, dado que prácticamente todas las Provincias, Viceprovincias y regiones que integran CLAPVI pasamos por condiciones similares en cuanto a la emergencia vocacional[72] conviene unir esfuerzos congregacionales en el campo de las vocaciones, incluso dentro del espíritu de colaboración vicentina a la que el Superior General nos viene llamando y hasta como pasos que nos van acercando en la línea de la reconfiguración. No se trata solamente, aunque sin excluir, de experiencias como misiones o campamentos vocacionales interprovinciales, quizá sea hora de ir dando pasos hacia estructuras más serias como lo recomiendo el Congreso de Costa Rica: Crear centros de estudio interdisciplinario y de divulgación intradisciplinaria de la cultura vocacional y sus consecuencias pedagógicas y espirituales.
Finalmente, recomienda también en Congreso hacer que la animación vocacional vaya más allá de las fronteras de la Iglesia, con una utilización creativa y responsable de los medios de comunicación social y de los nuevos lenguajes, con especial atención a la idiosincrasia latinoamericana. En este punto hay que reconocer el ingenio con que algunas Provincias, como la de Perú, que han venido trabajando el campo del apostolado vocacional en el mundo virtual, sin embargo no es este el caso de la mayoría de Provincias que nos hemos quedado con algún perfil de Facebook, o páginas que pocas veces se actualizan con algunas imágenes e información muy escaza. Incluso el mismo sitio web oficial de la Congregación de la Misión, www.cmglobal.org en español, encontramos pobremente una pestaña que dicevocaciones pero que no contiene más que un video respecto a las líneas de acción de los hermanos en la Asamblea General del 2010, casi ya con cinco años de desactualización. Hay que invertir en este apostolado, y eso exige capacitar cohermanos en informática y diseño publicitario, también aquí hay que crear cultura vocacional.

4.    Hacia una “Cultura Vocacional Vicentina”:                                                       Un Desafío para la Congregación de la Misión.


Si hemos visto el patrimonio del que somos herederos por parte de nuestro fundador, y al mismo tiempo nos hemos interpelado ante una situación tan alarmante como el alto número de cohermanos en dificultades muy variadas, parece apropiado que en este último apartado lleguemos a propuestas muy concretas que a la luz del magisterio latinoamericano nos permita dar pasos seguros a las Provincias de CLAPVI en el campo de la Pastoral de las Vocaciones. Hemos creído que podemos sintetizar este desafío en tres puntos de una misma propuesta.

