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jueves, 5 de diciembre de 2013

LITURGIA DE LAS HORAS DE LOS MÁRTIRES FRANCESES

LITURGIA DE LAS HORAS DE LOS MÁRTIRES FRANCESES
DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA. 

  
OFICIO DE LECTURA

Común de Mártires.

SEGUNDA LECTURA

De las “Conferencias Espirituales” de  San Vicente de Paúl
(Conferencias a los misioneros, XI, 429-441)

Busquen ante todo el Reino de Dios

         Así pues, se dice que hay que buscar el Reino de Dios. Eso de buscarlo no es más que una palabra, pero me parece que dice muchas cosas; quiere decir que hemos de obrar de tal forma que aspiremos siempre a lo que nos recomienda, que trabajemos incesantemente por el Reino de Dios, sin quedarnos en una situación cómoda, y parados sin prestar atención a su interior para arreglarlo bien, pero no a su exterior para dedicarnos a él. Busquen, busquen, esto dice, preocupación, esto dice acción. Busquen a Dios en ustedes, ya que San Agustín confiesa que, mientras lo andaba buscando fuera de él, no pudo encontrarlo; búsquenlo en su alma, como en su morada predilecta; es en el fondo donde sus servidores, que procuran practicar todas las virtudes, las establecen. Se necesita la vida interior, hay que procurarla; si falta, falta  todo.
         Procuremos, hermanos míos, hacernos interiores, hacer que Jesucristo reine en nosotros; busquemos, salgamos de ese estado de tibieza y de disipación, de esa situación secular y profana, que hace que nos ocupemos de los objetos que nos muestran los sentidos, sin pensar en el creador que los ha hecho, sin hacer oración para desprenderse de los bienes de la tierra.
         Busquemos la gloria de  Dios, busquemos el reino de Jesucristo. Miren, se presenta la ocasión de que los enfermos le den a Dios parte de sus enfermedades; tienen que hacerlo. Hermanos míos, es propio del reino de Dios preferir el alma al cuerpo, el honor de Dios al del mundo. Bebamos el cáliz, abracemos laconfusión, con la confianza de que todo vendrá en provecho nuestro. En fin, hay que decidirse, como el apóstol, a escoger los tormentos, y la misma muerte, antes que separarse de la caridad de Dios. Quizás se presente la ocasión de seguir a Jesucristo y sufrir la prisión, la tortura, el fuego, el martirio; ¡benditas ocasiones, que nos ofrecen el medio de hacer que reine, soberanamente el Hijo de Dios!   Entreguémonos a él, hermanos míos, se los pido por su santo nombre, para que nos conceda la gracia de preferir las penas  y la muerte al peligro tremendo de perder su amor; tal debe ser nuestra decisión desde ahora. Sí, Dios mío, sí padres, si se presenta la ocasión de perder el honor, los placeres y la vida para que Jesucristo sea conocido y servido, viviendo y reinando por doquier, hemos de estar dispuestos por su misericordia.    
         Hagámosle, púes, de antemano este ofrecimiento, aunque la naturaleza sienta alguna repugnancia; tengamos la confianza de que Dios nos dará fortaleza cuando la necesitemos. «Los envío como corderos en medio de lobos», decía nuestro Señor a sus apóstoles, Él no quería que pensasen en la respuesta que habrían de dar a los príncipes y a los tiranos: «porque entonces, les decía, se les dirá lo que tienen que decir». No duden, hermanos míos, de que así ocurrirá con ustedes en ocasiones semejantes, cuando tengan que hablar y sufrir como perfectos cristianos. Dejémosle obrar a él y no pensemos más que en su amorosa y santa voluntad.     


RESPONSORIO BREVE                                S. Cipriano, carta 58

R/ Dios nos contempla, Cristo y sus ángeles nos miran, mientras luchamos por la fe *¡Que dignidad tan grande, que felicidad tan plena es luchar bajo la mirada de Dios y ser coronados por Cristo!

V/ Revistámonos de fuerza y preparémonos para la lucha con un Espíritu indoblegable, con una fe sincera, con una total entrega. *¡Qué dignidad¡






ORACIÓN

Señor Dios nuestro, que  uniste  a los bienaventurados  mártires Luís José    François, Juan Enrique Gruyer, Nicolás Colin, Juan Carlos Carón y Pedro       Renato Rogue, por el amor a tu  Iglesia y los fortaleciste con invicta constancia en la proclamación de tu libertad; concédenos que los que nos alegramos en la        celebración de su martirio aprendamos a amar a la Iglesia como a una madre y anunciemos siempre con evangélica firmeza la palabra de la verdad y la justicia. Por Nuestro Señor.

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