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domingo, 1 de febrero de 2015

MÁRTIRES DE ANGERS

     MÁRTIRES DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA                                    EN ANGERS
Beatas Ma. Ana Vaillot y Odilia Baumgarten



El sábado primero de febrero de 1794, en el pequeño pueblo de Angers, Francia, dos Hijas de la Caridad: sor María Ana Vaillot y Sor Odilia Baumgarten, van en un largo convoy. Son 398 personas, mujeres en su mayoría. Van atadas de dos en dos a una cuerda central y custodiadas por gendarmes. Avanzan hacia el campo donde serán ejecutadas. ¡Conozcamos esta historia!

En 1639 se establecen las Hijas de la Caridad en el Hospital de Angers. En 1792, al proclamarse la República de Francia, la Superiora General da a conocer a la Compañía el decreto de supresión de todas las corporaciones eclesiásticas. Encomendaba a las hermanas “No abandonen el servicio de los pobres si no se ven forzadas a hacerlo...

para poder continuar el servicio de los pobres préstense ustedes a todo lo que, honradamente, se les pueda exigir en las presentes circunstancias, con tal que no haya en ello nada contra la religión, la iglesia y la conciencia”.
En septiembre de este mismo año el rigor de la persecución se va a hacer presente en el Hospital de Angers. La finalidad era que las hermanas prestaran el juramento de obediencia a una nueva organización civil en donde la Iglesia pasó a depender del Estado.

El alcalde del ayuntamiento informa que las Hermanas harían el juramente pero que se los impide la influencia de tres de ellas: Sor Antoniette , superiora, María Ana y Odilia. La conclusión es inmediata: “serán arrestadas inmediatamente”. Esto ocurre el domingo 19 de enero de 1794. Dos días después soltaron a Sor Antoniette . La razón era que “se había decidido sacrificar a Sor María Ana y a Sor Odilia pensando así impresionar a la Superiora y a las demás que habían rehusado prestar el juramento”.

El 21 de enero las dos Hermanas comparecen ante el juez quien decreta que serían fusiladas. Ellas prefirieron morir antes que hacer algo en contra de su conciencia. El 1º. de febrero el comisario de la prisión se presentó con una lista en la mano y empezó a llamar a las víctimas quienes iniciaron la marcha hacia el lugar de la ejecución. Sor Odilia mostró miedo al salir de la prisión, apoyándose en el brazo de Sor María Ana se sintió fortalecida por la firmeza de su Hermana.

Los condenados avanzaron los 3 kilómetros hasta el lugar de la ejecución cantando cánticos y salmos. Las hermanas se animaban y fortalecían mutuamente y también a los que con ellas iban a morir por la fe. El numeroso grupo se alineó a lo largo de las fosas. Al ser reconocidas por los que con ellas sufrirían el martirio se elevó un clamor: pedían gracia para las Hermanas.

El hombre responsable de la ejecución se siente impulsado a salvar a las Hermanas: Ustedes han prestad servicio a la humanidad, les dice, ¿quieren dejar de hacer las buenas obras que siempre han hecho? No hagan el juramento y yo me comprometo a decir que lo han hecho. Sor María Ana se encargó de dar la respuesta: “No solamente no queremos hacer el juramento, ni siquiera queremos que se crea que lo hemos hecho”. Se dio entonces la orden de disparar.

Sor María Ana no cayó a la primera descarga, únicamente se rompió el brazo. Pudo entonces sostener a Sor Odilia, inanimada y sangrando, mientras llegaba su hora.

Con su muerte ellas expresaron cómo era su vida. Lo atestiguado con su sangre lo venían atestiguando con su fe y su acción. Al morir proclaman a quién habían servido durante la vida. Nos dicen algo muy sencillo: Que ser cristiano es seguir a Jesús y seguir a Jesús es acompañarlo cargando su cruz diariamente.

El 19 de febrero de 1984 Juan Pablo II beatificó a sor María Ana y a Sor Odilia, junto con otros 97 compañeros que dieron su vida en fidelidad a Cristo y a la Iglesia

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