4.1  Creer – Formar – Invertir.


Si revisamos en el Catálogo de la Congregación, nos percatamos que las trece provincias que integran CLAPVI, la Viceprovincia de Costa Rica y la Región de Panamá, todas tienen al menos un Promotor Vocacional aunque no siempre dedicado con exclusividad a este oficio. Algunas Provincias que han sido pioneras en este campo, como es el caso de Colombia, han visto en cambio la necesidad de tener a tiempo completo un Equipo de Pastoral Vocacional integrado con tres cohermanos y un seminarista en año de experiencia pastoral.
Todas las provincias tienen conciencia de la emergencia, pero como bien lo ha señalado en Congreso de Costa Rica, mientras sigamos siendo pocos los que asumimos el ministerio de ser eco del Padre que llama, o nos dediquemos tibiamente a esta misión, seguirán siendo poquísimos los que respondan cautivados por esa voz. Es claro que la Iglesia debe comprometerse a invertiren quienes llaman.
Tenemos conocimiento de experiencias no muy positivas, donde se han liberado cohermanos para este ministerio, y se ha otorgado un cierto presupuesto para ello, creyendo ingenuamente que ya con eso se estaba invirtiendo lo suficiente para la Pastoral Vocacional, cuando a los pocos años no han dado frutos, como sería de esperar, con mucha facilidad se llega a la conclusión de no seguir invirtiendo en ese apostolado. En estos casos, es claro que hemos caído en lo que el Congreso ha llamado como urgencia vocacional y lo que es peor, en un cierto pesimismo.
En el fondo, la crisis verdadera sigue estando en que necesitamos volver a creer, y esa es una tarea de quienes tienen en su mano las riendas provinciales, hay que volver a creer en el Dios revelado en las Sagradas Escrituras es el que “eternamente llama”[73] y que por lo tanto sigue llamando también en el contexto de hoy[74], pero para que esta esperanza no se vea defraudada en poco tiempo hay que formarnos para tener criterios en el campo de la teología y pastoral de las vocaciones. En este sentido se habla de la idoneidad del Promotor Vocacional[75] en cuanto que no es suficiente nombrar un cohermano y darle ciertas facilidades para que traiga vocaciones, eso sirve para calmar la conciencia de una provincia, es muy afectivo, pero poco efectivo si hablamos de Cultura Vocacional.
Sólo estaremos dispuestos a invertir, tanto personal como medios materiales, en este apostolado, cuando lleguemos al convencimiento no de su urgencia sino de su necesidad[76], como lo hemos hecho durante cuatro siglos con las misiones.
Aunque la Pastoral Vocacional sea realmente un asunto de todos, hoy las provincias no pueden prescindir de un equipo[77] que anime ese apostolado en toda la provincia, esto exige cualificar cohermanos idóneos que sean capaces de liderar auténticos procesos de promoción de la cultura vocacional con todas las características que hemos visto en el así llamado decálogo vocacional de Aparecida[78]pero si nuestro interés está puesto en que hacer promoción vocacional para que vengan jóvenes a nuestros seminarios, entonces seguiremos caminando en la dirección exactamente contraria a lo que el Espíritu ha soplado por medio del magisterio latinoamericano antes expuesto.

4.2  Vocacionalizar Nuestros Obras y Apostolados.

Tres veces ha insistido el Congreso en la necesidad de vocacionalizar todas las pastorales[79], algo que a nuestro criterio se convierte en el paso más urgente que la Congregación de la Misión debe dar si hablamos de un itinerario hacia la Cultura Vocacional. Para ellos consideramos que se trata de dos tareas primordiales: revitalizar el carisma y ubicar laformación en perspectiva de cultura vocacional, en este último punto sin olvidar el papel importantísimo de la formación inicial, para efectos del objetivo de este trabajo nos centramos en la formación permanente[80].

Revitalizar el Carisma.
Una vez tenido en claro la necesidad de invertir en la Pastoral de las Vocaciones, ahora conviene preguntarnos: ¿Por qué mientras algunas congregaciones, sobre todo de fundación reciente, están cada vez con mayor aumento en sus vocacionados, una congregación histórica como la nuestra, pionera en el campo de la formación y las vocaciones, viene más bien en descenso?
Nos parece que vuelve a tener resonancia el principio de Amadeo Cencini que el Congreso de Costa Rica hizo suyo: la verdadera crisis vocacional no es de los llamados sino de los que llaman[81].
Para ser capaces de vocacionalizar nuestras obras es necesario que reconozcamos en cuanto nuestras obras y apostolados proyectan por sí mismas el espíritu puramente vicentino, si cada una de ellas tiene olor a pobre, a misión ad-gentes, a formación. No basta con hacer una lectura vicentina de nuestros apostolados para terminar con respuestas que nos consuelan, nuevamente la pregunta apunta más a la efectividad de nuestras obras que al afecto con que lo hacemos. ¿Estaría Vicente de Paul haciendo lo mismo y viviendo de la misma manera que hoy lo estamos haciéndolo en cada provincia, obra o comunidad?
En este sentido sigue estando muy vigente la doble receta vocacional de Vicente, como hemos llamado su criterio de pastoral de las vocaciones: testimonio y oración.
No parece muy lógico que quienes encabezamos procesos vocacionales presentemos solamente un carisma en teoría[82] que lleve a las personas a sentirse defraudadas de su opción vocacional una vez que ingresan a la vida real de la Congregación. Los afiches y la propaganda si no tiene raíces en la misión que decimos tener y si no vivimos verdaderamente como una comunidad de amigos que se quieren bien termina siendo antes un engaño que una verdad evangélica como sería de esperar.
En la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, el Papa Francisco nos ha recordado la célebre expresión de Benedicto XVI en la Homilía de la Eucaristía de inauguración de Aparecida, la cual tiene que abrirnos expectativas vocacionales: La Iglesia no crece por proselitismo sino « por atracción ».[83]

