FICHA DE SEGUIMIENTO VOCACIONAL CONGREGACIÓN DE LA MISIÓN.

Hola a Todos nuestros Amigos:


Debido al número de personas que nos escriben para empezar seguimiento vocacional con la Congregación de la Misión de la Provincia de Colombia, queremos ofrecerte este espacio para comentar sobre inquietudes y aspectos en los que quieras profundizar, ya sea sobre el carisma o sobre nuestro fundador San Vicente de Paúl. Recuerda que Corazón de Paúl tiene este espacio para conocer sobre los Santos Vicentinos, las Casas de la Provincia, numerosos albunes fotográficos para conocer las casas y los misioneros vicentinos que viven en ella. 

Puedes también descargar el siguiente Formulario. recuerda que también existe una pestaña que se llama VOCACIÓN encuentras más material de información. 

Remite tus inquietudes al correo: corazondepaul@gmail.com




Oremos con Jesús por tu Vocación:
Señor, entre tantos jóvenes que había donde yo vivía, sólo en mi corazón sembraste la inquietud de consagración a través del sacerdocio. 

Consciente de mis pobrezas y mis debilidades, aquí estoy para hacer tu voluntad, crucé las puertas del seminario, y atrás quedaron las mil cosas que pretendía hacer y ser; y ahora tengo en frente lo único que tú quieres que yo sea, tú sacerdote.


Sé que no me faltará tu gracia como no me faltarán las dificultades. Sé que no me faltará tu providencia como no me faltarán las inquietudes. 
Aquí estoy Señor, Aquí estoy.








PERFIL DEL SEMINARISTA

“Quien quiera ser sacerdote debe ser sobre todo «hombre de Dios», como lo describe San Pablo (1 Tm 6,11)” CS 1.
2.     El aspirante al sacerdocio reconoce que, por ser bautizado, está llamado a la santidad (Cf. Lv 11,44-45; DA: Discurso Inaugural), a configurar su vida con Cristo, para transparentarlo ante el mundo. Por lo mismo, sabe que debe marchar en un proceso que le ayude a adquirir progresivamente los rasgos que identifican al verdadero discípulo misionero de Jesús. Los principales de tales rasgos son:
3.     Una vida espiritual intensa, que se cimienta en el encuentro personal con Jesucristo, que se alimenta y se expresa en la vivencia de los Sacramentos, especialmente la Eucaristía y la Reconciliación, en una asidua oración personal y comunitaria, en un amor tierno y ferviente a la Santísima Virgen María, en una asimilación progresiva de la sagrada liturgia.
4.     Un profundo sentido de pertenencia a la Iglesia universal y particular, que se proyecta en el respeto y la adhesión filial a los legítimos pastores y en la fidelidad irrestricta al Magisterio.
5. Un hondo sentido de comunión y caridad, proyectado en la vida fraterna, en la capacidad de aceptación y de perdón, en la actitud permanente de servicio desinteresado, en la apertura al otro, en la disponibilidad para la corrección fraterna.
6.     Hondo y sincero deseo de conocer y amar a su Señor, para llevarlo y anunciarlo al mundo, haciendo realidad el amor y el servicio entre los más necesitados; y por eso, una entrega sin tasa ni mezquindad en el apostolado
7.     Madurez afectiva y estabilidad sicológica, que permitan relaciones interpersonales equilibradas y maduras, que ayuden a asumir con serenidad y lucidez la propia sexualidad, y preparen para tomar con alegría, como una opción de amor, el celibato por el Reino de los Cielos, y que, junto a la sana relación con la propia familia, se conviertan en el espacio en que se sitúan las renuncias gozosas que supone el seguimiento de Cristo.
8.     Capacidad de pensamiento y análisis crítico, analítico, investigativo, que permita discernir y filtrar con claridad ideologías y doctrinas, capacite para asimilar en profundidad la sana filosofía y las enseñanzas dogmáticas, y capacite para de entrar en diálogo con el hombre de hoy. (Cf. 1 Pe 3,15)
9.     Una clara consciencia de la necesidad de la formación permanente; amor al estudio de la teología y de todas las ciencias eclesiásticas, y deseo de permanente actualización. “Sin la Iglesia que cree, la teología deja de ser ella misma y se convierte en un conjunto de disciplinas diversas, sin unidad interior”. CS 5
10. Capacidad de abrazar con alegría las exigencias de la ascesis cristiana, de una vida pobre y obediente, de una disciplina exigente, como camino de superación y crecimiento personal.
11. Un sano y claro humanismo, manifestado en virtudes tales como la prudencia, la lealtad, el respeto a la verdad, la fidelidad a la palabra empeñada, la sinceridad, el amor a la justicia, la gratitud, el amor y respeto a la naturaleza como obra de Dios, los buenos modales, el amor patrio y el sentido cívico, el aprecio por las auténticas manifestaciones de la cultura, la rectitud y el rechazo sin vacilaciones de todo lo que sea deshonesto.