Formación permanente.
Revitalizar el carisma es una tarea solamente posible de lograr en la medida en que cada misionero logre en cada etapa de su vida reinterpretar su propia vocación y carisma desde el llamado inicial que lo llevó a emitir los votos en la Congregación. Se trata de hacer vida lo que rezamos siempre al finalizar la oración Exspectatio Israelsantificarnos en la verdad a quienes ya hemos sido llamados a esta vocación[84].
Aquí es donde justamente donde juega un papel crucial la formación permanente, que en perspectiva del Congreso es la parte esencial de todo proceso vocacional en su cuarto momento, el acompañar[85].
Imprimir a la formación permanente su dinámica esencialmente vocacional y, por lo mismo, espiritual, discipular y misionera. Incluir en la formación permanente, además de los contenidos técnicos, teológicos y pastorales, una espiritualidad que motive el seguimiento del Maestro, para una identificación con Él en la entrega generosa y desinteresada de la vida a favor de la Iglesia y del Reino .Revitalizar la vida consagrada a través de la vivencia de los consejos evangélicos como valores, expresión de la identificación con el Maestro.[86]
Esta mirada hacia dentro es el primer criterio que certifica la autenticidad de una formación permanente hoy. Pero al mismo tiempo, como consecuencia inmediata, la formación permanente nos pone en estado de misión desde una perspectiva que desborda nuestra vocación y contagia a otros tantos en ese estilo de seguimiento a Cristo. Por eso, paravocacionalizar nuestras pastorales, hay que vocacionalizar nuestra formación permanente.
Podrá parecer extraño, pero, pensándolo bien, son o deberían ser los mismos contenidos, o los mismos modelos los que deben formar un proyecto sistemático de animación vocacional y de formación permanente… En concreto: la animación vocacional es signos e instrumento de renovación únicamente si se entiende como estímulo que ofrece contenidos precisos de formación permanente para todos, está última, a su vez, es signo e instrumento de renovación si se logra comprometer en la animación vocacional a todos y cada uno de los miembros de la comunidad. Con una fórmula podemos expresar esta relación recíproca de causalidad: «todos formándose, todos agentes de animación vocacional».[87]
Nos parece que aquí se encuentra una respuesta a la dificultad de las Provincias grandes en territorio donde aunque se tengan algunos cohermanos a tiempo completo en este apostolado, las distancias hacen casi imposible poder llevar procesos de acompañamiento sistemáticos que no se reduzcan a unas cuantas actividades anuales. Cada una de nuestras obras debe tener personal capacitado, no solamente bienintencionado, con las herramientas necesarias para acompañar a los jóvenes en su proceso de discernimiento. Esto de ningún modo desdibuja el papel del equipo de promotores vocacionales que se han designado con esa responsabilidad exclusiva, al contrario, la vuelve más exigente en un trabajo verdaderamente comunitario que ellos, o él, animan en la provincia, pero que realmente y gracias al camino que ha trazado la formación permanente ha llegado a ser un asunto de todos.


4.3 Un Proyecto y un Compromiso
Todo lo que se ha dicho en esta investigación queda en el vacío si no va más allá de una reflexión. El problema del simplismo en la repetida afirmación de que la Pastoral Vocacional es asunto de todos es que por lo general si no hay un proyecto que así lo concrete entonces termina siendo asunto de nadie.
El ejercicio latinoamericano de ver primero la realidad para luego juzgar y actuar nos impide que ofrezcamos una solución concreta que sirva para lo que cada Provincia, viceprovincia o región de la Congregación de la Misión necesita en este campo, sin embargo, nos parece que bajo la sugerencia de peritos como Carlos Silva y del mismo Congreso de Costa Rica existen algunas exigencias estructurales de las nuestra congregación no está exenta.
La congregación debe considerar la invitación del Congreso en cuanto a Crear centros de estudio interdisciplinario y de divulgación intradisciplinaria de la cultura vocacional y sus consecuencias pedagógicas y espirituales[88]Un primer paso de que estamos creyendo en lacultura vocacional es que seamos capaces de liberar cohermanos también para el ministerio de la reflexión y la formación vocacional de los responsables de cada provincia. Cuando se cierran estas puertas por razones de falta de personal habría que preguntarnos: ¿Con el panorama actual de las vocaciones en nuestras provincias qué puede ser más necesario que invertir en este ministerio? ¿Y cuando esos pocos que sostienen nuestras obras ya envejezcan o no puedan continuar en sus servicios?
Para garantizar un proyecto provincial, viceprovincial o regional de Pastoral de las Vocaciones, que como hemos dicho iría de la mano al plan de formación permanente[89], es necesario que especializar en este campo a varios cohermanos, algunos de ellos que se dediquen a tiempo completo este ministerio y otros que apoyen en cada obra ese apostolado. Además solo caminaremos en dirección de cultura vocacional vicentina en la medida en que integremos a los laicos en esta pastoral, no como nuestros colaboradores, sino formando con ellos un verdadero equipo. El Equipo de Pastoral Vocacional Vicentina debe ser una acción de Familia Vicentina más que sólo de la Congregación de la Misión.





Conclusión.


Aunque somos hijos de un carisma maestro en el campo de las vocaciones¸ tenemos que reconocer que después del Concilio y por el cambio de las circunstancias en Europa y América Latina en cuanto a la formación del clero, desde que fuimos dejando los seminarios diocesanos también nos fuimos olvidando de todo lo relacionado al campo de la formación y las vocaciones. A excepción de la Provincia de Colombia, en todo CLAPVI no tenemos mayores intentos de especialización en esta área y eso empobrece nuestro criterio teológico – pastoral en el campo vocacional.
La Congregación de la Misión en Latinoamérica no está en medio de una catástrofe vocacional, nuestras provincias siguen siendo mayormente jóvenes si las comparamos con las provincias europeas, pero la disminución de los candidatos es notable en nuestras casas de formación. Sin embargo, no importa tanto el número como la idoneidad de quienes se acercan a nuestros procesos y las posibilidades que tenemos o no de ayudarles a encontrar su camino, aunque este sea lejos de la Congregación de la Misión.
Los signos de los tiempos nos colocan de frente un desafío que sólo es posible superar con un cambio de mentalidad que nos lleve a desarrollar una sensibilidad en clave de cultura vocacional y esta no lleve a una praxis encarada en la realidad latinoamericana, al mismo tiempo que revitalizadora de nuestra vocación vicentina.
El camino hacia la cultura vocacional nos hace gritar junto al Papa Francisco: ¡No nos dejemos robar el entusiasmo misionero! ¡No nos dejemos robar la alegría evangelizadora! ¡No nos dejemos robar la esperanza! ¡No nos dejemos robar la comunidad! ¡No nos dejemos robar el Evangelio! ¡No nos dejemos robar el ideal del amor fraterno! ¡No nos dejemos robar la fuerza misionera!.. Pero tendríamos también que agregar: ¡No nos dejemos robar la ilusión vocacional!



Expectatio Israel,
Salvator ejus in tempore tribulationis,
propitius de coelo respice,
vide et visita vineam istam,
rivos ejus inebria, multiplica genimina ejus,
et perfice quam plantavit dextra tua.
Messis quidem multa, operarii autem pauci.
Rogamus ergo te Dominum messis,
ut mittas operarios in messem tuam.
Multiplica gentem et magnifica laetitiam
ut aedificentur muri Jerusalem.
Domus tua haec, Domine Deus, domus tua haec:
non sit in ea, quaeso,
lapis quem manus tua santissima non posuerit.
Quos autem vocasti, serva eos in nomine tuo,
et sanctifica eos in veritate.
Amen.

Bibliografía


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  • Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium. (EG)







Documentos de la Congregación de la Misión.

  • Catalogus Provinciarum, Domorum ac Personarum. 2011- 2013.


  • Nuntia, Boletín Oficial de la Congregación de la Misión. Enero 2015.

  • Obras Completas de San Vicente de Paúl. Traducidas al Español entre 1972 y 1986. Editorial CEME. Salamanca.
  • Nota aclaratoria: Las obras de Vicente de Paúl en español se citan con números romanos en tomo y números arábigos la página donde se encuentra el texto.

  • Reglas Comunes de la Congregación de la Misión.

  • Abril- junio 2014.


[1] Cf.  ORCAJO C.M. Antonino y PÉREZ FLORES C.M. Miguel. San Vicente de Paúl II, Espiritualidad y Selección Escritos. BAC, Madrid 1981. pp. 27-29.
[2] Antonino Orcajo conforma, junto con José María Román C.M. y Miguel Pérez Flores C.M., uno de los grandes expositores del vicentinismo del siglo pasado. Las provincias canónicas de la Congregación de la Misión en España fueron quizá las que más impulsaron el estudio serio y profundo de la vida, obra y espiritualidad de San Vicente de Paúl, después de casi tres siglos de escazas investigaciones al respecto.
[3] Hoy conocidas en el mundo como Asociación Internacional de Caridades (AIC).
[4] Cf. XI, 390: Al comienzo, la compañía sólo se ocupaba de sí misma y de los pobres; durante ciertas estaciones, se retiraba a sus casas particulares; durante otras, iba a enseñar a los pobres del campo. Dios permitió que en nosotros sólo se viera esto; pero, cuando llegó la plenitud de los tiempos, nos llamó para que contribuyéramos a formar buenos sacerdotes, a dar buenos pastores a las parroquias y a enseñarles lo que tienen que saber y practicar…
[5] Para los datos numéricos presentes en este apartado nos hemos basado principalmente, aunque no sólo, en: MEZZADRI C.M., Luigi – ROMÁN C.M., José María. Historia de la Congregación de la Misión. Editorial La Milegrosa, Madrid 1992.
[6] XI, 327.
[7] I, 343.
[8] V, 439.
[9] Los vicentinos no usamos el concepto noviciado para identificar que no somos una orden o congregación religiosa sino que el deseo del fundador fue mantenernos como parte del clero secular. Hoy tenemos claridad en nuestra identidad jurídica como Sociedad de Vida Apostólica. Cf. Código de Derecho Canónico 731- 746.
[10] El carácter secular de nuestra congregación parece haber sido el fuerte atractivo de clérigos que decidieron incorporarse a la C.M.
[11] Hay que señalar que no todos los que ingresaban perseveraban, se calcula que nunca se llegó a pasar, al menos durante la vida de Vicente, de los doscientos cincuenta misioneros activos.
[12] MEZZADRI C.M., Luigi – ROMÁN C.M., José María. Historia de la Congregación de la Misión…pp. 340.
[13] Esta carta la escribe Vicente en 1659 al Padre Guillermo Desdames C.M., que se encontraba en Polonia junto con el Padre Duperroy C.M
[14] VII, 519.
[15] VIII, 284 – 285.
[16] Idem.
[17] Como lo dejó plasmado en nuestras Reglas Comunes VIII, 2.
[18] III, 234.
[19] Cf. XI, 55. 216. 590- 593.  762.
[20] ORCAJO C.M., Antonino. Espiritualidad Vicentina: Pastoral Vocacional. Publicado en somos.vicencianos.org , 1995.
[21] De ahí por ejemplo que llamara siempre a la Congregación como la pequeña compañía en analogía a lo que consideraba la gran Compañía de Jesús, y no en vano mandó a uno de los primeros misioneros a vivir el noviciado con los jesuitas para aprender de ellos sus métodos de formación para el Seminario Interno.
[22] VII, 396
[23] Cf. JOSÉ María Román, San Vicente de Paúl (I Biografía), BAC, Madrid, 1981, pp. 543-560.
[24] Revista trimestral que publica la Congragación de la Misión.
[25] Por admitidos entendemos los estudiantes que han vivido ya el Seminario Interno y que se preparan para los votos.
[26] Conferencia Latinoamericana de Provincias Vicentinas.
[27] Entre 1968 y 1986 dejaron la C. M., siguiendo las vías legales, 632 sacerdotes, 42 hermanos y 205 estudiantes. De modo ilegal se fueron de la C. M. 199. En total 1.078 cohermanos con votos. Según las estadísticas presentadas durante la Asamblea General de 1998, entre 1992 y 1997 abandonaron la C. M. 99 cohermanos, una media de 16,5 por año… FERNÁNDEZ HERMOSO DE MENDOZA, C.M. José Ignacio. Estabilidad: Fidelidad en la Evangelización de los Pobres. Publicado en www.somos.vicencianos.org el Martes, 09/08/2011.
[28] Recordemos que la formación inicial incluye de por sí la etapa del proceso vocacional como la primera, lo veremos luego desde el II Congreso Continental de Vocaciones como la etapa del despertar y del discernir, que continúa luego con la del cultivar que se refiere a la formación en el seminario como tal.
[29] Los franceses por ejemplo dejaron su huella en Fortaleza- Brasil y Chile, también estuvieron en Guatemala y El Salvador; los españoles, que fueron la mayoría, llegaron a las Antillas, Venezuela y México, a Costa Rica en cambio, si bien fueron primeros los franceses, la consolidación se da con los Alemanes. Mencionamos estos por hacer notar la diversidad de orígenes europeos de las Provincias de CLAPVI.
[30] En este punto y en todo lo que se refiere a la realidad juvenil nos fundamentamos enCELAM. Civilización del Amor. Proyecto y Misión. Orientaciones para una Pastoral Juvenil Latinoamericana. Bogotá 2013.
[31] El concepto de emergencia y de urgencia vocacional lo entendemos con base en el Congreso de Costa Rica 75.
[32] Entre 1975 y 1987… la principal inquietud del director de vocaciones durante estos años era el reclutamiento de nuevos estudiantes para el programa del seminario… HARVEY C.M, Jeffrey. El Trabajo por las Vocaciones en la Provincia Occidental de los Estados Unidos. Publicado en Vicentina 2001
[33] DA 314.
[34] DA 551
[35] DA 129.
[36] DA 431- 437.
[37] DA 302- 303.
[38] DA 184- 224.
[39] Aunque autores como Carlos Silva optan por seguir hablando de Estado de vida, sobre todo en virtud de que sea inteligible el concepto, en nuestra opinión coincidimos con la posición del P. Emilio LAVANIEGOS en preferir el tecnicismo formas de vida como más adecuada a nuestro contexto teológico. Cf. SILVA GUILLAMA, Carlos Eduardo. Vocación: Don, identidad y misión. Montevideo 2008. / Curso Básico de Pastoral Vocacional. Manual para una Iniciación en la Pastoral Vocacional. Dirigido por LAVANIEGOS Emilio, Sacerdotes Operarios Diocesanos, Centros Vocacionales. México 2014.
[40] SILVA GUILLAMA, Carlos Eduardo. Vocación: Don, identidad y misión. Montevideo 2008. p. 44.
[41] El sembrador vocacional debería sembrar siempre el kerigma vocacional, aquella síntesis esencial del mensaje cristiano en la cual está concentrado el sentido vocacional de la vida, de la vida de todos… CENCINI Amadeo. Pedagogía de las Vocaciones. Conferencia dictada en el II Congreso Continental Latinoamericano de Vocaciones; Cartago, Costa Rica, 3 de febrero, 2011.
[42] Cf. CR 80.
[43] En boga actualmente a propósito del Sínodo de las Familias.
[44] El discipulado y la misión siempre suponen la pertenencia a una comunidad. DA 164.
[45] DA 169 – 170.
[46] A nuestro criterio, en el acompañamiento a las vocaciones, al menos en este sentido, el orden SÍ altera el producto. Nos parece insostenible desde la teología vocacional actual proponer la vocación específica a quien no ha logrado tener nociones mínimas de su vocación cristiana- bautismal en el Iglesia. No sólo se atenta contra el proceso del joven sino que además se corre el riesgo de tener vocaciones poco sólidas y de motivaciones no siempre muy claras en una vocación específica como la nuestra.
[47] Conocemos ya de algunas experiencias en Brasil, México y recientemente se está gestando en algunas diócesis de Centroamérica. En Costa Rica existe desde el 2008 el Proceso Mixto de la COMPVOC, en el que más de veinte promotores vocacionales de distintas formas de vida coordinan un proceso dividido por etapas y pensando desde la teología de la cultura vocacional. En este proceso participan más de cien jóvenes al año.
[48] Cuando hablamos del documento de Costa Rica o las siglas CR estamos entendiendo el II Congreso Continental Latinoamericano de Vocaciones celebrado en Cartago, Costa Rica entre el 30 de enero y el 5 febrero del 2011.
[49] CR 78.
[50] Merece especial atención la etapa de la adolescencia. Los adolescentes no son niños ni son jóvenes. Están en la edad de la búsqueda de su propia identidad, de independencia frente a sus padres, de descubrimiento del grupo. En esta edad, fácilmente pueden ser víctimas de falsos líderes constituyendo pandillas. Es necesario impulsar la pastoral de los adolescentes, con sus propias características, que garantice su perseverancia y el crecimiento en la fe. El adolescente busca una experiencia de amistad con Jesús. DA 445.
[51] La V Conferencia de Aparecida nos recuerda, por una parte, que en virtud de nuestro bautismo hemos sido llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo; y, por otra, que, a pesar de ello, escasean las vocaciones al ministerio ordenado y a la vida consagrada. A partir de esta doble premisa nos propone una definición de la pastoral vocacional en dos dimensiones complementarias: particular, como aquella que “acompaña cuidadosamente a todos los que el Señor llama a servir a la Iglesia en el sacerdocio, en la vida consagrada o en el estado laical”; general, como aquella cuya finalidad es ayudar a “descubrir el sentido de la vida y el proyecto que Dios tiene para cada uno, acompañándolo en su proceso de discernimiento”. CR 17.
[52] CR 76.
[53] CR 75. Confróntese también CENCINI Amadeo. Pedagogía de las Vocaciones. Conferencia dictada en el II Congreso Continental Latinoamericano de Vocaciones; Cartago, Costa Rica, 3 de febrero, 2011
[54] XI, 301-302
[55] En el despertar del joven para la vocacionalidad está todo lo que significa ser un buen acompañante y un feliz acompañado… Con postura hay instrumentos pedagógicos que pueden ayudar mucho en este proceso. Resaltamos dos: la revisión de vida y de práctica y la elaboración del proyecto de vida… DICK, Hilario. Como Presentar a los Jóvenes hoy la Vocación. Publicado en Revista Seminarios No.  177, Vol. 51. 2005. pp. 396-378.
[56] Los Acompañamientos Vocacionales personalizados, que preferimos no llamar entrevistas por lo inadecuado del concepto, deben también estar sistematizados con objetivos por etapas del proceso y líneas temáticas dentro de las mismas, aunque salvaguardando la libertad del joven que hacer variar los contenidos desde su realidad. Tener una herramienta sistemática de acompañamientos nos ayuda a no caer en el papel de simples consejeros vocacionales pero sobre todo aplicar el método de ver-juzgar- actuar con el joven nos da una dinámica más ajustada a su realidad.
[57] Quienes han logrado entrar en esta nueva forma de llevar los procesos vocacionales hoy testifican que si antes llegaban a las órdenes el 30% de los candidatos, hoy por el contrario llegan el 70% al final de la formación inicial y muestran solidez durante los primeros años de su ministerio.
[58] Conocemos al menos unas tres versiones de traducción en los países hispanos de CLAPVI, algunas de ellas, sin quitar el mérito de los traductores, con notables cambios que pierden contenido teológico respecto a la original latina.
[59] CR1. Hay que destacar la enorme participación de los laicos que tuvo Costa Rica en comparación con Itací, y el hecho de que los tres cardenales presidentes del Congreso esta vez no fueron enviados por la Curia Romana, sino nombrados por el mismo CELAM.
[60] CR 6.
[61] Es oportuno tomar en cuenta que entre los ocho miembros de la comisión redactora se encontraba el cohermano vicentino y biblista Gabriel Naranjo C.M. de la Provincia de Colombia.
[62] CR 21.
[63] CR 85.
[64] CR 75b y CENCINI Amadeo. Pedagogía de las Vocaciones. Conferencia dictada en el II Congreso Continental Latinoamericano de Vocaciones; Cartago, Costa Rica, 3 de febrero, 2011.

[65] CR 52.
[66] CR 53.
[67] Idem.
[68] CR 75.
[69] CR 76.
[70] CR 76.
[71] Una vez más valga la aclaración que los procesos son siempre personalizados, estamos tratando de dar luces y criterios, no de cuadricular una fábrica de vocaciones como si los jóvenes fueran una producto material. Lo que ciertamente es vicioso es la pretensión de omitir todo criterio teológico- pastoral al respecto en pro de lo que erróneamente se entiende como procesos personalizados.
[72] Correctamente entendida la emergencia vocacional como lo hemos explicado más arriba a la luz del Congreso, de no entenderse así habría que distinguir por números, cuando ese no ha sido nuestro interés.
[73] CR 55.
[74] CR 85.
[75] El Animador Vocacional no es sólo un infatigable promotor de actividades, organizador de cursillos y frenético trotamundos, sino que debe ser, ante todo, una persona integrada que trata incesantemente de lograr una síntesis entre su humanidad y su consagración, y que, por lo mismo, sabe ofrecer una propuesta personal y creativa, articulada en las tres directrices de la misión, del martirio y de la profecía, es decir una propuesta vigorosa y actual… CENCINI Amadeo.Vocaciones: de la Nostalgia a la Profecía. Salamanca 2007. pp. 140- 141.
[76] Las necesidades nos ayudan a encontrar respuestas de raíz y no solo que calmen la situación de momento, como se da con las urgencias.
[77] Un Equipo necesariamente coordinado por un cohermano al menos, en un trabajo hombro a hombro con otros miembros de la Familia Vicentina, particularmente con las Hijas de la Caridad, y en un apostolado que como dijimos páginas más arriba, sea verdaderamente de Iglesia.
[78] DA 314.
[79] Cf. CR. 78. 81. 109. La expresión vocacionalizar las pastorales, sin embargo, tiene su origen en Orientaciones para la Pastoral de las Vocaciones. DEVYM-CEU, Montevideo 1989.
[80] Animación vocacional y formación permanente son dos realidades históricas fruto de una misma evolución vital, una no puede existir sin la otra… CENCINI Amadeo. Vocaciones: de la Nostalgia a la Profecía. Salamanca 2007. p. 52.
[81] CR 75b y CENCINI Amadeo. Pedagogía de las Vocaciones. Conferencia dictada en el II Congreso Continental Latinoamericano de Vocaciones; Cartago, Costa Rica, 3 de febrero, 2011.
[82] Esta frase es literal de un joven que hace algunos años así llamó la propuesta de la Pastoral Vocacional Vicentina. Valga informar que ese mismo joven está hoy día plenamente comprometido en el Equipo de Pastoral Vocacional Vicentina de Costa Rica.
[83] EG 14.
[84] Quos autem vocasti, serva eos in nomine tuo, et sanctifica eos in veritate…
[85] CR 76 d.
[86] CR 128- 130.
[87] CENCINI, Amadeo. Vocaciones: De la Nostalgia a la Profecía. Salamanca 2007. pp. 51-52.
[88] CR 82. Cf. SILVA GUILLAMA, Carlos Eduardo. Vocación: Don, identidad y misión. Montevideo 2008. pp. 42-43.
[89] Cf. CENCINI Amadeo. Vocaciones: De la Nostalgia a la Profecía. Salamanca 2007.

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